“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

21/7/12

Enfrentando la incertidumbre con Milton Friedman

Milton Friedman 
✆ Donkey Hotey
Eduardo Zeind Palafox

Especial para La Página
Los economistas empiezan a estudiar psicología y los psicólogos empiezan a estudiar economía. Es difícil determinar si el dinero produce locos o si la locura hace que el dinero se diluya. El mundo parece estar en caos. En todos los periódicos especializados y en todas las revistas de economía abundan los malos comentarios y las acusaciones.

Gerentes que deciden mal, presidentes que practican la corrupción sistemáticamente, inversores que fallan más que los pronósticos del tiempo y profesionales que trabajan duro para irse de su país, hacen del mundo un pandemonio.

Lo que hay que hacer es parar, respirar y observar. Vamos demasiado rápido y nuestro automóvil no cuenta con los frenos necesarios ni con los sistemas de localización suficientes para evitar un accidente.

Escuchemos con atención al viejo filósofo José Ortega y Gasset: "He perdido toda ilusión que consista en esperar, salvo excepciones, de españoles y argentinos que entiendan por leer u oír otra cosa que resbalar del significado espontáneo o impresionista de una palabra al de otra".

Esta triste lección fue pronunciaba por Ortega hace muchos años, pero no lo escuchamos. Hasta el modernísimo Paul Krugman, desde su blog en el New York Times, se queja porque no aprendemos del pasado.

No sabemos leer, pero sí saborear gráficas de barras, de pasteles y demás delicias. Es típico que nos pidan lo siguiente: "…por favor, haz el reporte breve y con muchas gráficas, pues los dueños no tienen tiempo para estar leyendo todos tus argumentos". Bueno, pues gracias a las prisas el mundo de la economía se está derrumbando.

Todo el mundo apostó mucho por Facebook, pero la empresa no resultó ser lo que parecía, y ni las mediciones VaR (Valor en Riesgo) pudieron pronosticar qué pasaría con su comportamiento en la Bolsa. Los inversionistas se "resbalaron" en los números de la empresa. Facebook tiene 800 millones de usuarios y podría llegar con facilidad a los 2000 millones. Y en un planeta en el que hay 2200 millones de internautas esto parece ser muy atractivo.

Jorge Suárez Vélez, analista económico de CNN, ha explicado que aunque Facebook tenga tales o cuales millones de usuarios, no tiene la estructura necesaria para hacer que la publicidad que oferta sea efectiva. Y vaya, aquí el problema está en que las compañías dedicadas a la tecnología viven, sobre todo, de la publicidad.

Las ciencias primitivas sólo cuentan lo que se pueden contar, lo que está a la vista, es decir, lo que está "encima", encima como cáscara. Tener muchos amigos no significa que tenemos los mejores amigos. Esta verdad la sabe hasta la más popular y hueca de la escuela, pero no la saben los empresarios, que todo lo quieren contar con ábaco y regla. Estamos en un mundo cada vez más estandarizado, y lo que se estandariza mucho se paraliza y se hace difícil de medir y de mejorar.

Imaginemos que los hombres son peces. Imaginemos, ahora, que se están terminando las aguas especiales para cada tipo de pez. En estos días todos los peces viven en un mismo tipo de agua, llamada "globalización". Y como la globalización estandariza, hemos llegado a un punto en el que hacer pronósticos es exageradamente complicado, pues ya no hay patrones culturales, estéticos, éticos o lógicos de los cuales asirnos.

El sociólogo Lipovetsky tuvo hace poco tiempo un debate con Vargas Llosa, uno acerca del "tema de nuestro tiempo". Llosa defendió a la vieja alta cultura y Lipovetsky defendió a la nueva globalización.

Lipovetsky sostuvo que la televisión ha hecho que todo el mundo tenga muchos "referentes" o "asuntos en común". Llosa, a su vez, dijo que estos "referentes" son fríos, inhumanos. Según Lipovetsky la alta cultura no evitó la quema de libros de Berlín fraguada por el Holocausto, y según Llosa fue por nuestra alta cultura por lo que nos indignamos ante hecho tan cruel.

No nos importa mucho quién ganó el debate, pero sí nos importan las formas en las que los fenómenos sociales afectan nuestras decisiones financieras y estratégicas. No podemos decidir sólo con números en la mano. Entendámoslo, entendamos que es el momento idóneo para escindir los datos duros de los datos suaves, que son flexibles y que nos ayudan a "demostrar la discrepancia parcial que hay entre la consistencia del número y la de los conceptos, por tanto, la imposibilidad de una matemática lógica o formalista".

¿Qué significa la anterior cita de Ortega y Gasset? Significa algo muy sencillo: que dos más dos hacen un cuatro, que dos más dos no hacen un Volvo. Por cierto, Volvo está en problemas y busca socio en América para construir con él coches pequeños. ¿Alguien se anima? ¿Por qué Volvo se ha metido en tales líos? Porque no ha querido leer la realidad, pero sí la pura numerología. El economista J. Stiglitz enseñaba que la riqueza no está en donde hay Prada o Mercedes Benz, sino en donde hay consciencia a la hora de gastar.

Remitámonos ahora al economista icónico de Chicago, el señor Milton Friedman. Con la siguiente cita entenderemos mejor lo que dijo Ortega. Oigamos a Friedman sin "resbalar": "Los hombres no adaptan sus gastos de efectivo en el consumo a sus recibos de efectivo". Al decir "recibos de efectivo" queremos decir "al corto plazo".

Esta gran cita puede ser encontrada en el libro A Theory of the Consumption Function. Lo que Friedman nos quiere decir es que cuando la gente gana más dinero no necesariamente tenemos que esperar que ésta gaste más. O en pocas palabras: el consumo de una familia está determinado más por el "ingreso permanente" que por el "ingreso actual".

Que usted gane en diciembre diez veces más de lo que gana en el año no significa que usted se comprará un coche diez veces más caro que la garnacha motorizada que yace en su cochera, uno como un Volvo ultraequipado. Que Facebook tenga 800 millones de usuarios tampoco significa gran cosa, y lo han corroborado los inversores. Las compañías "punto.com" todavía no generan un ritmo o un patrón de conducta representativo, lo que significa que todavía están construyendo su confiabilidad.

En cambio, la sociedad que usa las Redes Sociales sí tiene una historia que podemos estudiar. Y para hacerlo tenemos que ayudarnos con las ciencias sociales, como la psicología de masas o el pragmatismo. Pongamos un ejemplo. Mi "súper-yo" está frente a mí día a día, ora en el televisor, ora en la prensa. Este opresivo y exigente "súper-yo", dijo Freud, vigila a mi "yo", que quiere ser libre.

Esta lucha diaria produce "culpabilidad", produce acusaciones, produce "mala consciencia", como diría Nietzsche. Y la culpabilidad hace que el miedo a la muerte incremente en mí. ¿Moriré sin llegar a ser un hombre fantástico? Tal vez, y lo haré bastante endeudado.

La idea de la muerte es una creencia perenne y siempre operante en nuestra racionalidad, diría William James. Así, preguntémonos: ¿para qué compra la gente? Compra para transferir su culpabilidad en los objetos que adquiere.

Cuando compro un Volvo o cuando digo mentiras en Facebook estoy haciendo lo que me exige mi vigilante "súper-yo". Y complaciendo a mi vigilante puedo obtener un poco de libertad. En fin, que proponemos análisis más profundos en vez de análisis numéricos resbaladizos.