“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

16/10/13

Lenguaje y Comunicación en Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein ✆ Florian
Tanius Karam  Cárdenas |  A lo largo del trabajo en la red de estudios en teorías de comunicación (REDECOM) y el grupo Hacia una Comunicología Posible (GUCOM) hemos seguido el intento por sistematizar y organizar las múltiples y complejas relaciones entre las ciencias del lenguaje y comunicología. En otros trabajos hemos subrayado la importancia del lenguaje no sólo como una estructura inherente, inmanente formada de componentes fonéticos, morfológicos, semánticos, de código; sino como un tipo de práctica y discurso para la cual el estudio del contexto y la situación enunciativa es importante. A partir de los cincuenta los estudios del lenguaje logran entrar en diálogo con las ciencias sociales (y luego con los estudios de comunicación) lo que llevará necesariamente a modificar sus límites y dialogar en otros términos con diversas disciplinas. Uno de lo signos de estos cambios va ser el despegue descomunal que tiene la pragmática en varios espacios donde su inclusión va ser fundamental y ayudará al desarrollo de la pragma-lingüística, la socio-lingüística, el análisis del discurso, el análisis conversacional, la etnografía de la comunicación,
etc. (todo ello será medular en el diálogo teórico entre comunicología y lingüística). En este movimiento la figura del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein ha sido fundamental, una verdadera bisagra entre el neopositivismo y la filosofía del lenguaje ordinaria que sería una de las fuentes para la pragmática y esa perspectiva vehiculado en Wittgenstein de ver el lenguaje como una forma de juego. En ese sentido este autor es central en el diálogo ciencias del lenguaje y comunicología, porque resume la tendencia de “giro lingüístico” filosófica dada por el neopositivismo y la filosofía analítica, y la apertura a lo que será el estudio de la lengua por su uso, su juego y perspectiva.

Fundamentos en el pensamiento Wittgenstiano: Delimitación del Pensamiento

Wittgenstein como “revolucionario lingüístico “de la filosofía y el supresor de la metafísica. La de Wittgenstein es una filosofía vía lenguaje. El estudio del lenguaje no es un sustituto sino un método para llegar al conocimiento de la realidad. Como él mismo diría en una carta escrita al filósofo Rusell, reprochándole cierta incomprensión hacia su filosofía:

Ahora bien, me temo que no has captado realmente mi afirmación de la que toda la cuestión de las proposiciones lógicas sólo es un corolario. El punto principal es la teoría de lo que puede ser expresado por las proposiciones, esto es, por el lenguaje (y lo que viene a ser lo mismo, lo que puede ser pensado) , y lo que no puede ser expresado por proposiciones sino sólo mostrado; éste creo yo, es el problema cardinal de la filosofía.

La gran influencia que la publicación del Tractatus Logico-Philosophicus (TLP) (Cf. Wittgenstein, 19751) ha tenido en el pensamiento del siglo XX, hasta el punto de que se le ha denominado la “revolución lingüística” en filosofía. La tarea del TLP es esclarecer la naturaleza y función de las proposiciones no constituye un fin en sí mismo sino un medio para arrojar luz sobre otras cuestiones. El objetivo del Tractatus, dice Wittgenstein, es trazar un límite al pensamiento, o mejor, no al pensamiento sino a la expresión de los pensamientos: pues para trazar un límite al pensamiento tendríamos que poder pensar ambos lados de ese límite (TLP: 2)

El Tractatus es una teoría del pensamiento a través de una teoría del lenguaje; y dado que el pensamiento versa acerca de lo real, será también en último término una teoría de la realidad. El Tractatus versa sobre el isomorfismo de lenguaje y mundo, y la reducción del lenguaje a su función descriptiva. Lenguaje y mundo tienen un elemento común: su forma. Por ello el Tractatus no sólo es una reflexión sobre lógica y lenguaje, sino que supone una reflexión sobre el ser; el estudio del lenguaje se constituye como condición necesaria (pero también suficiente) del conocimiento del mundo.

