“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

18/11/15

La filosofía latinoamericana frente al neoliberalismo

Quito en rojo ✆ Oswaldo Guayasamín
Alex Ibarra Peña    |   1. Si es que aceptamos que el neoliberalismo es un cáncer ramificado, pero que aun no nos mata a pesar de su alto poder de letalidad, sin entrar de manera tan segura en sus causas podemos establecer una suerte de diagnóstico acerca de su incubación, si uso esta imagen espero que sea entendida sólo como una estrategia retórica alarmista. Para salir de esta metáfora un poco tétrica, pero sin renunciar a la idea de incubación, usaré la sugerencia del sociólogo y politólogo chileno Marcos Roitman que distingue entre la incubación y el echar raíces, repito la metáfora de Roitman: “Ocurre que el capitalismo incubado bajo el régimen militar ha echado raíces en la sociedad chilena y, en particular, en los círculos empresariales” (Roitman, 2011. 28). Identifico aquí neoliberalismo con democracia capitalista. La incubación del neoliberalismo que permanecerá en la democracia capitalista, surge con la crisis del modelo keynesiano que sustentaba al Estado de bienestar. La ideología neoliberal aprovechará dicha crisis para generar la sensación de la necesidad de un nuevo modelo, pero que a la vez incluye una postura ideológica fundamentalista basada en un neoconservadurismo y una profunda convicción antimarxista.

Los sesenta eran el apogeo de la revolución cubana, la cual era vista por los representantes del pensamiento político conservador como un experimento determinado desde el centro marxista del Este europeo, con exactitud no se ha establecido si quisieron invisibilizar o ignoraron un marxismo local.

El keynesianismo había tenido su umbral en América Latina al interior de la CEPAL bajo la tutela del economista argentino Raúl Prebisch con su modelo de desarrollismo previo a la teoría de la dependencia también proveniente del cepalismo. La crisis del keynesianismo a comienzo de los setenta con su centralidad en el Estado de bienestar da paso a la refundación de los planteos de Von Hayek realizados dos décadas anteriores, en palabras de Roitman:  
“En plena guerra fría y un anticomunismo radical, aquellos economistas, sociólogos y politólogos que habían sido ridiculizados por defender el mercado como fuente de equilibrio político y social se alzaron en los salvadores del capitalismo. Hayek sería investido premio Nobel de economía en 1974. Dos años más tarde su discípulo en Chicago, Milton Friedman, obtendría el mismo galardón. El keynesianismo terminaba su reinado con la crisis del Estado de bienestar” (Roitman, 2011. 20).
En Chile la influencia de la escuela de Chicago es significativa, la cual se venía dando desde la década del 50 por el acuerdo firmado entre la escuelas de economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la de la Universidad de Chicago: “…allá por el año 1955, donde se contempló la estancia de profesores de la Universidad de Chicago, la formación de un Centro de Investigaciones Económicas, la selección de becarios de post-grado a Chicago e investigadores centrados en el análisis de la realidad económica chilena” (Roitman, 2011. 35). Los que oficiaron de traductores de los economistas de Chicago eran los en ese momento estudiantes Sergio de Castro y Ernesto Fontaine, los cuales serán los primeros becarios para realizar estudios en Chicago y los autores del texto “El ladrillo” el primer manifiesto de los neoliberales chilenos que sirven a la dictadura de Pinochet, ambos juntos a otros becarios de Chicago, ocupan cargos oficiales en la política de la dictadura.

Los objetivos que se exponen en “El ladrillo” son: “1) promover un cambio en la estructura social, 2) articular un nuevo consenso ideológico-político y 3) imponer otra forma de ejercicio del poder político” (Roitman, 2011. 36); también se proponen algunas reformas: “1) Lograr la retirada del Estado de economía, disminuyendo el gasto público en la creación de riqueza social; 2) establecer la preeminencia del capital privado y de las relaciones mercado en la producción y asignación de recursos; 3) Imponer la total apertura externa, comercial y financiera; 4) Desarrollar la reforma del mercado de capitales internos y acelerar la privatización completa que regule el precio del dinero como mercancía a través de tasas de interés libres; 5) Lograr el establecimiento del mercado ‘libre’ del trabajo, habilitando la contratación flexible del trabajador” (Roitman, 2011. 38). Para sintetizar me sirvo de las palabras del chileno Eduardo Devés: el santo y seña de reconocimiento entre los neoliberales es la crítica al Estado: “Denunciar al Estado y las doctrinas que lo han levantado como actor de cualquier especie en el terreno económico es un deber de todo neoliberal” (Devés, 2008. 263).

