“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

27/3/12

Humboldt y el Relativismo Lingüístico

Friedrich Heinrich Alexander
Barón de Humboldt
Lenguas distintas corresponden a mentalidades diferentes.

Humboldt es el primer lingüista en hablar del espíritu de los pueblos, y en plantearse si el uso de una lengua crea cultura o si una cultura pide una determinada lengua.

Humboldt pensaba que cada lengua, configurada por el espíritu de la nación y las circunstancias del mundo externo, constituye toda una imagen peculiar del mundo, en la medida en que implica una completa y particular segmentación de la realidad. Para él, en una lengua está contenida toda la visión del mundo de sus hablantes, pues cada idioma dispone de palabras para todas las representaciones mentales creadas por los miembros de una nación. Se trata de una tesis dualista lengua-cultura, que considera que una lengua es el vehículo de una cultura y defiende una relación intrínseca entre lengua y cosmovisión (weltanschauung).

Junto a sus opiniones relativistas sobre la individualidad de cada lengua y sobre el hecho de que la misma está determinada por la nación y la cultura, Von Humboldt mantenía también algunos postulados universalistas.

 Sostenía que todas las lenguas comparten propiedades universales y son reflejo de una cierta gramática universal. Pero no fue capaz de descubrir que algunas categorías lingüísticas pueden permanecer ocultas o implícitas en una lengua, ya que creía que aun cuando una forma gramatical no posee designación en una lengua, sigue presentándose como un principio que guía la comprensión de aquello que dice el lenguaje. Con esta afirmación, Von Humboldt adelantaba el determinismo radical según el cual los conceptos no lexicalizados en una lengua no pueden ser pensados ni concebidos por sus hablantes.

Humboldt establece que las lenguas pueden ser analíticas o sintéticas. Sólo las lenguas sintéticas son las que tienen capacidades culturales y filosóficas, son más perfectas que las analíticas.

Afirma además que las lenguas son sistemas, no nacen poco a poco sino como unidades. Humboldt ve que los elementos de las lenguas se pueden intercambiar produciendo oraciones infinitas. Esto es lo que se conoce como Productividad.

Humboldt anticipa lo que se conoce como Relativismo Lingüístico, motivo por el que hay sociedades que tienen más desarrollado un sector de su lengua por ser más necesario.

Sugirió que a través del estudio de la lengua se podían observar los procesos del pensamiento, es decir, los hablantes de diferentes lenguas no son equivalentes como observadores. Se trata de un movimiento que da mucha importancia a los factores históricos, regionales y populares (como el romanticismo).

Humboldt trata de elaborar una teoría mediante la cual podamos conocer la esencia última del lenguaje. Según él la característica más importante de la lengua es que ésta es energía, es algo que está constantemente evolucionando, creando.

Es absurdo tratar de establecer categorías gramaticales ya que lo único que existe es el discurso, que una vez dicho desaparece. También nos dice que la lengua sirve para poner orden en el mundo exterior de tal manera que si no fuera por ella toda esa realidad se nos presentaría desordenada. Además, la lengua hace que veamos el mundo de una forma determinada.

“La lengua reduce a ordenados complejos mentales el mundo caótico de los pensamientos (…) no es el pensamiento condición para el hablar sino el hablar condición para el pensar. Si no fuera por el lenguaje, la realidad sería un caos, si abrimos los ojos a la realidad sin el lenguaje, ésta se presenta como algo informe; gracias al lenguaje la vemos coherentemente.”

Humboldt y Bonpland al pie del Chimborazo, 1810
Óleo de Friedrich Georg Weitsch
La forma interior. Materia y Forma

El aspecto conceptual de la lengua es fundamental. Elabora su teoría de Ihnere Sprachform, que es la forma interior que tiene cada lengua, es lo más específico de cada lengua, todas lo poseen. Todas las lenguas se igualan y diferencian al mismo tiempo por su forma interior. Esto hace que nosotros veamos el mundo de un modo determinado y hace también imposible el bilingüismo. Cuando aprendemos una segunda lengua lo hacemos a través de la lengua materna.

Para Humboldt la lengua es la totalidad del habla. Dentro de la lengua introduce una diferenciación entre materia y forma:
Materia es el sonido en general, las impresiones sensoriales y nociones espirituales previas a la formación de los conceptos.
Forma es el concepto realmente innovador, lo que la lengua tiene de constante y sistemático, el auténtico principio dinámico. Se presenta dividida en externa e interna. La primera está sometida a variaciones y es la que actualiza la forma interna, el parámetro estructural.

Humboldt podría considerarse como un autor pre-estructuralista, pre-generativista y pre-relativista. La Idea de la relatividad lingüística no era una idea original en los tiempos de Humboldt. Podía encontrarse implícita en muchas teorías sobre el lenguaje. Desde Locke, que ya mantenía la tesis de la intraducibilidad de las lenguas y había sido más o menos expresada por diversos autores franceses (Condillac, Desti de Tracy, Maupertuis, de Gernado) a lo largo del siglo XVIII. Pero sólo en Humboldt adquiere la tesis de la relatividad lingüística la función de núcleo central de toda una teoría sobre el lenguaje y sobre el hombre.

Lenguaje y pensamiento

Sólo a partir de su obra, el relativismo se convierte en un tema recurrente. Como en el caso de los ideólogos y de los enciclopedistas, el interés de Humboldt por los estudios lingüísticos era más bien metodológico que sustantivo. Humboldt como anteriores filósofos del lenguaje, consideraba que el estudio de este constituía el medio ideal para inquirir en la naturaleza humana y en su proceso de constitución.