Según Wittgenstein donde acaba el sentido acaba la capacidad de pensar; no se puede pensar lo que no tiene sentido o lo que no esta lingüísticamente conformado. Si se trata de situar el límite en el borde del pensamiento, nosotros tenemos que ser capaces de pensar desde los dos lados de este límite. El limite puede ser trazado nada más en el lenguaje, y lo que cuenta al otro lado de ese limite de un lenguaje es simplemente el “no ser”, la carencia de sentido. En este “primer” Wittgenstein solo tiene sentido lo que lingüísticamente puede ser formulado. No existiría nada en el pensamiento que pueda hurtarse a la condiciones de ser designado por el lenguaje; lo que no puede ser designado no puede ser pensado.

Teoría figurativa de la proposición

Toda mi tarea, dice Wittgenstein, consiste en explicar la naturaleza la proposición. Es decir, en indicar la naturaleza de todos los hechos, cuya figura es la proposición. El lenguaje es un retrato lógico de la proposición. La realidad, el mundo, es el conjunto de todos los hechos (TLP: 1,1), mientras que el lenguaje constituye la totalidad de las proposiciones, cada una de las cuales describe un estado de cosas del mundo. Si bien la figura y la cosa figurada son independientes, pertenece a la esencia misma de la relación figurativa el que exista alguna semejanza entre ambas.

Si el lenguaje puede figurar la realidad es porque ambos pueden compartir la misma forma lógica. El concepto de proposición como figura lógica de la realidad implica tres elementos: a) el mundo (los hechos) como aspecto objetivo de la realidad figurativa, b) el lenguaje (las proposiciones) como su aspecto subjetivo y c) la forma lógica que media entre los dos.

El mundo es todo lo que ocurre. Lo que ocurre, el hecho, es la existencia de estados de cosas. El estado de cosas es una combinación de objetos (asuntos, cosas). Los objetos forman la sustancia del mundo. El lado subjetivo de la relación isomórfica entre lenguaje y mundo, entre proposición y hecho, lo representa el lenguaje. En él se encuentra los elementos correspondientes a las nociones de hecho, estado de cosas y objetos. Como el mundo es el conjunto de todos los hechos, el lenguaje consiste en la totalidad de las proposiciones.

La totalidad de las proposiciones es el lenguaje (TLP: 4,001). El lenguaje consta en su totalidad e proposiciones. La proposición (Satz) es el retrato lógico de un hecho, una figura (bild) de él. La proposición es una figura (Bild) de la realidad. La proposición elemental, afirma la existencia de un estado de cosas. Los signos simples empleados en la proposición se llaman nombres. El nombre significa objeto; el objeto es su significación. Wittgenstein no ofrece ejemplos de nombres, éstos son signos simples y primitivos para formar proposiciones elementales; el nombre denomina un objeto pero no los describe, viene a ser no un retrato sino algo como una etiqueta que le colocamos.

La función del lenguaje es afirmar o negar hecho, queda descartado el tipo de discurso no descriptivo (discurso valorativo, poético). Esta concepción da una consideración fáctica del lenguaje. La investigación sobre el lenguaje es la vía de acceso al conocimiento de lo real.

La proposición expresa lo que yo no sé, pero lo que yo tengo que conocer para poder decirla, lo muestro en ella. El sentido mostrado por la proposición es independiente de la realidad, pero para saber si lo que dice es cierto no, debemos contrastarla empíricamente, pues la proposición contiene únicamente la posibilidad de su verdad.

Entre el lenguaje y mundo se encuentra la forma lógica como elemento mediador que relaciona los otros dos y hace posible que el lenguaje hable acerca del mundo. La forma clave permite resolver el problema fundamental de la relación entre lenguaje y mundo.

Para que la figura sea algo real debe tener relación con lo figurado. El carácter figurativo del lenguaje se debe a su relación isomórfica con el mundo. De no ser por la forma lógica el lenguaje perdería su función esencial -la de describir hechos. La formas lógica es un elemento necesario de la proposición; una proposición debe necesariamente tener una forma lógica -la misma del mundo- para poder describir un hecho, si bien no es necesario que la proposición sea verdadera. Wittgenstein la define en el Tractatus de esta forma: “Lo que cualquier figura, de cualquier forma, debe tener en común con la realidad para poderla representar de algún modo es la forma lógica, es decir, la forma de la realidad” (TLP: 2,18).

