“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

23/12/13

La clave de la victoria en Chile | Michelle Bachelet, presidenta por segunda vez

Niko Schvarz  |  En las recientes elecciones, que llevaron (por segunda vez) a Michelle Bachelet a la presidencia de Chile, alcanzó el punto más alto en la historia del país trasandino la unidad de las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda. Esa fue la clave de la victoria, que en el segundo y decisivo turno del 15 de diciembre asumió características arrolladoras y redujo a su menor expresión la votación por la candidata de las fuerzas de la derecha (Unión Democrática Independiente y Reconstrucción Nacional), inficionadas ambas por los resabios del pinochetismo. Éste tenía presencia destacada en el gobierno de Sebastián Piñera, quien se jugó entero
por Evelyn Matthei.

Debemos apreciar plenamente la magnitud del triunfo. En cifras globales, fue de 62,15% de los votos para Bachelet contra 37,84% para Matthei. Una paliza que se concretó en todas las regiones y en Santiago, sin ninguna excepción, y que alcanzó hasta un máximo superior al 70% en el caso de Coquimbo. En la primera vuelta electoral del 17 de noviembre, con ocho candidatos, la ventaja de Bachelet había sido de 46,67% contra 25,02% de Matthei. En esta votación, la coalición de partidos que conforman la Nueva Mayoría conquistó la mayoría absoluta tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, lo que le facilitará al nuevo gobierno la aprobación de leyes que consagren las aspiraciones populares. En la Cámara de Diputados, que renovó la totalidad de sus 120 integrantes, la Nueva Mayoría ocupará 67 escaños, frente a 49 de la alianza derechista y 4 independientes. En el Senado, las cifras respectivas son 21, 16 y 1. Si hubiera regido un sistema de representación proporcional, la ventaja de la Nueva Mayoría hubiera sido apreciablemente mayor.

Los uruguayos apreciamos en alto grado la trayectoria unitaria de nuestro Frente Amplio, que logró congregar en un solo cauce a todas las fuerzas de izquierda sin exclusiones, a sectores enteros desprendidos de ambos partidos tradicionales, blancos y colorados, que instaló un diálogo fructífero y fraternal entre marxistas y cristianos, y que siguió creciendo con el aporte de ciudadanos independientes de distinto origen, en una dinámica que no tiene techo. Sobre esa base conquistó dos gobiernos sucesivos, ambos con mayoría parlamentaria, y aspiramos a alcanzar el tercero el año próximo. Esta experiencia es valorada ampliamente en todo el mundo, y particularmente en la América Latina y caribeña. Recíprocamente, nosotros apreciamos en alto grado y tenemos voluntad de analizar los caminos que emprenden las fuerzas progresistas de los pueblos hermanos para llegar al gobierno, cada una con sus especificidades, que tratamos de aprehender y estudiar. Tal es el caso chileno.

Con una particularidad adicional: Michelle Bachelet le entregó al término de su mandato (de 2006 a 2010)  la banda presidencial a Sebastián Piñera; y será este mismo quien se la devuelva, el próximo 11 de marzo de 2014. El hecho adquiere el valor de un símbolo. Marca una reversión total en la realidad política de Chile. Y lo vuelve a colocar a diapasón con el cuadro, hoy predominante, de gobiernos de las fuerzas de izquierda y progresistas en el cambio de época que vive la América Latina y caribeña desde comienzos del nuevo siglo y milenio.