2. Suele hablarse de neoliberalismo en varios sentidos y desde distintas perspectivas. Uno de los usos para referirse al neoliberalismo es el de entenderlo desde el ámbito de las ciencias. Claramente, un análisis del neoliberalismo puede ser hecho desde esta perspectiva que arranca del análisis de la ciencia económica. Aunque en lo personal dicho análisis aunque útil, puede resultar engañoso, ya que despolitiza la argumentación. Considerando dicha discusión desde la ciencia, queremos destacar un libro escrito por el filósofo argentino Ricardo Gómez. Aunque este filósofo advierte sobre tres dimensiones de análisis que son la ética, la ontológica y la epistemológica, consideramos que su principal aporte crítico está en esta última, así encuadra lo que podríamos llamar la refutación epistemológica:
“Hayek afirma (Los fundamentos de la libertad) que la forma liberal del orden social es aquella en la que el bienestar de los más pobres es probable que aumente más. Popper, el mentor epistemológico del neoliberalismo y la contraparte filosófica de Hayek, afirmó que la teoría neoliberal ya había recomendado en 1956 las políticas económicas que eventualmente resolverían el desempleo masivo, la pobreza, la falta de oportunidades y las diferencias rígidas entre las clases. Los siguientes datos empíricos demuestran enfáticamente que la visión que Hayek y Popper tenían de las expectativas neoliberales ha sido fuertemente refutada” (Gómez, 2014. 17).
Sin entrar a la descripción que desarrolla desde la experiencia argentina, de lo que el mismo Gómez llama como “la gran mentira”, cito la conclusión que extrae: “no importa el lugar del mundo; la aplicación de políticas neoliberales incrementó el número de personas pobres y amplió la brecha entre ricos y pobres, refutando tanto las expectativas de Hayek como las de Popper” (Gómez, 2014. 21). Si bien Gómez no es un filósofo que pudiéramos clasificar al interior de la filosofía crítica latinoamericana, el libro ayuda bastante para refutar al neoliberalismo desde la perspectiva cientificista despolitizada.

3. Otra crítica bastante más divulgada es la crítica desde el ámbito de la ética, aquí hay un socializado relato proveniente de autores como Hinkelammert, Roig, Dussel, y otros. Si bien es la crítica que tiene más grosor cuantitativo, en cuanto a que es la que más se reitera, no es la que aparece formulada con mayor claridad. Por ser la más difundida y dado el tiempo de esta exposición, sólo mencionaré un libro de un filósofo uruguayo. Me refiero al texto “La encrucijada ética. Neoliberalismo, conflicto norte-sur, liberación” de José Luis Rebellato. Al inicio de este texto el autor señala:
“Nuestra hipótesis de trabajo es que el neoliberalismo, además de abarcar un conjunto de posiciones teóricas, supone una concepción ideológica, ética y cultural” (Rebellato, 2000. 19).
Lo que me interesa destacar de esta cita es la pretensión de querer ir más allá del análisis cientificista en torno al neoliberalismo. En la presentación de este filósofo uruguayo encontraremos en primer lugar una descripción de la ética que sustenta el neoliberalismo, es decir no sólo se considera la problemática ética que genera, sino que se somete a análisis su propuesta ética, esta propuesta es resumida del siguiente modo al interpretar algunos de los planteos de Von Hayek, señala Rebellato:
“La ética neoliberal requiere, pues, de esfuerzo y sacrificio. No es una ética placentera ni hedonista. Tampoco es una ética de corte racionalista. Requiere dominio de sí, pero a la vez, adaptación y sumisión al orden extenso. Es una ética que se sitúa entre el instinto y la razón” (Rebellato, 2000. 24).
Considerando el otro aspecto, me refiero a la problemática ética que, el filósofo uruguayo destacará: que el orden extenso excluye la justicia social, principalmente desde la exaltación de un “individualismo posesivo” a partir de la influencia de Locke en el pensamiento de Von Hayek, en palabras de Rebellato: “Esto responde a la necesidad vital de aferrarse a algo seguro” (Rebellato, 2000. 32), de ahí que al interior de esta competencia por la seguridad no puede asegurarse la justicia, cuestión que negaría la dimensión evolucionista, de ahí que la apelación a la justicia sería una trampa frente a la realidad del evolucionismo. Ante la competencia evolutiva la apelación a la justicia sería injusta.