El pensamiento como figura lógica

El que el lenguaje sea la expresión del pensamiento permite que ambos resulten de alguna manera intercambiables, de modo que la investigación sobre el pensamiento pueda ser sustituida por el estudio de la proposición y que éste sea al mismo tiempo una teoría del pensamiento. Para el autor la relación entre proposición y pensamiento es tan estrecha que, llega a identificarlos.

El lenguaje existe porque se puede pensar; sin el pensamiento no podría plantearse la posibilidad de un lenguaje. Pues siendo el lenguaje la expresión del pensamiento, en un mundo sin pensamiento el lenguaje sería la expresión de la nada. El pensamiento es el punto indispensable para entender la proposición; los pensamientos son figuras que pueden expresarse en proposiciones. Así como la concepción descriptiva del lenguaje determinaba un reduccionismo fáctico en el plano ontológico, el pensamiento quedará igualmente circunscrito al ámbito de los hechos, y el dominio de lo pensable se reducirá a los hechos lógicamente posibles. ¿Qué es el pensamiento? , de lo poco que se menciona en el Tractatus se pueden extraer dos definiciones, amas relacionadas con la proposición, la primera dice “La figura lógica de los hechos es un pensamientos “. El pensamiento aparece como retrato lógico de un hecho, pero el pensamiento no es una figura lógica, sino la figura lógica por antonomasia. el pensamiento abstrae o sintetiza en sí mismo la forma lógica esencial a todo tipo de figuras.

La expresión por excelencia del pensamiento es el lenguaje verbal Así pues el lenguaje constituye la forma más idónea de expresión de pensamientos al presentar la misma multiplicidad lógica que éstos y que los hechos que ellos representan.

El sujeto como límite del mundo

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo, esta es la base del llamado solipsismo wittgenstiano. Está claro que si el lenguaje retrata sólo los hechos, y por otro lado el mundo es el conjunto de los hechos, los límites de lenguaje y mundo coincidirían necesariamente. El lenguaje sólo llegará hasta donde llegue el mundo, y a la inversa, allá donde el lenguaje no pueda llegar tampoco llegará el mundo, ya que no hay hecho que no pueda ser figurado en una proposición.

Para el autor la lógica llena el mundo, los límites del mundo son también sus límites: No podemos decir en lógico “esto” hay en el mundo y “aquello” otro no. Esto supondría que excluimos ciertas posibilidades y esto no puede ser, pues de otra forma la lógica tendría que trascienden los límites del mundo; a saber, en caso de que ella pudiese contemplar estos límites también desde el otro lado. Lo que no podemos pensar, no podemos pensarlo; por tanto tampoco podemos decir lo que no podemos pensar.

El isomorfismo del lenguaje y mundo consiste en que ambos son lógicos; su mutuo ajuste se fundamenta en la coincidencia de sus respectivos ámbitos con un tercero: el dominio de la lógica. La correspondencia entre lógica y lenguaje se traduce en que todo lo lógico es expresable y toda proposición debe ser lógica. Así como la lógica llena el mundo, sin traspasarlo, su retrato en el lenguaje. Lo que no podemos pensar —lo ilógico— no podemos pensarlo -figurarlo- . Y siendo el lenguaje la expresión del pensamiento, resulta obvio que no se puede decir aquello que no puede ser pensado.

Las argumentación de Wittgenstein se resume: 1.- Los límites del lenguaje son lo límites del mundo. 2.- El lenguaje es mí lenguaje, 3.- Mi lenguaje limita mi mundo. 4.- El mundo es mi mundo: SOLIPSISMO.

El llamado “segundo Wittgenstein”

Una vez concluido el Tractatus y convencido de haber dicho todo lo que tenía que decir, abandonó la filosofía. Después de un tiempo que atravesó por distintas actividades decidió incorporarse nuevamente a la filosofía, uno de los factores que explican este regreso está la creciente insatisfacción producida en él por las teorías expuestas en el Tractatus, insatisfacción que, por otra parte, no habría sino de acrecentarse. Este periodo llamado “filosofía del segundo Wittgenstein” se caracteriza por el abandono progresivo de las tesis fundamentales del Tractatus.

