
No se trata del retorno del viejo neoliberalismo de los años
1990 ni mucho menos de una imitación del régimen oligárquico de fines del siglo
XIX, sino de la tentativa de instauración de un sistema mafioso, parasitando
sobre una población desarticulada, albergando grandes espacios de marginalidad
y superexplotación laboral, realizando un saqueo sin precedentes de recursos
naturales. En esa dirección se van imponiendo los instrumentos esenciales del
régimen dictatorial: control completo de los medios de comunicación,
reconversión integral del sistema de seguridad como apéndice del de los Estados
Unidos1, implantación de mecanismos de
destrucción económica y social a gran escala, despliegues mediático-judiciales
tendientes a extirpar a las oposiciones que no se subordinen al nuevo régimen.