Vale la pena analizar la nueva experiencia chilena, además, porque desde muy diversos ángulos se ha intentado desvalorizarla, reducir su alcance y augurar el fracaso de las iniciativas que impulsó Michelle Bachelet como base de su plataforma electoral, acordada por todos los partidos de la coalición y que recibió el apoyo ampliamente mayoritario del pueblo. Esta tentativa constituye un verdadero despropósito, pero lo hemos visto exponer en muy diversos tonos, desde posiciones sectarias y/o pretendidamente ultraizquierdistas. Y eso no tiene nada que ver con la nueva realidad que deberá abrirse paso por la acción del nuevo gobierno con el apoyo del pueblo, y que la futura presidenta, en un discurso sobrio y preciso al término de la votación, definió en tres direcciones principales: la reforma de la educación, que motivó enormes y reiteradas manifestaciones de los sectores estudiantiles (y que determinaron el ingreso de algunos de sus más caracterizados líderes a la Cámara de Diputados); una reforma tributaria de amplio alcance social, que determine la contribución de los sectores privilegiados y posibilite la viabilización  de las medidas adecuadas para satisfacer las necesidades de la población, en primer término en materia de educación y salud; y una reforma de la Constitución (ya sea por vía parlamentaria o por la elección de una Asamblea Constituyente, tema en discusión), que elimine de la que aún sigue vigente todas las incrustaciones pinochetistas, y en particular el antidemocrático sistema binominal de representación parlamentaria, que constituye la antítesis de la distribución proporcional.

Veamos ahora la arquitectura de la unión de las fuerzas progresistas y de izquierda chilenas desde la elección de Allende (para no hablar de formas anteriores, la del Frente Popular en 1936 que llevó a la presidencia a Pedro Aguirre Cerda sobre la base de la alianza de socialistas, comunistas y radicales; y del Frente de Acción Popular, FRAP, después del gobierno espurio de Gabriel González Videla, anatematizado por Pablo Neruda). La Unidad Popular que consagró a Allende en las elecciones del 4 de setiembre de 1970 también tenía como base a los socialistas y a los comunistas, a los que se sumaban: el Partido Radical de Anselmo Sule, la Izquierda Cristiana de Rafael Agustín Gumucio, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) en que actuaba el actual Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, y Jaime Gazmuri, otro sector del mismo conocido como el MAPU de Garretón. Esta coalición obtuvo el 36,4% de los votos y derrotó al candidato de la Democracia Cristiana, Radomiro Tomic, y al de la derecha, Jorge Alessandri. El MIR estuvo al margen de la definición, y se pronunció contra el programa de la Unidad Popular. El 24 de octubre de 1970 se produjo el asesinato del comandante en jefe del ejército, general René Schneider, como parte de una vasta maniobra conspirativa para impedir que Allende asumiera la presidencia. No obstante, el Congreso Pleno lo ratificó, asumió el mandato el 4 de noviembre y logró que el organismo parlamentario votara la nacionalización del cobre ( el salario de Chile , lo llamaba Allende) por unanimidad, ya que ningún sector se atrevió a oponerse a esta sentida aspiración popular. En las elecciones municipales del siguiente mes de febrero, la Unidad Popular se consolidó y sobrepasó el 44% de los votos.

Los partidos de izquierda fueron reprimidos con una saña inaudita desde el primer día de la dictadura de Pinochet, que provocó miles de muertos y torturados, desaparecidos y relegados a prisiones en condiciones terribles.  En 1988, después de 15 años de dictadura, Pinochet promovió un plebiscito para quedarse 8 años más con el gobierno, y sufrió un revolcón en toda la línea. El categórico rechazo popular a la dictadura creó las condiciones para una instancia electoral, que se fijó para diciembre de 1989. Allí un conjunto de partidos opositores creó la Concertación por la Democracia, con Patricio Aylwin, del Partido Demócrata Cristiano, como candidato, que triunfó con el 55,2% de los votos. La Concertación estaba conformada por el PDC, el Partido Socialista, el Partido Radical Socialdemócrata y el Partido por la Democracia, PPD. El Partido Comunista quedó fuera de esta alianza. En las siguientes elecciones triunfaron sucesivamente: Eduardo Frei (h), de la Democracia Cristiana, con 58% de los votos; el socialista Ricardo Lagos,  y posteriormente Michelle Bachelet, también del Partido Socialista, que gobernó de 2006 a 2010. Cada uno de estos presidentes fue electo como candidato común de los cuatro partidos de la Concertación por la Democracia, con la integración señalada. Este curso se interrumpió con la elección de Sebastián Piñera; pero ahora la situación vuelve a su cauce con la nueva elección de Michelle Bachelet.

