
Es bueno que en la Argentina haya irrumpido una discusión
acerca de qué actitud tomar en relación a las Islas Malvinas. Desde hace mucho
este país estaba atrapado entre las secuelas paralizantes de la ignominiosa
derrota sufrida hace casi treinta años -producto de la incompetencia,
fanfarronería y demagogia de la dictadura genocida- y la vía muerta de una
estrategia diplomática que pese a su perseverancia no rindió frutos porque el
mal llamado “orden mundial” es en realidad un cruento e injusto desorden en donde
sólo por excepción deja de regir la ley del más fuerte.