“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

27/5/12

Tel Aviv 2012 / Berlin 1938

Richard Silverstein

Traducción especial para La Página
Rolando “El Negro” Gómez
El día de hoy Israel se acercó un paso más a la Alemania nazi de 1938.
En Berlín los nazis recorrieron las calles aterrorizando a los judíos, rompiendo vidrios de ventanas, quemando libros y sinagogas.  Hoy, en el barrio pobre de Tel Aviv llamado “Hatikva” (La Esperanza), la crema de los Übermenschen políticos de Israel, los kahanistasMijael Ben Arí, Itamar Ben Gvir y BarujMarzel, aterrorizaron a los trabajadores foráneos no-judíos que viven en ese barrio con violencia de multitudes y con nada menos que un pogromo.

Video sobre los sucesos 
Cientos de manifestantes se reunieron en el barrio…Hatikva…reclamando por la expulsión de los trabajadores migrantes africanos.  Algunos atacaron a africanos que transitaban; otros rompieron los cristales de las ventanas de una tienda de alimentos que vende a la comunidad de trabajadores migrantes y la saqueó.  Otro grupo de manifestantes detuvo un vehículo de transporte y buscó trabajadores migrantes entre los pasajeros, mientras golpeaban las ventanas del vehículo.

La multitud gritaba “el pueblo quiere que los sudaneses sean deportados”, y “infiltrados fuera de nuestro hogar”.  La diputada de la Kneset (Parlamento israelí) Miri Regevsijo que “los sudaneses son un cáncer en nuestro cuerpo”.  17 manifestantes fueron arrestados.

Los manifestantes expresaron su desaliento con la forma de tratar “el problema” de los extranjeros que solicitan asilo en Israel por parte del gobierno, especialmente con el Primer Ministro BenjamínNetaniahu.  Algunos portaban carteles de apoyo al Ministro del Interior Eli Yshai, quien se pronunció a comienzos de esta semana por la expulsión de los extranjeros que solicitan asilo.

La marcha fue organizada por el Miembro del Parlamento Mijael Ben Ari, del partido Unión Nacional, conjuntamente con los activistas de extrema derecha Itamar Ben Gvir y BrujMarzel, quien dirige un grupo de seguridad vecinal en el sur de Tel Aviv.

Uno de los oradores…llamó a crear un partido político que liderara la expulsión de los trabajadores migrantes no-judíos.  –“No es racismo”, insistía.

Mi amigo, el periodista israelí Jagai Matar, fue también asaltado durante las festividades.  Los hechos lo sacudieron considerablemente, y aún se está recuperando.  Mientras tanto, ha escrito un artículo en su blog (n hebreo) titulado “Camino a un linchamiento”.

¿Quiénes son estos refugiados?  Son del sur de Sudán, una nación que está todavía destruida por una guerra civil, y descendiendo rápidamente hacia el caos impuesto por el gobierno central sudanés.  Este es el mismo gobierno responsable por el genocidio de Darfur.  Refugiados, genocidio, odio racial: ¿no suena familiar?
Otro elemento de este pogromo que es crítico llegar a comprender es que mientras el mismo fue iniciado por el ala judeonazi de la extrema derecha, los Miembros del Parlamento del partido gobernante Likud -Danon, Regev, Tirosh y Levín- se involucraron y se adjudicaron públicamente el evento.  Esa es la manera en que trabaja el facismo rastrero.  Primero, la extrema derecha apuesta sus proclamas dentro de un discurso político.  Luego, los partidos de mayor aceptación se involucran y cooptan a la extrema derecha.  Ya entonces, la extrema derecha se vuelve parte de los partidos aceptables y se transforma en algo verdaderamente odioso y horrible (a grandes rasgos, la manera en cómo el “Tea Party” funciona en el discurso de la política estadounidense, aunque no haya promovido ningún pogromo todavía).

Esta noche Tel Aviv –y por extensión Israel- se ha vuelto algo verdaderamente odioso y horrible.
Si uno observa los pronunciamientos de los líderes “responsables” del país, uno los puede ver adaptándose a las posiciones de extrema derecha “populares”: el Ministro del Interior Eli Ishai impreca contra los sucios africanos.  El Fiscal General dice que está listo para proveer el apoyo legal para las deportaciones en masa.  El Primer Ministro –un tipo que nunca albergó simpatías por los oprimidos, judíos o no judíos- va a sacrificar a estas pobres almas en un santiamén a cambio de ventajas políticas.

Esto, por supuesto, es la repetición del mensaje de extrema derecha, neonazi, de muchos partidos políticos europeos como la Liga de Defensa Inglesa, el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, etc.  Es un eco del manifiesto anti-inmigrantes de Anders Breivik, antes de que asesinara 77 jóvenes noruegos liberales.
Supongo que no es sorprendente que haya tal venenoso movimiento político en desarrollo en Israel, el cual, después de todo, no es inmune al mismo veneno que infecta el cuerpo político europeo y estadounidense.
Pero lo que es sorprendente es qué cercanamente esto es un eco de la tragedia histórica del Holocausto, tal como se manifestó en Alemania en 1930.  Nosotros también teníamos refugiados judíos que eran despreciados cuando buscaban refugio en estas playas.  La historia judía está repleta de ejemplos de similares persecuciones, incluyendo las Cruzadas, la Inquisición, y varias otras expulsiones.

No estoy pronosticando un genocidio contra los trabajadores foráneos no judíos en Israel.  Pero dada la historia judía en el último siglo, uno pensaría que los judíos, incluyendo los israelíes, serían más sensibles a repetir los horrores perpetrados entonces contra nuestros ancentros.

Para ser justo, ha habido manifestaciones de odio igualmente nocivas, incluyendo expulsiones de Nigeria, Gabón, Angola y otras.

Pero nosotros, los judíos, hemos sufrido este destino por nosotros mismos.  Perpetrarlo contra el débil y el vulnerable de Tel Aviv es un verdadero shande (vergüenza en Idish).  Es menos que reconfortante pensar que Israel planea una similar expulsión masiva de sus propios inmigrantes para apaciguar la furia de la bestia de la xenofobia israelí.

A las sombras de la ocupación de los territorios y del trato brutal de Israel hacia los palestinos, los trabajadores foráneos no judíos son los palestinos, los negros de Israel.  Al igual que los palestinos, ellos no tienen estatus legal dentro de Israel.  Esto los vuelve invisibles, impotentes y a la merced de quien quiera explotarlos.

La única diferencia entre los dos grupos es que los trabajadores foráneos no judíos se encuentran dentro del estamento político israelí, mientras que Israel ha tenido éxito en excluir a los palestinos (así lo cree) del estamento político.