“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

20/3/14

Por una sociología pública

Michael Burawoy  |  En respuesta a la creciente separación entre el ethos sociológico y el mundo que estudiamos, el desafío para la sociología pública son las diferentes formas en las que comprometerse con sus públicos. Estas sociologías públicas no deberían estar en los márgenes sino que deberían formar parte del marco de trabajo de nuestra disciplina. De esta manera haremos de la sociología pública una empresa legítima y visible y, por ende, reforzaremos en todo su conjunto a nuestra disciplina. Según esto, si observamos la división del trabajo sociológico, descubriremos una interdependencia antagónica entre cuatro tipos de conocimiento, a saber: profesional, crítico, práctico y público. En el mejor de los mundos posibles, el florecimiento de cada uno de los tipos de sociología es condición fundamental para el florecimiento de todos ellos, A pesar de que puedan asumir formas patológicas o ser víctimas de exclusiones o subordinaciones. Este campo de poder nos impulsa a explorar las relaciones entre los cuatro tipos de sociología según su transformación histórica y nacional, así como la manera en que permiten carreras individuales divergentes. Por último, la comparación entre disciplinas apunta al cordón umbilical que conecta la sociología con el mundo de los públicos, subrayando el interés particular de la sociología en la defensa de la sociedad
civil afectada por la acción de los mercados y Estados. 
“Y éste deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. El huracán le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.” | Walter Benjamin (1968), Illuminations: Essays and Reflections [Tesis de Filosofía de la Historia]
Walter Benjamin escribió su famosa novena tesis sobre la filosofía de la historia al tiempo que el ejército nazi llegaba a su querido París, santuario sagrado de la promesa de civilización. Retrata esta promesa en la figura trágica del ángel de la historia, luchando en vano contra la larga marcha de la civilización hacia la destrucción. Para Benjamin, en 1940 el futuro nunca había parecido tan oscuro para todo el mundo: la deriva del capitalismo en fascismo a la vez que la deriva del socialismo en estalinismo. En los albores del siglo XXI aunque el comunismo se ha disuelto y el fascismo es un mal recuerdo, las ruinas siguen creciendo hasta el cielo: el capitalismo descontrolado alimenta la tiranía del mercado, se producen incontables desigualdades a escala global, la democracia resurgente se está convirtiendo en un delgado velo que oculta los intereses de los poderosos, pérdida de derechos, aumento de la mentira y de la violencia. De nuevo, el ángel de la historia está atrapado por un huracán, un huracán terrorista sopla desde el Paraíso.

En sus inicios la sociología aspiraba a ser como el ángel de la historia, buscar orden en los fragmentos rotos de la modernidad, tratar de salvar la promesa de progreso. Así, Karl Marx recuperó al socialismo de la alienación, Emile Durkheim redimió la solidaridad orgánica de la anomia y del egoísmo, Max Weber, a pesar de las premoniciones de «una noche polar de helada oscuridad», pudo descubrir la libertad en la racionalización y extraer el significado del desencantamiento.

En este lado del Atlántico, W.E.B. Du Bois encabezó el pan-africanismo como reacción al racismo y al imperialismo, mientras que Jane Addams trató de buscar la paz en las mismas mandíbulas de la guerra. Pero entonces el huracán del progreso se enredó en las alas de la sociología. Si nuestros predecesores trataron de cambiar el mundo nosotros al contrario hemos tratado de conservarlo en demasiadas ocasiones. En la lucha por un lugar en el olimpo académico, la sociología ha desarrollado su propio conocimiento especializado: la brillante y lúcida erudición de Robert Merton (1949), el arcano e ingente diseño de Talcott Parsons (1937, 1951), los primeros tratamientos estadísticos de la movilidad y estratificación que culminaron en el trabajo de Peter Blau y Otis Dudley Duncan (1967). En su revisión de los años cincuenta, Seymour Martin Lipset y Neil Smelser (1961: 1-8) declararon triunfalmente que la prehistoria moral de la sociología había concluido y que el camino hacia la ciencia estaba despejado. No era la primera vez que la visiones coetáneas habían calado en la elite profesional de la sociología. Ya con anterioridad se había experimentado este anhelo de lograr una «ciencia pura» sociológica. Pocos años después, los campus universitarios —especialmente aquellos en los que la sociología estaba más arraigada— estallaron en protestas políticas en favor de la libertad de expresión, de los derechos civiles y de la paz y acusaron a la sociología de pactista y de acoger acríticamente la ciencia. El ángel de la historia una vez más había sido arrastrado por el huracán.

