“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

23/12/13

Apuntes para el estudio de la izquierda latinoamericana actual

Beatriz Stolowicz  |  Como punto de partida diré que asumo que la de izquierda es una opción ética con fundamento racional en pos de la emancipación humana, y que ésta exige la preservación de su hogar vital. Que no se es de izquierda sólo por autodefinirse como tal, sino por lo que se hace. Que la izquierda incluye tanto a la partidaria como a la no partidaria o social, con la tremenda heterogeneidad en ambas. Y que han sido las prolongadas luchas de todas sus vertientes las que han hecho posibles los triunfos electorales en nuestra región, siendo éste un momento histórico de notable singularidad.

Las experiencias de gobierno condensan la complejidad del fenómeno de izquierda, porque involucran proyectos y concepciones diversas, la relación y el balance de fuerzas entre los diversos componentes de la izquierda, las prácticas y su eficacia, y porque no operan en el vacío sino en la disputa de proyectos de sociedad antagónicos, con sus efectos combinados en términos regionales y del sistema mundo capitalista. Es una
complejidad no siempre contemplada en los análisis.

Ejemplo de ello son las clasificaciones que se han hecho de los gobiernos en los últimos años. Como en toda clasificación, se han jerarquizado algunos aspectos en desmedro de otros, en lo que se expresan concepciones teórico-metodológicas. Y me parece interesante ilustrar, desde esas clasificaciones, la compleja problemática que debemos asumir, no sólo por sus implicaciones intelectuales sino también por sus efectos prácticos, es decir, políticos. De partida, no podemos eludir el reconocimiento de que todos los gobiernos, más allá de las diferencias entre procesos, han generado cambios importantes en las condiciones de vida de amplios segmentos sociales. Cómo no reconocerlo, máxime cuando venimos de países como México, donde se está llevando a cabo una masacre social. Y éste es un primer asunto a considerar para pensar en términos regionales. Hoy día, un 54 por ciento de la población de Nuestra América vive en países gobernados por las fuerzas que se autodefinen como izquierda y centroizquierda, con un aporte numérico grande de Brasil en ese porcentaje.

Esto es inédito en la historia latinoamericana. Pero el otro 46 por ciento, casi 269 millones, viven bajo gobiernos de derecha que siguen ahondando la tragedia social y la entrega descarada de sus países, y que bajo esa lógica operan también en la geopolítica regional. Este ámbito, el de la geopolítica, ha sido un criterio muy determinante de las clasificaciones sobre los gobiernos y, en buena medida, ha condicionado la discusión sobre esas experiencias. Estamos en un  momento inédito en nuestra historia por el número de expresiones gubernamentales de mayor distanciamiento respecto al gobierno de Estados Unidos y la creación de instituciones regionales sin su presencia, como la CELAC y UNASUR, de gran importancia en su histórico “patio trasero” y para la geopolítica mundial, sobre todo para contener los escenarios de guerra. También asistimos al desdibujamiento de la arrogante presencia del Estado español, como ocurrió en la última Cumbre Iberoamericana en Panamá.


 
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