“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

9/4/12

Eres lo único que me sostiene / La vértebra vital de Le Corbusier, la otra dimensión









Cuando nacemos tenemos 33 vértebras y con el tiempo nos quedamos en 26. El número 33 tiene mucha mitología, 33 años fue la edad de Jesucristo y 33 grados la temperatura de ebullición del agua según Isaac Newton, la masonería… Pero esto es lo que se ve, lo importante es lo que se ve. Velázquez distribuyó a los personajes de las Meninas conforme a la constelación Borealis, que ya aparecía en los libros de astrología de Tarnier. 


La conversación siguió hasta llegar al cubismo. Lo que no se ve, la esencia, la otra dimensión. 

¿Qué hay después del cubismo?. Era el debate inacabado desde hacía años, cuando Picasso se había enfadado por un artículo sobre el postcubismo. Picasso pensaba que su cubismo era y sería lo último. 

El artículo lo escribió Le Corbusier, que por cierto, en aquella playa… y todos miraron por la ventana. Era un día de frio y lluvia y veían el mar a través de las ventanas de un pequeño restaurante muy francés.

Alguien dijo que después del cubismo, y antes del cubismo, había una sopa de cebolla con queso fundido. ¿Pero a estas horas va a cenar un español?. Nunca es ni muy tarde ni muy pronto para una sopa de cebolla con queso. 

Carta de agradecimiento de Le Corbusier al fallecimiento de Ivonne en 1959

Mientras que el camarero traía la sopa empezaron a divagar sobre el viaje que Le Corbusier le dio a la perla negra Josephine Baker. Volvía en barco de Sudamérica y por entonces ella bailaba con tan solo una pequeña minifalda hecha de plátanos. Contaba Josephine que tras escuchar toda la teoría de la arquitectura, Le Corbusier se disfrazó como ella, se pintó la cara de negro, y en la cena dijeron que aquella noche había dos Josephine Baker. Decía ella que lo pasó tan bien que le dijo ¡qué pena que sea Usted arquitecto, porque habríamos hecho una pareja estupenda!. 

Charles Édouard Jeanneret-Gris, que adoptó el seudónimo de Le Corbusier (La Chaux-de-Fonds, Romandía, Suiza; 6 de octubre de 1887 –Costa Azul, Francia; 27 de agosto de 1965) era el segundo hijo de una pianista y tuvo la mala suerte de que su hermano mayor era músico, así que le costó ganarse el puesto de favorito de la madre. 

Fue el hombre que cuidó siempre a su madre centenaria y nunca dejó de escribirla su carta semanal y que se pateó el lago Lemán para encontrar el punto exacto para construir la casa a su madre. Era el arquitecto universal que nunca se perdonó arruinar a sus padres diseñándoles una casa por encima de sus posibilidades.

Le Corbusier era el arquitecto que perdió muy pronto la vista de un ojo, que dijo “qué hermoso sería morir nadando hacia el sol! y eligió el mediterráneo, desobedeciendo a su médico que le había prohibido nadar en el mar. 

El hombre que se casó con la hija del farero, la modelo Ivonne Gallis, que le supo perdonar todo.

Fue el hombre que durante los últimos años de su vida llevó una vértebra humana colgada del cuello. Cuando falleció Ivonne le entregaron sus cenizas y entre ellas encontró una vértebra intacta. 

Como la colocaba sobre su mesa de dibujo muchos decían que la llevaba porque simboliza la labor del arquitecto, pero Le Corbusier decía un sencillo “es lo único que me queda de ella”.

Sabía que ella era lo único que le sostenía, su vertebra vital.

¿Qué hay detrás de la dimensión que vivimos? No sigas pensando en ello, te volverás loco, dijo el viejo pintor cubista. Mira el mar y ve el azul.

En ese mismo momento el camarero aparecía por sorpresa con un segundo plato de sopa de cebolla con queso fundido. El viajero sonrió y miró a un mar gris invertebrado. 

Souvenirs desde una Costa que llaman Azul.