- “Murió?...Sólo sabemos / que se nos fue por una senda clara / diciéndonos: Hacedme / un duelo de labores y esperanzas”: Antonio Machado
- “Quand la mort viendra, que reste-t-il?”: Paul Verlaine
Después vinieron los triunfos de la izquierda con Lula (dos
veces, y luego Dilma) en Brasil, la experiencia de la Concertación Democrática
en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en
Ecuador, Martín Torrijos en Panamá, los Kirchner en Argentina, Daniel Ortega de
nuevo en Nicaragua, Álvaro Colom en Guatemala, Mauricio Funes en El Salvador,
Pepe Mujica en Uruguay.
El presidente Rafael Correa, reelecto el mes pasado en
Ecuador, expresó acertadamente que la América Latina y caribeña vive ya no una
época de cambios, sino un cambio de época.
Llegaron al gobierno, por la voluntad de los pueblos, fuerzas de izquierda en sus múltiples vertientes pero con un denominador común: cambiar la situación de sus países, satisfacer las aspiraciones profundas de sus pueblos. No todos estos procesos tuvieron continuidad; en algunos casos gobiernos progresistas como el de Manuel Zelaya en Honduras y el de Fernando Lugo en Paraguay fueron derribados por la contraofensiva de la derecha y el imperio, pero en otros lograron derrotar los intentos golpistas, como sucedió en Bolivia (donde estaban unidos a intentos secesionistas), en Ecuador y en la propia Venezuela en el año 2002. Sin duda fue Chávez quien inició este nuevo rumbo en Venezuela y en América Latina.
Llegaron al gobierno, por la voluntad de los pueblos, fuerzas de izquierda en sus múltiples vertientes pero con un denominador común: cambiar la situación de sus países, satisfacer las aspiraciones profundas de sus pueblos. No todos estos procesos tuvieron continuidad; en algunos casos gobiernos progresistas como el de Manuel Zelaya en Honduras y el de Fernando Lugo en Paraguay fueron derribados por la contraofensiva de la derecha y el imperio, pero en otros lograron derrotar los intentos golpistas, como sucedió en Bolivia (donde estaban unidos a intentos secesionistas), en Ecuador y en la propia Venezuela en el año 2002. Sin duda fue Chávez quien inició este nuevo rumbo en Venezuela y en América Latina.
En Venezuela, esta nueva época inaugurada por Chávez
significó el fin de los gobiernos prohijados por el indecoroso pacto del punto
fijo mediante el cual adecos y copeyanos se apropiaron de los resultados del
levantamiento popular del 23 de enero de 1958 que dio al traste con la
dictadura de Pérez Jiménez y procedieron durante 40 años a repartirse el poder
hasta la última migaja. Una expresión de su política fue el caracazo del 27 y
28 de febrero de 1989 decretado por el presidente Carlos Andrés Pérez, una
represión feroz contra manifestaciones populares de protesta ante medidas
hambreadoras del gobierno que dejó un saldo de más de mil muertos y
desaparecidos, además de dos mil heridos y detenidos. Chávez fue testigo
presencial de estos acontecimientos en Caracas y expresó su indignada condena a
la acción represiva de las fuerzas policiales y militares. Contra C.A.Pérez
(que después fue expulsado de la presidencia por corrupción manifiesta y
condenado a prisión domiciliaria), Chávez con el Movimiento Bolivariano
Revolucionario 2000 lideró el levantamiento militar del 4 de febrero de 1992,
que fracasó y le costó dos años de prisión, siendo amnistiado por el presidente
Rafael Caldera.
Desde que fue electo presidente el 6 de diciembre de 1998
con el 56,5% de los votos y el apoyo de los partidos Comunista y Patria para
Todos, y a lo largo de más de 14 años hasta su muerte el 5 de marzo de 2013,
Chávez practicó una política para las grandes masas del pueblo y junto a ellas,
sin claudicación. Una verdadera definición de democracia y de participación
popular en la forja de su destino. Y le agregó un altísimo componente afectivo.
