Están entrelazados los intereses de las grandes potencias, con Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e Israel a la cabeza. Es una guerra amplia por la recolonización, con la destrucción de las unidades nacionales. Más no es una guerra mundial, que presente una conflagración armada entre las potencias, aunque puede ir en esa dirección. En lo que sí estamos hace rato es en una guerra mundial mediática.
Uno de los componentes centrales del capitalismo contemporáneo es el enorme acrecentamiento de la industria militar, con el consiguiente fortalecimiento de las fuerzas armadas nacionales, especialmente de Estados Unidos, que mantiene bases militares en varios países del mundo, igual que los pactos militares como la OTAN. Además, el arsenal nuclear se ha incrementado y los planes guerreristas se fraguan constantemente. Esta realidad estructural incoa las guerras por doquier. En el mercado de armas, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Israel, Rusia, por nombrar los principales, son grandes proveedores de armamento. El comercio de armas, el legal y el ilegal, constituye un elemento principal de las finanzas capitalistas, una fuente de acumulación, que en coyunturas de recesión y de guerras se incrementa.
Frente a esto hay unas resistencias de todo
orden, incluyendo la lucha armada anticolonial como en Palestina.
El accionar de Al Qaeda y el Estado Islámico con
su califato ha configurado circunstancias en extremo complejas y confusas en el
medio oriente. Si bien son organizaciones que están dividiendo a Siria e Irak
con masacres, y donde aparece de tanto en tanto la mano larga de la CIA, el
Pentágono y Arabia Saudita -este último Estado, que junto a Israel constituyen
los enclaves de las potencias-, estos movimientos no son solo ni simplemente
terroristas. Pueden expresar y se alimentan del anticolonialismo en forma de
radicalismo extremo, desesperado, con ropajes religiosos, culturales y
nacionales, aunque de manera deformada.
Todo indica que el terrorismo se está
generalizando, desde el 11 de septiembre de 2001 hasta hoy, abarcando distintos
continentes y países, incluyendo el que se ejerce contra las comunidades negras
y religiosas por parte de fundamentalistas y racistas en Estados Unidos. El
terrorismo es un actor central del momento político mundial.
A su vez, el recambio que las grandes potencias
impusieron de gobiernos nacionalistas autoritarios, como el de Muamar el Gadafi
en Libia y Sadam Husein en Irak, fracasó, pero también en Afganistán.
Fraccionaron estos países, echaron atrás las conquistas nacionales y sociales,
ocuparon militarmente y saquearon la economía. Barbarizaron. Lograron un nuevo reparto
y recolonización geopolítica de los espacios productivos y mercantiles. Se
trata de imperios en acción, con imperialismos actualizados e integrados
financieramente.
En Europa, Asia y Nuestra América la lucha de
clases se agudiza, y se complejiza en la crisis social articulada a la crisis
económica, cultural y ambiental. La lucha de clases internacional es el rasgo
más decisivo de la situación histórica. Hay que señalar que siendo desigual,
con alzas y reflujos, está expresando la resistencia, el malestar
anticapitalista y el ánimo de confrontación a los centros del imperialismo
moderno. Las juventudes y mujeres aparecen con creatividad y arrojo por
doquier.
La crisis económica, también internacional,
donde Europa ha sido el epicentro desde el 2009, con Estados Unidos en
recuperación vacilante, se entrelaza y es un obstáculo, al trasladar miseria y
pauperización a los trabajadores de todos los continentes y países, y va
articulada a la crisis ambiental, donde el capitalismo como civilización exhibe
su potencia destructiva. Crece la conciencia ambiental y el repudio moral a la
destrucción ecológica, y las luchas se articulan con lo social y anti
multinacional.
La crisis Griega debe generar una amplia
movilización de todos los trabajadores en Europa, que desemboque en una huelga
general. El agravamiento de la situación y la incertidumbre de su desarrollo
ponen al orden del día este acontecimiento. Lo que buscan el Fondo Monetario
Internacional, la banca europea y los grandes acreedores con los banqueros
alemanes a la cabeza, es estrangular la vida social de los griegos,
imponiéndoles sus medidas de choque, pretendiendo la caída del gobierno del
primer ministro Alexis Tsipras y su partido Syriza, que buscan alternativas
dignas y sensatas frente a la crisis. El internacionalismo de los financistas
tiene repercusiones económicas de tipo monetario en Europa y desafía el
internacionalismo solidario. La situación Griega es Europea y la
responsabilidad no está en los once millones de habitantes.
El resultado de la consulta ciudadana dio un amplio respaldo a la política del gobierno griego, expresando así un rechazo al chantaje de los buitres financieros. En América Latina se agudiza la desaceleración económica por la caída de los precios del petróleo, las materias primas y otras exportaciones. El enfrentamiento entre reforma y contrarreforma está al orden del día en Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Brasil. La derecha internacional intentó, y lo sigue haciendo, golpes de Estado en Ecuador, Venezuela y Bolivia. Lo logró en Honduras y Paraguay. Asimismo, se asiste a resistencias y luchas contra la ofensiva neocolonial en el continente entero. Es un momento decisivo para Nuestra América.
El resultado de la consulta ciudadana dio un amplio respaldo a la política del gobierno griego, expresando así un rechazo al chantaje de los buitres financieros. En América Latina se agudiza la desaceleración económica por la caída de los precios del petróleo, las materias primas y otras exportaciones. El enfrentamiento entre reforma y contrarreforma está al orden del día en Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Brasil. La derecha internacional intentó, y lo sigue haciendo, golpes de Estado en Ecuador, Venezuela y Bolivia. Lo logró en Honduras y Paraguay. Asimismo, se asiste a resistencias y luchas contra la ofensiva neocolonial en el continente entero. Es un momento decisivo para Nuestra América.
En Colombia continúa el proceso de guerra FARC,
ELN y el Estado, al igual que el proceso de paz con las FARC. La guerra entre
los insurgentes y el establecimiento dominante se desarrolla en una historia
compleja de ciclos, espirales y distintas violencias que se interrelacionan y
se retroalimentan. El trasfondo es una sociedad fragmentada clasistamente y una
democracia amputada. Los de abajo resisten: campesinos, trabajadores,
indígenas, estudiantes, pobladores, clase popular de la que hablo Camilo Torres
Restrepo.
El asunto es que todas estas luchas carecen de
una dirección y un programa que guíe la movilización hacia la transición
postcapitalista, una entrada liberadora al socialismo.
Ricardo Sánchez Ángel es doctor en Historia y profesor Universidad Nacional de Colombia
Ricardo Sánchez Ángel es doctor en Historia y profesor Universidad Nacional de Colombia