“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

27/3/12

Bertold Brecht / Ante la muerte de Walter Benjamin

Georges-Pierre Seurat 
La Torre Eiffel
Me dicen que, adelantándote a tus verdugos, 
has levantado la mano contra ti mismo.
Ocho años desterrado,
observando el ascenso del enemigo.
Empujado finalmente a una frontera incruzable,
has cruzado, me dicen, otra que sí es cruzable.

Imperios se derrumban. Los jefes de pandilla 
se pasean como hombres de estado. Los pueblos 
se han vuelto invisibles bajo sus armamentos.

Así el futuro está en tinieblas y débiles
las fuerzas del bien. Tú veías todo esto
cuando destruiste el cuerpo destinado a la tortura.

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Walter Benjamin integraba el grupo de refugiados judíos que decidió escapar, a través de la frontera con España, de la Francia invadida por los nazis. En el mismo momento en que dicho grupo llegó a la costa del pueblo de Port Bou, en Cataluña, la dictadura de Franco canceló las visas de tránsito y ordenó a la policía española devolver a Francia a todas las personas que habían logrado cruzar la frontera, incluyendo al grupo de judíos del que Benjamin formaba parte. Para no caer en manos de los nazis, Walter Benjamin se suicidó en una habitación de un hotel de Port Bou, el 25 de septiembre de 1940.