Hizo la política con amor, y recibió amor (y no sólo votos) de parte de su
pueblo, sobre todo de los sectores más humildes y siempre postergados. Lo que
vimos en la pantalla estos días en Caracas y en las ciudades venezolanas eran
demostraciones auténticas de dolor profundo y de amor hacia el comandante. Lo
sentían como uno de ellos, rasgo común, por otra parte a Lula, Evo, Pepe Mujica
entre los presidentes de izquierda del
continente. Esa consustanciación del gobernante con su pueblo la pudimos
apreciar personalmente en las calles de Caracas al participar a comienzos de
julio 2012 en el Encuentro del Foro de Sâo Paulo, y luego en el gran mitin de
clausura en el Teatro Teresa Carreño. Hay una comunicación del presidente con
la gente de notable fluidez. Y eso es lo que explica también el desenlace de
los principales acontecimientos de la historia reciente de Venezuela.
Recordemos el golpe de estado de abril 2002, con el secuestro de Chávez y su
reclusión solitaria en la isla de Orchila, paso previo a su proyectado
asesinato, mientras el jefe de la mayor cámara empresarial, Pedro Carmona
Estanga (hoy acogido con todos los honores en Estados Unidos), usurpaba la
presidencia. Lo que definió la dramática situación en esos días fue la masiva y
espontánea manifestación del pueblo en todo el país, y que en Caracas llegó a
ocupar el Palacio de Miraflores y a desalojar a los golpistas, todo ello unido
a la conducta de militares leales, que hicieron conocer el mensaje de Chávez
negando que hubiera renunciado a su cargo.
Esta adhesión masiva del pueblo es el sustento de la
seguidilla impresionante de sus victorias electorales y plebiscitarias, un
record que ningún gobierno puede exhibir. Tras la asunción el 2 de febrero de
1999, los acontecimientos se sucedieron rápidamente. Un referendo a favor de
una nueva Constitución, la elaboración de una nueva Carta Magna en sustitución
de la de 1961 y su aprobación por el Parlamento el 15 de diciembre marcaron el
primer año de gobierno y crearon las bases de un profundo proceso de reformas
políticas, económicas y sociales, que sigue en curso. En virtud de la nueva
Constitución Bolivariana (ese librito de tapas azules que Chávez mostraba a
cada paso en sus exposiciones públicas) fueron convocadas elecciones generales
para el año siguiente, a fin de ratificar todos los cargos de elección popular,
incluyendo la Presidencia de la República, que también fue puesta en juego.
Chávez quedó ratificado con el 59,76% de los sufragios.
El golpe de estado de abril 2002 fue seguido por el paro petrolero
de fines de 2003 y comienzos de 2004, expresión de los intentos más graves de
la oligarquía venezolana, asociada a intereses foráneos, de recuperar el
control del país, lo que fue una vez más frustrado por la movilización popular
en apoyo a su gobierno. A esa altura comenzaron a ejecutarse las misiones
sociales, entre ellas Barrio Adentro, en estrecha colaboración con los
profesionales cubanos en intensa labor solidaria, para la atención médica y
educación gratuitas de la población de menos recursos, y Mercal, surgida tras
las carencias provocadas por el paro petrolero y dirigida a proveer alimentos a
bajos precios a la población.
La oposición promovió luego, en 2004, un referéndum
revocatorio, que resultó confirmatorio para la presidencia de Chávez, reelegido
una vez más en los comicios del 3 de
diciembre de 2006 para reemprender el gobierno en el período 2007-2012 con
creciente apoyo de la ciudadanía. Éste volvió a expresarse en las elecciones
del 7 de octubre de 2012, en que Chávez fue reelecto nuevamente para el período
2013-2019 con el respaldo del 55,07% de los electores y 8.191.132 votos, en una
elección con 80,4% de participación ciudadana. En las siguientes elecciones
regionales del 16 de diciembre 2012 el Partido Socialista Unido de Venezuela
(PSUV) de Chávez y sus aliados ganaron 20 de las 23 gobernaciones.
Los gobiernos de Chávez dieron un gran impulso a la causa de
la integración latinoamericana y caribeña y a la solidaridad entre nuestros
pueblos. Venezuela desempeñó un papel fundamental en la concreción de la CELAC
(Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), expresión mayor de la
integración continental, sin Estados Unidos ni Canadá. Es de algún modo el
reverso del ALCA, esa maldecida Alianza de Libre Comercio de las Américas
impulsada por el presidente Bush y que naufragó de manera irreversible en la
Cumbre de Mar del Plata a fines de 2005, por la participación decidida de un
conjunto de presidentes de izquierda, Chávez entre ellos (y Tabaré Vázquez).