4. Ahora quiero referirme a la crítica política al neoliberalismo. La más difundida al interior de la diversidad de críticas políticas que el neoliberalismo recibe es la que es producida desde la ideología marxista, sólo señalar que al interior de esta misma encontramos planteos distintos. Por señalar algunos menciono al mexicano Pablo González Casanova, al cubano Pablo Guadarrama, al nicaragüense Alejandro Serrano. Pero, en esta oportunidad haré algunas referencias a los planteos del boliviano Álvaro García Linera que explicita su fidelidad a Marx y Gramsci en sus “Nueve tesis sobre el capitalismo y la comunidad universal”. Claramente encontramos en el boliviano un marxismo heterodoxo de ahí que se permita afirmaciones como las siguientes que desplazan la clásica definición del proletariado: “Estamos entonces ante el surgimiento de una nueva condición obrera planetaria expandida en todo el mundo, difusa y distinta a la que dio lugar al Estado de bienestar, la vida sindical y los partidos del siglo XX” (García, 2015. 10). Pero, que además integra un aspecto difuso para el marxismo eurocéntrico y que ya advertían los planteamientos del peruano José Carlos Mariátegui, desde lo que el filósofo chileno Osvaldo Fernández denominó como herejía, sin más vuelta a lo que me refiero es al reconocimiento de la condición indigenista al interior del marxismo diferenciada del proletariado burgués, señala García Linera: “El indianismo político estatal en Bolivia, el indianismo resistente en México o en Brasil y las luchas campesinas e indígenas en otras partes del mundo, son una visibilización activa de este pilar y contradicción de la nueva etapa del capitalismo” (García, 2015. 10). En Chile el filósofo Marcos García de la Huerta ha señalado claros planteos críticos desde una perspectiva política, por ejemplo en su artículo sobre “Privatización del poder”, esta postura crítica hacia el neoliberalismo queda explicita cuando señala:
“El tan canturreado “éxito” del Estado neoliberal consiste en la reducción de la política y en la fabricación de un imaginario de modernidad más consumista que productivo y más productivo que participativo: una modernidad virtual, en suma, que cree poder dispensarse de modernizaciones más sustantivas” (García de la Huerta, 1999. 222).
El reclamo del filósofo chileno es la reducción de lo político en la vida democrática que congela la participación como dispositivo de exclusión política e inclusión en la maraña consumista: “Define, pues una estrategia de privatización del poder y una política de exclusión; también de estabilización, pues las demandas políticas son neutralizadas con el consumo masificado por medio del crédito masificado” (García de la Huerta, 1999. 222). La cuestión de fondo es que la supuesta vida democrática es la que se encuentra comprometida con el neoliberalismo. Nos parece familiar dicha crítica de García de la Huerta con la que elabora el ya mencionado Marcos Roitman y que se sintetiza en la noción de democracia capitalista expuesta en el artículo titulado “Democracia sin demócratas” en donde muestra una democracia de discurso pero no de práctica efectiva:
“Lo que existe, su mundo de consumo, es democracia. El resto es quimera. No hay más democracia que la existente. Esta verdad se transmite de boca en boca hasta la saciedad: todos la enuncian. Se consume en el discurso, está escrita, pero no constituye ninguna práctica social. Algo similar ocurre con el discurso de la Coca-Cola, transformado en refresco, dice acabar con la sed al tiempo que se presenta como la chispa de la vida. Pero si la tomamos, fracasa: no acaba con la sed y, si estamos deprimidos, ponernos frente a la botella no nos fortalece el espíritu” (Roitman, 2011. 10).
Más allá de la efervescente metáfora interesa ir a lo medular que en este caso es que se naturaliza un modelo de democracia, aquella comprometida con el mercado y la ideología del consumo. Es esta reducción de la democracia la que ha logrado instalarse y establecer el tópico de que no es necesario aspirar a otros modelos alternativos de democracia. El resultado de esto es que se clausura la participación política, como nos recuerda el filósofo argentino Hugo Biagini a propósito de la sentencia thatcheriana de que: ¡no hay alternativa!. Ante este panorama democrático sin alternativas quedamos en una paradojal ciudadanía, la ciudadanía de ciudadanía pasiva frente a la administración de una elite política dedicada a la administración y normalización de la democracia capitalista. Las normas para esta democracia ya las conocemos, así las enuncia Roitman: “…guerras preventivas, torturar en Guantánamo, asesinatos políticos, bombardear países-ejes-del-mal, profundizar la explotación, el hambre y la miseria, el etnocidio. Bajo esta premisa, emergen como demócratas Berlusconi, Aznar, Bush, Blair, Calderón y sus partidos políticos. Convirtiéndose en democráticas, prácticas y proyectos totalitarios. Es un triunfo de la democracia representada en instituciones. Democracias sin demócratas, estatuidas en normas de obligado cumplimiento” (Roitman, 2011. 11). Este es el neoliberalismo que comprometió a gobiernos conservadores, democratacristianos y socialistas, la lista es larga: Collor de Mello, Fernando Enrique Cardoso, Patricio Alwyn, Carlos Andrés Pérez, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Menem, José María Sanguinetti, Fujimori, Sánchez de Losada o Ricardo Lagos (Roitman, 2011. 40-41). En la línea de crítica política al neoliberalismo también se podrían considerar las reflexiones de Yamandú Acosta otro destacado filósofo uruguayo contemporáneo: “En la posmodernidad, donde el “mundo libre” en cuanto orden de las libertades del mercado se ha globalizado, el nuevo metarrelato nihilista antiuniversalista y antiemancipatorio, propio del desplazamiento del capitalismo utópico por el capitalismo nihilista y cínico, presenta serios problemas de legitimación en la perspectiva de su consolidación” (Acosta, 2008. 165). Finalmente quiero destacar el completo análisis sobre el pensamiento de Von Hayek y su influencia recién publicado por el filósofo chileno Jorge Vergara titulado “Mercado y sociedad. La utopía política de Friedrich Von Hayek” (2015).