Y lo hace en un cuadro de mayor amplitud y profundidad por parte de las fuerzas progresistas y de izquierda, y de su mayor calado en el seno del pueblo. El ingreso del Partido Comunista a la coalición triunfante, y su posible incorporación al nuevo gobierno que se iniciará en marzo, entraña un cambio muy significativo. Máxime porque está estrechamente ligado a las movilizaciones sociales, y muy especialmente de la juventud estudiantil, que grabaron su sello en la campaña electoral y se reflejaron de manera clara y directa en la elección misma y en los representantes parlamentarios electos. Durante la campaña electoral, la derecha jugó a fondo la carta del anticomunismo, y fracasó rotundamente. Sin duda el PCCh gravitará en grado significativo en la articulación del movimiento social con el movimiento político en la nueva etapa. Michelle Bachelet fue la abanderada de una amplia conjunción de fuerzas, la mayor de la historia de Chile,  que sumó a los cuatro partidos de la Concertación (Partido Socialista, Partido Demócrata Cristiano, Partido por la Democracia y Partido Radical Socialdemócrata), además del Partido Comunista, a la Izquierda Ciudadana, al Movimiento Amplio Social y a Independientes de Izquierda, para extender su arraigo e influencia a lo más profundo del pueblo chileno. Como dijimos, la elección como diputados de los principales dirigentes de la movilización estudiantil por una educación gratuita y de calidad reviste una peculiar significación. Ellos son: Camila Amaranta Vallejo y Karol Kariola, ambas del Partido Comunista, por una comuna de Santiago y otra de Concepción; , Giorgio Jackson, en la capital Santiago, y Gabriel Boric, en la austral Magallanes, ambos independientes de izquierda. (Como detalle anecdótico consignamos que amaranto es el color emblema de la Juventud Comunista). En esta elección disminuyó sensiblemente el peso del Partido Progresista de Marco Enríquez-Ominami, que en la primera vuelta obtuvo el 10,98% de los votos (la mitad que en la anterior elección presidencial) y no comprometió el apoyo de sus seguidores por Michelle Bachelet en la segunda vuelta.

En la etapa que se abre en 2014, la Nueva Mayoría se proyecta como coalición de gobierno, y la presidenta electa ha colocado desde ya en la agenda los temas prioritarios de la reforma educativa, la reforma tributaria y la reforma constitucional. En la elección misma, numerosos votantes inscribieron al margen de su voto la sigla: AC, para marcar el reclamo de una Asamblea Constituyente que no deje en la Carta Magna ningún vestigio del pinochetismo. Estarán presentes también los reclamos de las poblaciones mapuches, ampliamente movilizadas contra las políticas del gobierno de Piñera en relación con el medio ambiente. Así lo destacó el presidente del Partido Comunista, Guillermo Tellier, al señalar que lo fundamental en esta hora es el cumplimiento del programa, que apunta a hacer reformas profundas (y que) todos los partidos hemos acordado cumplirlo . Subrayó asimismo el papel de la unidad: El éxito del programa dependerá de cómo actuemos en unidad.

Michelle Bachelet dirigió un sentido mensaje a la ciudadanía tras conocerse el resultado comicial, en el que recordó la figura de  su padre, el general Alberto Bachelet, un militar fiel a su investidura asesinado al comienzo de la dictadura de Augusto Pinochet. Expresó: Están las condiciones económicas, sociales y políticas, ahora es el momento. Tenemos la fuerza ciudadana, tenemos la voluntad y la unidad. Es tiempo de combatir la desigualdad juntos, es tiempo de volver a creer en nosotros mismos.

No había mejor manera de despedir este año que el resultado de la elección chilena para su país y para toda América Latina, que mira hoy a Chile con renovadas esperanzas.
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