La concepción del lenguaje del segundo Wittgenstein puede resumirse en tres tesis fundamentales:
1.- El significado de las palabras y de las proposiciones es su uso en el lenguaje.
2.- Los usos se configuran en los juegos del lenguaje.
3.- Los juegos del lenguaje no comparten una esencia común sino que mantienen un parecido de familia

El significado como uso

En el Tractatus Wittgenstein sólo había considerado un tipo de uso del lenguaje: el uso descriptivo, representando por el modo indicativo de la proposición. El único uso que se tiene en cuenta en el lenguaje es el de representar el mundo y de ahí su naturaleza esencialmente figurativa, sin la cual no cumpliría función alguna. Habiendo tomado como modelo al lenguaje de la ciencia, el Tractatus presentaba un exclusivismo de la función descriptiva del lenguaje, que se manifestaba en dos criterios: primero en la reducción de las proposiciones a descripciones -figuras- de los hechos; en segundo lugar, en la asimilación de las palabras a nombres. Las proposiciones eran allí figuras de hechos que podían ser analizadas hasta llegar a sus componentes últimos —los nombres— correspondientes a objetos simples.
Ya en las Observaciones… (Cf. Wittgenstein, 1992) se constata la existencia de diversos usos de la proposición además del indicativo, tales como el uso imperativo y el expectativo. Sin embargo, esta constatación no sólo se hace compatible sino que se presenta como apoyo a la concepción figurativa de la proposición. Aun cuando la proposición sigue siendo considerada como una figura, es algo más que eso: su sentido no se reduce a su naturaleza figurativa sino al uso que se hace de ella.

Es en las Observaciones donde surge una primera formulación de la teoría del significado como uso: el sentido de una proposición, así como el significado de una palabra, es su función, el propósito que cumple.

Conforme Wittgenstein avanza en sus reflexiones va abandonando la teoría figurativa de la proposición y el uso se erige como criterio único de significado: preguntar por el significado de una palabra o frase equivale a preguntar cómo se usa; y es el modo de usarla lo que decide si una persona ha comprendido o no su significado. Por otro lado, la variedad de usos del lenguaje aparece ampliada hasta el máximo: hay innumerables clases de enunciados, incontables usos posibles del lenguaje.

A la afirmación de la variedad de usos de las proposiciones se une el rechazo de la teoría nominativa del Tractatus, que reducía los términos del lenguaje a la función de nombrar. La teoría nominativa, a cuya crítica se dedica Wittgenstein las primeras páginas de las Investigaciones filosóficas (PU2): “Cada palabra tiene una significación. Esta significación se corresponde con la palabra. Es el objeto al cual se refiere la palabra” (Cf. Wittgenstein, 1988: 23).

Podíamos distinguir dentro del reduccionismo nominativo dos tesis fundamentales: 1) Todos los elementos significativos del lenguaje son o pueden reducirse a nombres lógicamente propios que se corresponden de manera inmediata con objetos. 2) El significado de un término -de un nombre- es el objeto que nombra, es decir, su referencia. Ambas tesis van a ser rechazadas por el segundo Wittgenstein: en primer lugar, los nombres son sólo una parte de los términos significativos del lenguaje. Hay en éste un gran número de palabras que no denominan nada y que, sin embargo tienen significado. Un ejemplo de ello es “quizás” del que Wittgenstein se ocupa en la Gramática: si significado es únicamente el uso que de él hacemos en el lenguaje. Y es la aplicación de ese término en circunstancias particulares y de manera determinada lo que demuestra que su significado ha sido comprendido.

Hablar de objetos, la función de nombrar, no es la única del lenguaje, ni la principal. “Para una amplia clase de casos de utilización de la palabra ‘significado’ -si bien no para todos los casos de su utilización- se puede explicar esta palabra así: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”. (PU § 43).

Wittgenstein compara las palabras con herramientas, al igual que éstas, las palabras se definen por su uso, que puede ser muy variado. Las palabras no son meras etiquetas que se aplican a los objetos, sino instrumentos que cumplen funciones de muy distinto tipo. Su uniformidad es sólo aparente, el lenguaje es como la cabina de una locomotora en la que vemos una serie de mandos aparentemente iguales, cada uno de los cuales cumple, no obstante un fin diferente.