5. Para no quedarnos en la imagen letal del enfermo de cáncer, que podría generar reminiscencia con el título de la película “hombre muerto caminando”, quisiera decir que en los análisis críticos de los filósofos latinoamericanos no hay un agotamiento en la denuncia. El ánimo que transmiten es esperanzador, ya que suelen ofrecer salidas alternativas. Por ejemplo el intelectual chileno Marcos Roitman plantea: “¿Puede ser cualquier propuesta una alternativa? Construir y tirar la bomba atómica, por ejemplo” (Roitman, 2011. 75). Sólo alcanzaré a enunciar algunas de las salidas, espero se sientan motivados a buscarlas y leerlas en los mismos autores. El mismo Roitman visualiza al menos tres posibilidades: la primera es “la revolución y el movimiento se proyectan en la lucha por la democracia, el socialismo y la liberación. Es una búsqueda por abrir los futuros contingentes…” (Roitman, 2011, 96); la segunda es crear alternativas: “La construcción de alternativas es un acto deliberado y supone cooperar, aunar fuerzas y construir espacios comunes de acción política (…) Las experiencias históricas coadyuvan al aprendizaje de las luchas democráticas y son un acervo cultural del cual se nutre el movimiento democrático a nivel mundial” (Roitman, 2011. 96); y la tercera es la construcción de autonomía: “La autonomía abre la acción del sujeto a los espacios públicos y lo somete a los dictados del bien común. Enlaza la condición humana a sus condicionantes biológicos de ser homo sapiens sapiens” (Roitman, 2011. 105).

La necesidad de fortalecer estos planteamientos alternativos se debe a la falacia predicada de que no hay alternativa: “Debemos recalcar que el capitalismo es una realidad construida políticamente. Una relación social. Un orden de dominación y explotación” (Roitman, 2011. 103). El filósofo boliviano García Linera recurre también a la revolución y entrega una caracterización compleja que implica cuestiones temáticas y ejes de actuación, así lo expone:
“De esta manera, es posible advertir que los ejes movilizadores de las clases en antagonismo revolucionario tienden a estar vinculados a las temáticas de: el control y uso del excedente económico (salario, seguridad social, salud y educación), la defensa o ampliación de las necesidades vitales (agua, tierra), la preservación de los recursos comunes estatales y no estatales, la preservación de las identidades nacionales indígenas y la defensa de la Madre Tierra y de la ecología” (García, 2015. 13).
Por otra parte, para Yamandú Acosta las alternativas tendrían que ver con una suerte de recuperación de los proyectos nacionales que permitan conseguir una integración regional fundamentada en la concepción martiana -que ha insistido tanto Horacio Cerutti- de lo nuestroamericano, en la cual, para Acosta, el sujeto juega una función importante en la recuperación de la ciudadanía activa: “En una sociedad civil, no diseñada ni desde el Estado ni desde el mercado, sino producto de su autónoma construcción sobre el referente empírico, categorial y normativo del ser humano como sujeto, en cuanto que éste es afectado en su “dignidad”” (Acosta, 2008. 160). Lo fundamental aquí sería una ciudadanía instituyente. Claramente esta alternativa tiene que ver con una participación real en un proceso de democratización al cual supuestamente se está convocando por las autoridades de gobierno. Esta ciudadanía activa -como ha recordado el filósofo chileno Sergio Romero en un ensayo sobre Arturo Roig- que asume la moralidad de la protesta social que germina en proyectos constituyentes de renovación democrática.