La dialéctica del progreso gobierna nuestras carreras individuales así como nuestra disciplina. La pasión primigenia de la sociología por la justicia social, la igualdad económica, los derechos humanos, la sostenibilidad del entorno, la libertad política o, simplemente, por un mundo mejor se torna en un esfuerzo por obtener credenciales académicas. El progreso se convierte en una batería de técnicas disciplinarias —asignaturas estandarizadas, bibliografías normalizadas, clasificaciones burocratizadas, exámenes continuos, reseñas de la literatura, tesis doctorales a medida, publicaciones evaluadas, el todopoderoso CV, búsqueda de trabajo, estabilización laboral y posterior politización de los colegas y de los sucesores para asegurarnos de que todo va según lo establecido. Pues bien, a pesar de las presiones para la normalización de las carreras, el ímpetu moral originario raramente es vencido en su totalidad, el espíritu sociológico no puede extinguirse tan fácilmente.

Aún produciéndose tales constricciones, la disciplina, individual y colectivamente hablando, ha dado sus frutos. Llevamos un siglo construyendo conocimiento profesional, convirtiendo el sentido común en ciencia. Por ello, estamos más que preparados para embarcarnos en una re-traducción sistemática de nuestra disciplina, esto es, devolver el conocimiento a sus inspiradores haciendo públicas las cuestiones referentes a problemas privados y así regenerar la fibra moral de la sociología. En esta acción descansa la promesa y el desafío de la sociología pública, ser complemento y no negación de la sociología profesional.

Para comprender qué es la sociología pública, sus posibilidades y sus peligros, sus potencialidades y sus contradicciones, sus éxitos y sus fracasos, he discutido y debatido acerca de estas cuestiones en los últimos 18 meses a lo largo de más de 40 eventos, en institutos, asociaciones estatales, departamentos importantes en los Estados Unidos —así como en Inglaterra, Canadá, Noruega, Taiwán. Líbano y Sudáfrica. La llamada en pos de una sociología pública ha resonado en todas las audiencias a las que me he dirigido. Se han celebrado debates sobre la sociología pública en diferentes simposios, algunos de ellos recogidos por las revistas Social Problems (Febrero, 2004), Social Forces (Junio, 2004) y Critical Sociology (Verano, 2005). La revista de la American Sociological Association (ASA), Footnotes, dedicó una columna especial a la sociología pública, las distintas aportaciones se han recogido en An Invitation to Public Sociology (American Sociological Assocation 2004). Los Departamentos han organizados diferentes premios y bitácoras sobre sociología pública. La ASA ha creado su propio sitio web para la sociología pública y los libros de texto introductorios están dedicando espacio al tema de la sociología pública. Los sociólogos han aparecido con una mayor regularidad en las páginas de opinión de los periódicos nacionales. La reunión anual de la ASA en 2004, dedicada al tema de las sociologías públicas, batió de lejos todos los registros de asistencia y participación anteriores. Estos oscuros tiempos han despertado al ángel de la historia de sus sueños.

Así pues, ofrezco 11 tesis. Comenzaré con las razones de porqué apelar a las sociologías públicas actuales y consideraré su multiplicidad y su relación con la disciplina como un todo —disciplina entendida como división del trabajo y campo de poder. Examinaré la matriz de las sociologías crítica, pública, práctica y profesional, sus variaciones históricas y geográficas. Compararé la sociología con otras disciplinas. Y finalizaré considerando qué es lo que convierte a la sociología en algo tan especial no como ciencia sino como fuerza moral y política.

Michael Burawoy es Profesor de Sociología en la Universidad de California, Berkeley. En la última década ha trabajado en fábricas húngaras y es autor con János Lukács del libro The Radiant Past, de próxima aparición. Es también coautor de un libro sobre la observación participante y el método de caso extendido (Extended case method), Ethnography Unbound. El profesor Burawoy ha sido elegido presidente de  la American Sociological Association. Su página web personal, que contiene muchos y valiosos artículos y debates on-line, es: http://sociology.berkeley.edu/faculty/burawoy/ 
Traducción de Alan Rush, de la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina

© Michael Burawoy