Asimismo, la integración plena de Venezuela al Mercosur, refrendada en fecha
reciente, es otro aporte sustancial a la consolidación del bloque regional.
Conjuntamente con ello, Venezuela ha practicado la
solidaridad efectiva y concreta con pueblos y gobiernos de Nuestra América. Sus
ingentes recursos petroleros, que han sido colocados al amparo de la soberanía
venezolana, no solo están al servicio de la educación, la salud y la vivienda
para el pueblo, sino que han contribuido, con generosidad, a resolver la
ecuación energética de varios países de la región, de los que integran el ALBA
y de Cuba, en particular, que lo compensa con la labor abnegada de miles de
técnicos en salud, educación, agricultura o deportes. Del mismo modo, Venezuela
ha suscrito numerosos acuerdos de mutuo beneficio en diversas ramas con varios
países de la región, de los que son ejemplo, en Uruguay, los convenios
múltiples con ANCAP, la participación en ALUR, recursos destinados al Hospital
de Clínicas y a la construcción del Instituto de Oncología, participación del
banco BANDES en la compra de Cofac, convenios con empresas recuperadas como
Envidrio, Funsa y Uruven (curtiembre), acuerdos sobre satélites de
comunicaciones y sobre la Antártida, e incluso un puente y obras en el pueblito
Bolívar de Canelones.
La Venezuela chavista ha marcado su impronta en el gran tema
en debate en nuestro tiempo, al proclamar su fórmula Socialismo del siglo XXI.
Es un aporte considerable, motivo de análisis y reflexión continental (y
mundial). Señala la relación entre un conjunto de conquistas sociales que
extienden y profundizan la democracia y
la perspectiva de una aspiración al
socialismo, de ir colocando los cimientos de un régimen social que supere
las injusticias y desigualdades del sistema capitalista. En el caso particular
de Venezuela, se le ha adosado al tema una vertiente cristiana. Chávez ha hecho
profesión de fe cristiana y en sus apariciones públicas aparecía a la vez con
el ejemplar de la Constitución y el crucifijo. En la ceremonia de homenaje
póstumo a Chávez efectuada el martes 5 en Managua, junto a Daniel Ortega
hablaron las máximas autoridades eclesiásticas de Nicaragua. Recordemos que una
de las bases de nuestro Frente, desde la etapa de su fundación, es la unión de
cristianos y marxistas. Se ha mencionado al respecto la sentencia de Ernesto
Sábato: El socialismo tal como ha sido expuesto por los teóricos marxistas o
no- es algo más que la nacionalización de la producción y del consumo, es un
movimiento profundamente moral, destinado a enaltecer al hombre y a levantarse
del barro físico y espiritual en que ha
estado sumido en todo el tiempo de la esclavitud. Es, quizá, la interpretación
laica del cristianismo . En todo caso, pareciera que en Chávez las dos
vertientes estaban acopladas en el mismo ser humano y, en relación al marxismo,
con un fuerte acento gramsciano.
Chávez deja un duelo de labores y esperanzas, según el verso
de Antonio Machado. Queda, vivo, su legado. Como proclaman quienes están
llamados a ser los continuadores de su obra, lo que se requiere en esta hora,
para Venezuela y para América Latina, es unidad, unidad y unidad . En estos
términos se expresó el vicepresidente Nicolás Maduro y ello asume clara
vigencia, ante todo, en la inmediata instancia electoral, para volver a
derrotar a la reacción de adentro y de afuera. Esta última se ha mostrado
siempre activa, impregnada de un rechazo visceral al proceso soberano e
independentista de Venezuela. Se agrega el hecho de que horas antes del
desenlace fatal, el gobierno venezolano expulsó a dos agregados aéreos de la
embajada de los Estados Unidos que estaban conspirando contra las fuerzas
armadas venezolanas y proponiendo proyectos desestabilizadores del país, al
amparo de la situación creada. Los dos ya se mandaron mudar, pero el peligro
continúa latente.