Gustavo Márquez Marín | La aplicación de la teoría del “anclaje cambiario” inspiradora del
actual modelo de control de cambio creado supuestamente para abatir la
inflación, ha provocado una sobrevaluación artificial prolongada de la moneda y
una dolarización de facto de la economía. Si bien el control de cambio suele
ser una medida transitoria, pertinente en circunstancias como la sobrevenida
por el sabotaje petrolero que amenazaba con hacer colapsar la economía. Su
implementación no evitó la depreciación monetaria ocasionada por el diferencial
inflacionario con los socios comerciales. Tampoco logró bloquear la fuga de
capitales ni abatir la inflación. Pero sí estimuló y facilitó una corrupción
espantosa, forjadora de un inmenso hueco fiscal de más de 20 mil millones de
dólares, que hoy gravita sobre la crisis que padecemos los venezolanos.
No fue realista suponer que todos los comerciantes y
empresarios a los que les asignaron dólares CADIVI, por su propia voluntad
dejarían de actuar bajo la lógica del capital para maximizar la extracción de
la renta petrolera. Ni que los “controles” dejarían de ser aprovechados por
algunos funcionarios corruptos como peaje para obtener una jugosa tajada.











