“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

18/2/12

Sobre la literatura digital

¿Existe la literatura digital? ¿Va a matar a las editoriales en papel? ¿Se trata de una moda efímera? Un señor llamado John Locke —homónimo del filósofo inglés del siglo XVII y del personaje de la serie Lost— que vive en Louisville, Kentucky, ha vendido un millón 720 copias de sus catorce libros electrónicos; libros que escribe de un tirón, en menos de dos semanas.

Los libros se bajan, principalmente, de Amazon.com y cuestan 99 centavos de dólar. Locke se queda con 35 por ciento de la venta. El resto es para la compañía que los comercializa por Internet. Se trata de libros de espionaje, matones y detectives, sazonados con secuencias de sexo y bajos fondos. Nada nuevo. El ex agente de la CIA, Donovan Creed, asesino de tiempo parcial, es el conductor de la saga que ya llega a catorce libros en menos de tres años. Tan sólo en 2011, Locke publicó nueve libros…

¿A dónde conduce todo esto? A mí me da la impresión de que a ningún lado. Literatura rápida para gente que no le gusta leer sino novelas entretenidas, de úsese y tírese; que no le van a cambiar la vida, ni el conocimiento de la realidad, ni el entendimiento del corazón humano. Lo más alejado a la forma clásica de la novela. Pero, ¿estoy en lo correcto? ¿Por qué este hombre ha llegado a vender tanto en tan poco tiempo? Quizá la clave se encuentre en el precio: por menos de un dólar usted puede descargar y leer una novela con personajes y toda la cosa. Y cuando la termine, la puede almacenar en el disco duro de su tableta electrónica o mandarla a la papelera. Y venga la otra, y la otra, y la otra.

Otro tema recurrente, no sé si entre los novelistas estadounidenses o entre los nuevos productores de novelas electrónicas es el de la identidad. Como Locke, que comenzó a publicar novelas a los 58 años (ahora tiene 61): antes fue vendedor de seguros y experto en mercadotecnia. Para llegar a “intrigar” a sus lectores electrónicos, tuvo que meterse en la personalidad de un duro y encantador tipo que mata a sueldo, y que conoce del mundo su parte sórdida. Mucho se ha especulado si es un grupo de escritores o si se trata de un viejo autor reciclado por un explotador de las nuevas técnicas digitales de ventas.

Sea lo que fuere, para las editoriales de libros impresos la cosa no es demasiado simpática. ¿Quién puede competir con libros tan baratos? Y, lo que es peor, ¿cómo hacer que los lectores de Internet se interesen por algo tan lejano a su mundo como lo es la lectura en profundidad de textos no convencionales, escritos para perdurar en la memoria? A una nueva literatura se asocia una nueva generación de lectores a la que gente como Locke está satisfaciendo. El nombre de la trama es superficialidad. Sí, de acuerdo. Pero una superficialidad que está arrasando con los lectores y con los autores de raza. Tiempos líquidos, diría Zygmunt Bauman.