“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

19/12/12

Reinterpretación fenomenológica del modelo de la experiencia: Pensando a lo McLuhan

Laureano Ralón & Marcelo Vieta

El artículo se basa en la idea de que Marshall McLuhan se encuentra ‘más allá de las categorías’, en el sentido de que su pensamiento, al igual que la comunicación de medios que él trató de comprender, fluye de una manera constante. Los intentos de reducir los múltiples significados de la memorable obra de Mcluhan en un mensaje o en un texto explícito, bien adjudicándole etiquetas preconcebidas como la de determinismo tecnológico o rindiendo pleitesía sin sentido crítico a una acumulación de contribuciones momificadas, están condenados a fracasar si tienen como finalidad desarrollar su pensamiento de una forma constructiva y significativa

Tal como sostiene Paul Grosswiler (1998), el proceso de ‘transformación de McLuhan’ debe partir del conocimiento (know-how) y no debe ser visto como una mera contemplación de un contenido teórico, lógico y autónomo. McLuhan era un filósofo ‘sosegado’ cuyo trabajo ha sido caracterizado como un ‘kit de creatividad de estilo hágalo usted mismo’ que requiere un ‘pensamiento propio (U-think) para mover las ideas’ en el que ‘el lector debe cumplir su tarea de cerrar el círculo (Theall 1971, en Gow 2004: 186). En consecuencia, McLuhan debe ser observado con curiosidad a través de una asignación auténtica de las posibilidades inherentes a su trabajo. Pensar McLuhanísticamente, en definitiva, tratando su trabajo en sus propios términos.

Hace diez años, el profesor Joshua Meyrowitz impartió una conferencia en la inauguración de la convención de 2001 de la Asociación de Ecología Mediática. En su charla dijo que, siendo McLuhan demasiado rico para abandonarlo o eludirlo, debemos hacer más que simplemente idolatrarlo. En estilo shakespeariano, Meyrowitz declaró “vengan y ayuden a desenterrar a McLuhan para alabarlo. Pero también quiero continuar con su legado e ir más allá de McLuhan —en parte con su ayuda. Quiero ver a McLuhan hacerse, en su propios términos, más ‘obsolescente’ (Meyrowitz, 2001:8). Con ‘ir más allá’ de McLuhan y hacer que sea más ‘obsolescente’, Meyrowitz no quería decir que fuera necesario abandonar McLuhan, como recientemente se ha propuesto (Dunbar—Hester 2010); sino que defendía su ‘recuperación’ potencial en una nueva forma como el mismo McLuhan proclamó en Las Leyes de los Medios de Comunicación: La Nueva Ciencia (Laws of Media: The New Science, McLuhan y McLuhan 1988). Meyrowitz se refería a ir más allá de McLuhan a través de un proceso que él llamó metamorfosis2. Su enfoque sintético –fusión entre McLuhan y otros autores— es ciertamente convincente. Sin embargo, 28 años después de su muerte y cien años después de su nacimiento, el proyecto todavía no ha visto la luz. De hecho, los intentos de conectar la teoría de medios de McLuhan con otras filosofías humanas o mediáticas se han visto truncados por la obviedad de que no se puede ir más allá de algo que no se ha comprendido debidamente.
El trabajo de McLuhan, como se muestra con humor en la película de Woody Allen Annie Hall, en cierto modo ha sido víctima de dicha incomprensión a lo largo de los años. Creemos que los intentos de comprender a McLuhan han caído en saco roto porque se han centrado fundamentalmente en tratar de reducir y asimilar su mensaje bajo la rúbrica de varias etiquetas preconcebidas (especialmente, la infame idea de que McLuhan es un ‘determinista tecnológico’) a pesar de que su obra es resistente a categorizaciones indiscriminadas (Marchand 1989; Gordon 1997; Ralón 2009a)3. Por otro lado, concurre al mismo tiempo una tendencia a ‘idolatrar su trabajo’ sin el menor sentido crítico (Meyrowitz 2001: 15). La afirmación de la revista Wired en 1993 diciendo que McLuhan era su “santo patrón” no es sino uno de los ejemplos más paradigmáticos de dicha idolatría (Schachtman 2002).