Sin embargo, el “Imperio del medio” sigue siendo un Estado
‘emergente’, con gigantescas bolsas de pobreza en diversas zonas del interior y
con un Producto Interior Bruto por habitante (PIB/per capita, en 2013) de apenas 6.800 dólares, semejante al de, por
ejemplo, Namibia, República Dominicana o Perú; muy inferior al de, por ejemplo,
España (30.000 dólares), Francia (42.000) o Estados Unidos (53.000). Pero su
masa demográfica es tan enorme (casi mil quinientos millones de habitantes) que
su peso económico global está alcanzando niveles inauditos. De hecho, desde
diciembre de 2014, en términos de poder adquisitivo global de su población,
China es ya la primera potencia económica del planeta. Su economía representa
el 16,5% de la economía mundial, frente al 16,3% de Estados Unidos que ocupaba
ese puesto de “primera potencia económica” desde 1872.
“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell
2/5/15
China, megapotencia financiera
Ignacio Ramonet |
Contrariamente a lo que muchos piensan, China se halla aún lejos de
representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue
ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta. Tanto en el
dominio militar (fundamental) como en varios otros sectores determinantes, en
particular el tecnológico (Internet) y el soft power (cultura de masas). Lo cual no significa que China
no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la
historia, ningún país creció tanto en tan poco tiempo.
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