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| Busto de Nefertiti |
En 1912 el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt “descubrió” en Tell al Amarna, una de las ciudades residenciales del faraón Ajenatón (también conocido como Akenaton), un busto de unos 3.300 años de antigüedad, que después se supo era el de Nefertiti, quien era la esposa del faraón Ajenatón. La obra, de bellos colores, fue ejecutada por el escultor Tutmosis.
Borchardt en aquella época consiguió el busto engañando a las autoridades de Egipto, que para aquel entonces no era muy difícil. Conocedor del inmenso valor arqueológico y económico de la obra de arte, Borchardt quiso asegurarse de que fuese a Alemania a como diera lugar. Para ello se valió de toda clase de artimañas. La historia asquerosa es que ahora el gobierno alemán niega que se hiciera cualquier maniobra de engaño.
En Alemania no es extraño que esto ocurra. Hitler saqueó tesoros artísticos por toda Europa, principalmente en Rusia y después las autoridades “se hacían los paisas”, como dicen en Colombia, para no devolver a sus legítimos propietarios tales obras de arte. En el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania se considera que el busto es una “propiedad legal de la Fundación Preussischer Kulturbesitz” y por ello no debe ser devuelta a Egipto.
Hay que celebrar que ahora el gobierno de Egipto haya exigido oficialmente la devolución del busto de Nefertiti, que se ha convertido en la "joya de la corona" del Nuevo Museo de Berlín.