“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

1/7/14

Reflexiones sobre la política prefigurativa

Samuel Farber  |  Cómo concebir la lucha contra las opresiones y el sistema actual? Los defensores de la llamada «política prefigurativa» plantean que es necesario «anticipar» la nueva sociedad en nuestras prácticas actuales. Sin embargo, no existe una correlación uno a uno entre los métodos, la estrategia y las tácticas de un movimiento de oposición y aquellas del sistema socioeconómico y político que emerge de él y que debe garantizar nuevas formas de democracia, así como una reorganización radical del poder y, por ende, de la riqueza. Por eso es necesario (re)pensar el problema del poder, el Estado y la economía sin desechar la política estratégica y sin caer en formas utópicas de pensar el cambio social que a menudo postulan comunitarismos incompatibles con la emancipación.

 ¿Qué es la política prefigurativa?

El movimiento Occupy ha enarbolado la bandera de la «política prefigurativa», proclamando que apuntaba a prefigurar una sociedad futura igualitaria y de­mocrática a través de la práctica de una democracia directa que acabe con las jerarquías y elimine los vicios de la democracia formal y representativa bajo el sistema capitalista. Sin embargo, estas ideas son anteriores al nacimiento de Occupy y continúan una tradición política de más de 50 años. Por desgracia, se desecha el agua de la tina, sucia por los vicios de la «difunta» democracia ca­pitalista liberal y de la vieja izquierda burocrática, junto con el bebé: la política estratégica, la representación democrática y la centralización, indispensables para cualquier movimiento democrático, ya sea reformista o revolucionario.

Hasta la fecha, la explicación más minuciosa sobre la política prefigurativa ha sido la que elaboró Wini Breines, profesora de sociología y ex-activista de la Nueva Izquierda. Para Breines, la política prefigurativa gira alrededor de la «democracia participativa», entendida como una oposición sostenida a la or­ganización jerárquica y centralizada, y requiere un movimiento que desarrolle y establezca relaciones y formas políticas que «prefiguren» la sociedad iguali­taria y democrática que se aspira a crear1. Para Breines, la política prefigurativa está conectada de manera integral a la noción de comunidad, entendida como una red de relaciones más directas, más totales y más personales que las re­laciones formales, abstractas e instrumentales que caracterizan el Estado y la sociedad contemporáneos. Estas nuevas relaciones mezclan las esferas públi­ca y privada de la vida y se encarnarán en las contrainstituciones no capitalis­tas y comunitarias forjadas por el movimiento. Algo bastante significativo es que Breines contrapone la «política prefigurativa» a la «política estratégica», cuyos núcleos son el «pensamiento estratégico» y el compromiso de cons­truir organizaciones formales para lograr grandes cambios estructurales en los órdenes social, económico y político2.

Muchas de las ideas y prácticas asociadas con la política prefigurativa han tenido un impacto positivo en la política de la izquierda de Estados Unidos desde los años 60. Por ejemplo, inspiraron el rechazo de la Nueva Izquierda hacia la rigidez burocrática, el dogmatismo, la política poco democrática y la bancarrota moral del Partido Comunista y de buena parte de la Vieja Iz­quierda, lo que aportó una bocanada de aire fresco a la política de protesta. Los partidarios contemporáneos de esta perspectiva ya no reaccionan contra la Vieja Izquierda, sino contra una democracia capitalista cada vez más plu­tocrática, que mantiene los rituales de una democracia política cada vez más desprovista de contenido. Es entendible su atracción por un experimento de autogestión local y democrático, y esta es bienvenida como un elemento esen­cial de buena práctica política, tanto para hoy como para una futura sociedad socialista. Las ideas de la política prefigurativa han ayudado, además, a ins­pirar y a radicalizar a miles de activistas que han inyectado sangre nueva a los movimientos anticapitalistas como Occupy.

Samuel Farber es doctor en Sociología por la Universidad de California en Berkeley. Fue profesor del Brooklyn College de la City University of New York. Nació y se crió en Cuba, donde fue activista estudiantil de la segunda enseñanza contra la dictadura de Fulgencio Batista; migró a Estados Unidos en 1958. Su obra más reciente es Cuba Since the Revolution of 1959. A Critical Assessment (Haymarket Books, Chicago, 2011).
 


 



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