“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

10/7/12

El imperio contraataca

Luis Britto García

Especial para La Página
1. Un Imperio que se hunde en lo ecológico, lo social, lo económico, lo político, lo internacional y lo cultural recurre inevitablemente a la fuerza bruta.

2. Obama se acerca al final de su período en medio de una crisis espantable cuyo peso arrojó sobre los trabajadores y sobre la deuda pública, que llega al inaudito nivel de 102% del PIB. En Estados Unidos, elecciones y reelecciones se ganan destruyendo países indefensos. Obama necesita despojos ensangrentados que ofrecer a un electorado carcomido por la angustia.

3. Para este sacrificio humano, el Imperialismo Humanitario tiene un modelo: 1) agresiva campaña mediática de descrédito contra cualquier gobierno progresista; 2) infiltración de organizaciones no gubernamentales, sicarios, mercenarios o paramilitares que crean perturbaciones; 3) presentación de la defensa del gobierno legítimo como supuesta agresión contra un grupo opositor, una minoría étnica o ciudadanos indefensos; 4) movilización de mecanismos institucionales de deslegitimación instantánea del gobierno legítimo; 5) uso de la fuerza bruta interna o externa para imponer la decisión deslegitimadora.

4. A ese modelo universal se añade una variante latinoamericana: el empleo de movimientos sociales o étnicos como pretexto para la destrucción del gobierno democrático. La Conaie apoyó el golpe contra Correa en Ecuador. Algunos movimientos étnicos bolivianos se suman a la desestabilización contra Evo Morales. En Curuguaty, francotiradores no identificados disparan y matan seis policías y 11 campesinos durante un desalojo ordenado por una jueza. En vano fue que Fernando Lugo despidiera al ministro del Interior. El Senado destituyó al Presidente electo en un juicio político sin garantías procesales ni derecho a la defensa.

5. La mano del Imperio mueve estos atentados. El golpe del 11 de abril fue legitimado ese día por el embajador estadounidense Shapiro, quien mintió que Chávez estaba fuera de la Carta Democrática de la OEA. La agresión contra Ecuador fue planeada y apoyada logísticamente desde una base gringa en Colombia. El derrocamiento de Zelaya en Honduras fue manejado desde la base estadounidense de Soto Cano. El golpe contra Paraguay, según WikiLeaks, fue programado en la embajada de EEUU, quizá en retaliación porque Fernando Lugo desactivó la base norteña Mariscal Estigabirria.

6. Y ya que hablamos de bases, avanza una aterradora invasión de enclaves militares foráneos en Nuestra América. Hay dos bases estadounidenses en Argentina, dos en Aruba y Curazao, cuatro en Colombia (todos sus aeropuertos son usados por efectivos yanquis), una en Cuba, una en Chile, otra en Costa Rica, una más en Salvador, efectivos gringos en Guatemala disfrazados de antidrogas, tropas USA en Haití, tres bases estadounidenses en Honduras, dos en construcción en México y 15 mil efectivos en Chiapas, 14 bases aeronavales en Panamá, dos en Paraguay, cinco en Perú y otra en construcción en República Dominicana. Hay bases de la Otan o europeas en Belice, Guyana, Martinica y fuerzas de la Minustah en Haití. E infinitos invasores disfrazados de policía antidrogas u ONG. Somos un continente ocupado.

7. En Paraguay se disputan intereses. Cruzan su territorio estratégicas vías fluviales latinoamericanas generadoras de fuerza hidroeléctrica. El acuífero Guaraní es una de las más codiciadas reservas de agua dulce del mundo. Monsanto acapara sus extensos latifundios; la transnacional canadiense Río Tinto Alcan intenta apoderarse del aluminio con energía subsidiada. Los golpes de Bolivia, Ecuador y Honduras fueron contra el Alba; el de Paraguay contra el Mercosur, Unasur y la Celac. Sólo la exclusión del gobierno golpista de Franco de esos organismos salvará el proyecto de integración latinoamericana.