Otras alternativas con validez filosófica son aquellas que consideran una renovación categorial es decir de los modos de pensar, en esta línea se encuentra el mismo Roig y entiendo que es parte de la propuesta de los filósofos argentinos Hugo Biagini y Diego Fernández en su libro “Neuroliberalismo. La ética del más fuerte” (2014). Lo que Roig llama rearme categorial puede involucrar distintas prácticas, entre ellas, corregir alguna categoría en cuanto a que su uso esconde otros significados o es usada desde la ideología, o inventar nuevos significados de aplicación de la categoría, o también inventar nuevas categorías, creo que en este último sentido iría el intento de Biagini y Fernández con el uso del neologismo neuroliberalismo, así explican el concepto los mismos autores: “…un objetivo clave del neuroliberalismo consiste en inculcarle a la población una identidad postiza: la idea o el sentimiento de que la desregulación y las privatizaciones sean vistas como lo mejor para todos” y agregan  
“A quienes sufren de una monstruosa desocupación se les asegura que quedarse sin empleo no constituye un mal en sí mismo sino que ello permite abrirse “hacia otros horizontes”, que los empresarios resultan dignos de respeto o que aquel que no trabaja es un vago empedernido, mientras se machaca continuamente que la salud y la enseñanza deben jugarse como servicios lucrativos sin más” (Biagini y Fernández, 2014. 24).
6. Con menos pretensión política encontramos la temprana crítica a Von Hayek que elaboraba el filósofo chileno Jorge Millas la cual se encuentra fundada en su profunda concepción humanista de la tarea intelectual. Como lo ha recordado el filósofo chileno Maximiliano Figueroa en un capítulo titulado “Crítica al neoliberalismo de Friedrich Von Hayek” en su libro “Jorge Millas. El valor del pensar” (2011), donde recuerda y aclara la crítica del filósofo chileno desplegada en la década del ochenta: “Es en este sentido que cabe entender el desafío histórico que Millas considera que la actual sociedad debe enfrentar: atenerse a la lógica de una sociedad de libres competidores o forjar una sociedad de hombres realmente libres” (Figueroa, 2011. 195-196). El desafío que Millas visualiza es la tarea humanista para la recuperación de Chile posdictadura. El problema fundamental para el humanista chileno está en que desde el neoliberalismo de Von Hayek la cuestión de la libertad para todos no está asegurada en el mercado, por lo tanto es un mito engañoso, Figueroa nos recuerda de manera textual un comentario de Millas: “…no hay libertad de mercado para todos los miembros de la comunidad social, aunque a nadie se le prohíba concurrir y aunque exista una regla general de no interferencia en las posibles acciones de concurrencia. Tales acciones son sólo lógicas, pero no realmente posibles para todos” (Figueroa, 2011. 180). Sentencia Millas que la filosofía de Von Hayek no tiene como centro la libertad, su preocupación esencialista sería por el mercado: “…lo determinante para él no parece ser la libertad misma, sino el régimen capitalista. Es ésta la piedra de toque de todo el sistema. No es la libertad la que sirve de medida al capitalismo, sino éste a aquella” (Figueroa, 2011. 190).
Bibliografía
Acosta, Yamandú. Filosofía latinoamericana y sujeto. Caracas: El perro y la rana, 2008.
Biagini, Hugo; Fernández, Diego. El neuroliberalismo y la ética del más fuerte. Buenos Aires: Octubre, 2014.
Devés, Eduardo. El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Buenos Aires: Biblos, 2008. (Primera Edición 2003)
Fernández, Osvaldo. Itinerario y trayectos heréticos de José Carlos Mariátegui. Santiago de Chile: Quimantú, 2010.
Figueroa, Maximiliano. Jorge Millas el valor de pensar. Santiago de Chile: UDP, 2011.
García de la Huerta, Marcos. Reflexiones Americanas. Ensayos de intrahistoria. Santiago: LOM, 1999.
García Linera, Álvaro. Socialismo comunitario. Un horizonte de época. La Paz: Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional, 2015.
Gómez, Ricardo. Neoliberalismo, fin de la historia y después. Buenos Aires: Punto de Encuentro, 2014.
Rebellato, José Luis. La encrucijada de la ética. Montevideo: Norman, 2000. (Primera edición 1995)
Roig, Arturo. Rostro y filosofía de nuestra América. Buenos Aires: Una ventana, 2011.
Roitman, Marcos. Democracia sin demócratas y otras invenciones. Madrid: Sequitur, 2011. (Primera edición 2007)
Romero, Sergio. Escritos circunstanciales, pensamiento situado. El Elqui: Albricia, 2014.