Pero él que no todas las palabras sean nombres es sólo la primera parte de la argumentación. La segunda es que ni siquiera de los nombres se puede decir que su significado sea su referencia. En algunos casos se puede explicar el significado de un nombre señalando a su poseedor, el objeto que constituye su referencia. Pero esto no quiere decir que significado y referencia coincidan. “La significación de un nombre no es aquello que mostramos en una explicación ostensiva del nombre...El nombre no pierde su significación si su portador deja de existir (si por ejemplo, muere)”. (PG § 27)

Juegos de lenguaje

Las palabras se definen por su uso, este se inserta dentro de un contexto de actividades de tipo tanto lingüístico como no lingüístico. Y tampoco es único ya que el lenguaje comprende una multiplicidad de funciones. Ahora bien, ¿cuál es el criterio de distinción de la multiplicidad de usos lingüísticos?, ¿cómo sabemos el uso que le toca a cada palabra en cada caso particular?. Lo que marca la distinción de usos del lenguaje son los distintos contextos en que se desarrollo. Estos contextos constituyen lo que Wittgenstein denomina “juegos de lenguaje”. Los usos del lenguaje son múltiples porque hay muchos juegos, muchos contextos donde pueden insertarse.

La expresión “juegos del lenguaje” surge a resultado de una de las comparaciones favoritas de Wittgenstein: la del lenguaje y los juegos. El autor no da una definición clara de “juegos del lenguaje”, pero sí usa muchos ejemplos. La noción “juegos del lenguaje” significa varias cosas para el autor: (a) Ciertas formas lingüísticas de carácter primitivo y simple; (b) El lenguaje ordinario junto con las actividades y realizaciones pertenecientes a él; (c) Sistemas lingüísticos parciales, entidades funcionales o contextos que forman parte de un todo orgánico.

El primer sentido aparece ya en el Cuaderno Azul, donde Wittgenstein se refiere a los juegos del lenguaje como lenguajes primitivas, formas de utilizar signos más simples que las del lenguaje ordinario. Ejemplos de ellos son las formas del lenguaje con las que un niño comienza hablar. La acepción (b) está en la misma obra. Junto a la idea de los lenguajes primitivos, aparece allí también la concepción del juego del lenguaje como totalidad constituida por el lenguaje y las actividades en las que éste se encuentra entramado. Este sentido pone de relieve el carácter contextual del significado y la inserción del lenguaje dentro de las formas de vida.

Los juegos se definen en general por el sistema de reglas que rige cada uno de ellas. Reglas que, por otro lado, pueden diferir en cada caso según su complejidad, número, rigidez con que deben aplicarse, etc. El lenguaje como juego es una actividad reglamentada; el significado de las palabras se encuentra en su uso, en la función que cumplen en el lenguaje, pero todo uso implica una serie de normas, “reglas del juego” que varían en cada caso según la función del lenguaje al que pertenezca. El reglamento del lenguaje está contenido en la gramática. La gramática es la descripción del lenguaje que proporciona las reglas para la combinación de los símbolos, determinando qué combinaciones tienen sentido, están permitidas, y cuáles no. El concepto de gramática adopta en el autor un doble sentido: por un lado es la ciencia o el estudio de las reglas del uso lingüístico; por otro lado , el conjunto de las reglas mismas. La gramática tiene, pues un carácter normativo y descriptivo: regula el uso del lenguaje y al mismo tiempo describe cómo funciona.

Además del carácter normativo, hay un rasgo que comparte el lenguaje y los juegos: ambos son una actividad social. El lenguaje es una forma de conducta humana, un aspecto entre otros muchos que constituyen la vida social del hombre y que, en cuanto tal, debe entenderse en conexión con una multiplicidad de actividades de todo tipo; mediante el lenguaje y los juegos los hombres se relacionan entre sí y se integran en la vida social de una comunidad. Hablas del lenguaje es parte de una actividad o de una “forma de vida” (Lebensform). 

La complejidad de un lenguaje, los juegos lingüísticos de que consta, expresan el modo de vida de sus hablantes. Así por ejemplo, un lenguaje en el que no fuera posible hacer ruegos o plantear preguntas sería síntoma de las carencias de esas actividades. “Es fácil imaginar un lenguaje que conste sólo de órdenes y partes de batalla. O un lenguaje que conste sólo de preguntas y expresiones para contestar sí y no. Y muchos otros. E imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida” (PU § 19). La idea de forma de vida viene hacer hincapié una vez más en el carácter pragmático y social del lenguaje. Con ella, el lenguaje deja de ser espejo que en Tractatus reflejaba la realidad desde fuera para convertirse en una parte integrante de esa misma realidad; el hablar es una forma de comportamiento humano.