Una característica central de la filosofía lingüística de Humboldt es su consideración del lenguaje en conexión con los procesos psicológicos de percepción y conceptualización. Humboldt pensaba que el lenguaje desempeña un papel constitutivo en los procesos de pensamiento, tanto individual como colectivamente. Esta dimensión psicológica era considerada previa a la dimensión social. El lenguaje es concebido como instrumento del pensamiento más que como sistema de comunicación. Primero como herramienta cognitiva, y luego, como sistema de transmisión de información.

El concepto de “articulación” es esencial para comprender la concepción de Humboldt sobre las relaciones entre lenguaje y pensamiento. Se aplica en dos niveles, en el fónico y en el mental.

Del mismo modo que el sonido en el lenguaje se produce de forma articulada (descompuesto en unidades) así sucede con el pensamiento. El flujo mental, la corriente continua de estados mentales en que consiste nuestra experiencia, se encuentra en el pensamiento, dividida en elementos, que son los conceptos. Pero este paralelismo no es analógico sino causal. No es una simple similitud entre los procesos de constitución del lenguaje y el pensamiento, sino que expresa una conexión más íntima: La articulación lingüística es una condición necesaria para el surgimiento de la conceptualización, que implica el análisis (descomposición) del “flujo” de la experiencia.

Antes de que el lenguaje descomponga el pensamiento solo existe un flujo de sensaciones indiferenciadas, en las que se mezclan percepciones puras, sentimientos, deseos, etc. Se trata del pensamiento pre-articulado, indeterminado, que Humboldt contrapone al pensamiento conceptualmente organizado. El lenguaje es el instrumento que permite al individuo el salto cualitativo desde el pensamiento pre-articulado al pensamiento conceptualmente organizado. Cuando se dice que Humboldt mantenía que el lenguaje era condición del pensamiento se refiere al pensamiento articulado.

Con respecto a ciertas epistemologías racionalistas, la de Humboldt se distingue por el énfasis que pone en el carácter activo de la mente humana. El entendimiento no es el mero receptor de sensaciones sino la facultad de organizar y dividir la experiencia en unidades (similares, oponibles, compatibles…), en conceptos lingüísticamente determinantes y consolidados.
“El principio que domina la totalidad del lenguaje es la articulación; su cualidad más importante es la disposición fácil y consistente, pero que presupone los elementos simples y en sí mismos inseparables. La esencia del lenguaje consiste en moldear el material del mundo fenoménico para darle la forma de pensamiento”
El lenguaje tiene una función cognitiva. Para Humboldt la concepción semiótica separa, como realidades diferentes, el signo lingüístico y aquella realidad conceptual a la que se aplica. No se puede considerar a las palabras como signos de las cosas, no se puede separar al uno de la otra. Confundir esto, y considerarlas simples signos, es el error básico que arruina a cualquier lingüística y cualquier consideración correcta del lenguaje.

Se inscribe así en una tradición racionalista que tiene más que ver con Locke y Condillac (que consideraban que el lenguaje tiene un papel constitutivo y central en el desarrollo del pensamiento) que con Leibniz y Kant (que conciben el lenguaje como sistema auxiliar útil para la representación y transmisión del pensamiento.

Teoría semántica

En cuanto a la teoría propiamente semántica de Humboldt hay que señalar dos rasgos:
Su conciencia del carácter relacional del enunciado frente a la concepción nominativa.
Su defensa del simbolismo fónico como conector de la arbitrariedad del signo lingüístico.

Parte de la tesis de la relatividad lingüística, que es común y compartida por muchos filósofos de la época; el lenguaje determina el pensamiento, juega un papel decisivo en su conformación. El lenguaje es el medio fundamental para la organización del caos de la experiencia que constituye el pensamiento pre-articulado. El paso del pensamiento prearticulado al articulado se alcanza cuando el flujo sensorial es analizado, dividido y categorizado. En ese estadio, el pensamiento adquiere autoconciencia, para lo que es esencial el proceso de fijación y el mecanismo de reconocimiento de las unidades en que articula el flujo de sensaciones. Esto sólo se consigue por intermedio del lenguaje.

La experiencia, la sensación, la memoria, el reconocimiento, se efectúa con mediación, son actividades que se desarrollan dentro de los moldes formales determinados por la estructura (la forma interior) de la lengua. Pero a su vez el carácter lingüístico está en relación con el carácter nacional. Esa forma colectiva e históricamente conformada de concebir y categorizar las relaciones con el entorno queda impresa en la lengua. El fondo de objetividad existe, constituido por la estructura de la realidad misma, pero la objetividad se pierde cuando se sale uno del nivel de lo puramente sensible.

En suma, todo el sistema semántico de la lengua no es sino la expresión del carácter y desarrollo intelectual de una comunidad, constituyendo el acervo conceptual que, en esa etapa histórica, ha alcanzado la sociedad. Cada lengua incorpora su propia visión del mundo, su propio prisma a través del cual miran la realidad los que la hablan. La variación de las lenguas consiste en algo más que en la variación de los signos.

Mientras que la filosofía del lenguaje racionalista destaca la unidad del entendimiento humano y de sus productos, la filosofía romántica de Humboldt pone el énfasis en su heterogeneidad; siendo particularmente sensible al carácter histórico y dinámico del lenguaje. La cadena causal de determinaciones entre el carácter racional, el pensamiento y la lengua no es recorrido de forma unidireccional y la cuestión del origen es irresoluble. Es posible que asignara un papel primigenio al carácter nacional.

La filosofía del lenguaje de Humboldt concibe esta refutación mutua bajo la metáfora organicista. El lenguaje es un organismo vivo, sujeto a desarrollo para cuya comprensión es necesario el análisis de las influencias regulatorias a que está sometido por la realidad y el pensamiento.