“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

28/6/14

Michel Foucault, a los treinta años de su muerte

Michel Foucault ✆ Thierry Ehrmann
Luis Roca Jusmet  |  Michel Foucault murió de SIDA, a los 58 años, el 26 de junio de 1984. En 1979 Foucault se encuentra en un momento paradójico. Por una lado parece feliz (aunque a él no le gusta esta palabra ): tiene reconocimiento y parece equilibrado. Ha acumulado un gran capital académico y social ( tiene un gran prestigio ). Personalmente ha integrado bien su homosexualidad y ha encontrado un ambiente tolerante en California.

Por otro lado está en un momento algo crítico. Está pasando, de manera original, por la tercera etapa de una gran parte de los filósofos de su generación: el anticomunismo. Militancia en el PC, izquierda radical y anticomunismo. La aureola que le ha acompañado por los efectos de Mayo del 68 se va evaporando. Pero Foucault es lo suficientemente crítico como para no caer en la trampa de los nuevos filósofos, que se convierten al liberalismo. Foucault está implicado en muchos movimientos reivindicativos, sobre todo por su apoyo a los disidentes del
Este. Se ha metido en alguna historia confusa, como la defensa de presos comunes de dudosa trayectoria. Ha manifestado su apoyo a la revolución iraní cuando se está viendo su deriva totalitaria con Jomeini.

La relación que Foucault mantiene con los socialistas es, por otra parte, ambigua. Están a punto de ganar las elecciones y Foucault manifiesta sus simpatías por Michel Rocard, representante de la “tercera vía” en el PSF. Foucault es cada vez más antiestatista. Filosóficamente sus últimos seminarios en el Collège de France han sido sobre la macrofísica del poder en el gobierno liberal ( “Hay que defender la sociedad” y “Seguridad, territorio y población”). El curso 1978/9 lo dedicará a la biopolítica, concepto que ha permitido trabajos posteriores fundamentales, como el de Nikolás Rose.

Entre 1979 y 1984 Foucault da cinco seminarios en el Collège de France : “El gobierno de los vivos”, “Subjetividad y verdad”, “La hermenéutica del sujeto”, “El gobierno de sí y de los otros” y “El gobierno de sí y de los otros : el valor de la verdad”. Se han publicado artículos y entrevistas y están a punto de aparecer los volúmenes 2 y 3 de su “Historia de la sexualidad” : El uso de los placeres y la inquietud ( o cura) de sí . El primer volumen, “la voluntad de saber” había aparecido en 1976.

Estos últimos años suponen un desplazamiento de la problemática planteada por Foucault : si del saber pasó al poder ahora pasa al sujeto. Para algunos es una sorpresa, ya que el tópico de estructuralista aplicado a Foucault supone la desaparición del sujeto. También sorprende su reivindicación de la tradición ilustrada, especialmente de Kant, cuando se le ha aplicado el tópico de postmoderno. Finalmente, sorprende su interés la serenidad antigua, cuando se ha considerado, como discípulo de Bataille, un apologista del exceso y de la transgresión.

Foucault, por su parte, niega que haya habido un cambio. Reestructura su trayectoria filosófica de una manera coherente. Como plantea José Luis Moreno Pestaña en su Convirtiéndose en Foucault , Foucault algo tramposo al señalar sus influencias : siempre lo hace de la manera que le resulta más rentable. En todo caso el año de su muerte se publica un Diccionario de Filosofía en la que él escribe, bajo la seudónimo ( “Maurice Florence”) , la entrada Foucault. En este texto plantea la absoluta coherencia de su trayectoria filosófica, que él denomina crítica. Lo que hace es una Historia crítica del pensamiento.

No en el sentido de una historia de las ideologías o de las representaciones, sino de lo que llama focos de experiencia, es decir la manera como se constituyen históricamente un sujeto y un objeto y unas relaciones de poder. Rechaza los universales y en este sentido se considera un escéptico. Se trata de analizar los juegos de verdad ( “juego” quiere decir estrategias )y las prácticas que delimitan campos de poder. El sujeto lo es de un saber posible, de unas prácticas de gobierno y de una relación consigo mismo.

¿De que tratan sus últimos estudios, es decir sus últimas experiencias? Porque para Foucault cada libro, es decir cada investigación, es una experiencia propia. Tratan del gobierno de sí y del gobierno de los otros. Del gobierno de si nunca había hablado. Es la hermenéutica del sujeto a partir de los análisis sobre las tecnologías del yo que aparecen en los textos antiguos: griegos, romanos y en el cristianismo primitivo. Foucault nos permite abrir un horizonte interesante: entender la vida como una obra de arte, como un estilo de existencia, como un trabajo sobre uno mismo. No se trata de repetir a los antiguos. No es ni posible ni deseable : solo hay que aprender de ellos lo que podamos utilizar. Tampoco en seguir la propuesta de Sartre de su moral de situación porque para Foucault no hay una existencia auténtica frente a la mala fe. De la misma manera no se trata seguir las disciplinas psi como búsqueda de uno mismo. No hay nada que descubrir: el yo es una invención. El sujeto debe construirse, no descubrirse.

¿Qué trata del tema del gobierno de los otros Foucault en sus últimos escritos ? Foucault había tratado el tema del gobierno liberal, como gobierno indirecto de las conductas. Muy relacionado con la herencia cristiana del poder pastoral, el poder sobre las almas. Pero sobre todo tratará el tema de la parresía como complemento de la isegoría. Es el coraje de decir la verdad será el complemento de la igualdad delante d ella ley. No se trata solamente de poder hablar, sino de poder criticar. La democracia necesita de gente que utilice la palabra para decir la verdad a los gobiernos, no para adularlos. En este sentido Sócrates y los cínicos, desde diferentes posiciones, pueden enseñarnos muchas cosas.

Michel Foucault murió prematuramente cuando estaba trabajando estos temas. No es justo ponerle ahora la etiqueta de dandi o de liberal. Foucault abrió estos últimos años muchos horizontes. Horizontes útiles y fecundos para una izquierda renovadora. No hay que mitificar ni que atacar a Foucault. Hay que leerlo porque nos puede dar mucha luz para entender nuestro mundo. Es lo que él llamaba hacer una ontología del presente. Utilicemos sus palabras como él nos proponía: como una caja de herramientas.
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