Parecido de Familia

Ante la constatación de la pluralidad de juegos de juegos del lenguaje cabe plantearse la pregunta acerca del elemento común a todos ellos o, en otras palabras, de la esencia del lenguaje. Esta pregunta, con su correspondiente respuesta, aparece planteada en las Investigaciones. La respuesta en este punto es rotunda: lo que hay de común a todos los juegos es exactamente lo mismo que entre todas las actividades que denominados “juegos”, a saber: nada.

El significado de “lenguaje”, como el de “juego” no es, pues, unívoco sino que designa una serie de actividades cuyas semejanzas se presentan en gradación. De ahí el carácter indefinible del lenguaje.. Wittgenstein ofrece una serie de notas características de los juegos lingüísticos: el se formas de actividad social, estar reglamentados, etc. El concepto wittgensteiniano de parecido de familia va directamente en contra de lo que se ha denominado “esencialismo” es decir, la tendencia a buscar una propiedad común a todas las entidades subsumidas bajo un término general, que justifique el hecho de que denominemos a todas esas entidades de la misma manera.

El esencialismo unido a la tesis de la unicidad del lenguaje, constituía uno de los pilares fundamentales del Tractatus. Las nociones de “juegos de lenguaje” y “parecido de familia” vienen ahora aponer de manifiesto el rechazo de ambas tesis: si en el Tractatus Wittgenstein pretendía descubrir la esencial del lenguaje, la “forma general de la proposición”, ahora piensa que no hay una esencia común a los juegos del lenguaje. No existe ningún factor común predominante en el lenguaje, al que puedan asimilarse todos los demás.
En el Tractatus se concebía una forma correcta de figurar un hecho, dado que éste ostentaba una única forma lógica que debía ser compartida por la proposición. De ahí que la tarea del análisis consistiera en buscar la forma correcta de cada proposición, desvelando el lenguaje ideal que subyace más o menos disfrazado en los lenguajes particulares y que manifiesta la estructura lógica del lenguaje y del mundo. Con el rechazo del atomismo lógico, Wittgenstein abandonó la suposición de que a los hechos les corresponde una forma lógica, con lo que el concepto de forma correcta o forma general de la proposición perdía todo su sentido. No se trata ya de corregir las proposiciones sino de comprenderlas.

Algunas ideas para la concepción de la comunicación

La unidad inteligible en el lenguaje es la significación. El lenguaje es el instrumento que comunica la significación y la esencia de la significación es su comunicabilidad. Comunicar es hacer común la significación. En la filosofía analítica la significación plena se relaciona con la verdad, en su dimensión más cognoscitiva, aunque también pragmática. La verdad no se encuentra en alguna forma de consenso sino en la objetividad. La significación no se pude reducir a enunciados protocolarios o tautologías; la significación no se puede reducir a notas empíricas. 

La información para Wittgenstein parece definirse como el acto de expresar una significación comunicable, es decir que un sujeto pueda expresar una significación, que por su forma prepositiva puede o no hacerse común a otros; puede hacerse común en distintos niveles no necesariamente idénticos. 

En el análisis que Yuren (1996: 301) hace de Wittgenstein y la filosofía analítica señala que un emisor puede expresar una proposición que en realidad para él no tiene significación plena, porque simplemente está repitiéndola; sin embargo para el receptor, mediante la auto-apropiación y la verificación puede llegar al nivel de la significación plena. El mensaje de la comunicación se define como la proposición misma y participa de la potencialidad. En clave de explicar a Wittgenstein desde la “comunicación”, Yuren quiere ver en la “retroalimentación” como un término importante en la teoría comunicativa, señala que por parte del receptor se da un desencadenamiento espontáneo de las operaciones de la conciencia intencional. A un primer nivel el receptor oye o lee la proposición; luego la entiende y finalmente la afirma, al aceptarla o transformándola mediante la negación. Este proceso interviene la dialéctica de las evasiones de la inteligencia que se da en una situación dialógica. Debido a las operaciones intencionales puede operar un proceso de auto corrección. Eso significa que aun cuando no exista situación dialógica en el conocimiento puede hacerse común. 

