
La lengua, como producto social que es, se ve a veces
condicionada en su uso por factores extralingüísticos, algunos de ellos de
marcado carácter ideológico. Y siempre que tras los usos lingüísticos se
esconden motivaciones ideológicas se suscitan acalorados debates de los que se
hacen eco los medios de comunicación. Piénsese, por ejemplo, en los que
provocaron el nombre del idioma o la planificación lingüística de distintas
comunidades autónomas. No podemos sorprendernos, pues, que otro tanto ocurra
con los llamados procedimientos igualitarios.