Al comentar a Wittgenstein desde la teoría de la comunicación, Martín-Serrano (1996) ha dicho: Todo lo que lingüísticamente es significativo es diferenciado, todo lo que podamos distinguir es cognitivamente diferenciado. La diferenciación lingüística y cognitiva son coincidentes. No hay una sin la otra, en consecuencia, por tanto el criterio de comunicabilidad radica antes en aquello que puede ser pensado. ¿Que es el pensamiento que no se comunica? Comunicación en potencia. Todo lo que puede ser pensado, puede ser claramente pensado, todo lo que se deja expresar se deja claramente expresar. ¿No sabes comunicar?, el problema que se tiene es que no se ha pensado bien lo que quiere comunicar. Consecuentemente una mala comunicación no es una dificultad lingüística, sino mental; no aclarar las distinciones mentales impide establecer distinciones conceptuales; diferenciaciones, articulaciones, integraciones. 

¿Que pasa con las formas lingüísticas?, se pregunta el autor español, son elementos a priori que no se conocen. Los usuarios no podemos describir la forma lingüística con la que opera el lenguaje; para poder representar las formas lógicas sería necesario que nos pudiéramos situar con las proposiciones fuera de lógica, es decir fuera del mundo, ¿que es el mundo apriori? . Los actores de la comunicación pueden hablar de todo, menos de la forma misma; porque para hacerlo necesitaría otra forma y así sucesivamente. Si hablara de las formas sin las formas, lo haría de manera “a-lógica”, pero como no puedo hablar a-lógicamente de aquello que es la lógico, consecuentemente, no se puede hablar. 

En la cultura que uno se mueve, las significaciones (que incluyen al lenguaje y a sus expresiones), constituyen los horizontes de nuestro conocer, de nuestra comunicación y hacer. El lenguaje es el medio de expresar la significación y como tal es un instrumento el ser humano constituye el mundo mediado por la significación. Como se ha mencionado desde la filosofía analítica, la significación va más allá del estudio de la palabra, de la gramática y la sintaxis. El lenguaje adquiere una centralidad que en Wittgenstein parece determinante a la forma de vida e interacción. 

El llamado “segundo Wittgenstein” nos ofrece también elementos para llevarlos a una idea de la comunicación sustentada en el uso, el juego del lenguaje y el parecido de familia; la perspectiva que para conocer el lenguaje no se puede desprender de lo que los usuarios hacen con él. La comunicación se derivará de aquello común a los juegos, más que la forma de la proposición, la forma de ese uso. Comunicación pasa a designar forma de vida, mediada por los usos y parecidos, por los juegos que no son irreductibles a sus formas lógicas. Para el estudio de la significación será necesario el contexto, como elemento mediador en las formas de la designación, que ya no pueden ser únicamente descriptivas.

Notas

1 A partir de ahora, lo abreviamos como TLP
2 Abreviamos el libro Investigaciones filosóficas por sus siglas en alemán PU

Referencias

Martín-Serrano, Manuel (1996) "Conferencias de seminario de Doctorado Encuentro epistemológico en torno al concepto de información”. Madrid, Universidad Complutense de Madrid.
López de Santa María Delgado, Pilar (1986) Introducción a Wittgenstein, Sujeto, Mente y Conducta, Barcelona: Herder (Biblioteca de Filosofía No 22).
Yuren, Adriana (1994) Conocimiento y comunicación. México. Alhambra Mexicana
Wittgenstein, Ludwig (1975) Tractatus Logico-Philosophicus, 14ed. Madrid. Alianza Universidad [1a ed. 1929]
----------------------------- (1988) Investigaciones Filosóficas, Instituto de Investigaciones Filosóficas-UNAM México, [1a ed. 1954].
----------------------------- (1989) Conferencia sobre ética. Con dos comentarios sobre la teoría del valor, Barcelona: Paidós.
------------------------------ (1992) Observaciones a La rama dorada de Frazer. Madrid, Tecnos.