“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

4/3/09

Íngrid: Tú nos enchabaste la Reforma Constitucional


También me engañó como un pendejo, pero le digo: “usted abusó, abusó”


Hay historias en toda la literatura universal de lo que generalmente se conoce como mujeres pérfidas. No sólo por la connotación de deslealtad, infidelidad, traición, sino que son calculadoras, frías. Íngrid es todo eso y mucho más. Desgraciadamente ahora, después que fue liberada fue cuando pudimos a empezar a darnos cuenta de la catadura moral, ética y espiritual de esa dama, que se dio el lujo de vacilarse hasta el mismísimo Secretariado de las FARC, y todo por saciar sus apetitos, entre los cuales estaba el de la notoriedad.

Ese “secuestro” de Ingrid Betancourt es muy extraño, complejo, y cada día me parece más inusitado. Las historias no cuadran. Nada encaja dentro de los parámetros, digamos usuales, porque la dama de marras no fue secuestrada: ella mismo se fue a entregar a las FARC. Es más que sabido que ella viajo sin protección alguna a San Vicente del Caguán, dizque “para reunirse” con unos amigos y como resultado se encontró con una patrulla de las FARC que hizo, lo que se llama en Colombia “una pesca milagrosa”. La primera engañada fue Clara Rojas, quien se sacrificó para acompañarla, sin saber cuáles eran los reales propósitos de Íngrid. Será por eso y otras “cosillas” que Clara “no la pasa”.

El “rescate” también fue inusual. A según, como dicen en Choroní, ni ella misma ni las FARC estaban enteradas del gran engaño que fue la llamada “Operación Jaque”.  Entre el secuestro y el rescate median historias que seguramente ruborizarán a un caletero del puerto de La Guaira, de acuerdo a lo que han contado sus propios “compañeros de infortunio”. ¡Vaya Íngrid!, resultaste una “chinvergüenchona” [1] mientras todos creíamos que tu “martirio” se equiparaba al de Edith Stein, conocida como Sor Teresa Benedicta de La Cruz, que fue arrestada en 1942 por la Gestapo junto a sus compañeras de convento (entre ellas su hermana Rosa) y llevada al campo de concentración de Amersfoort y después al de Auschwitz-Birkenau donde murió como judía y mártir de la fe cristiana.

Eso que hiciste, bueno, allá tú con tus hábitos y costumbres. Pero engañaste a todos, empezando por tu marido Juan Carlos Lecompte, el ilustre cornúpeta que andaba de aquí para allá buscándote; a Luis Eladio, al que no mas recobrar tu libertad le dijiste que si lo habías visto no te acordabas de él; a tu ex marido, Fabrice Delloye, a quien le hiciste creer que te recordabas de “aquello”; a los camaradas del Secretariado de las FARC que tanto te mimaron, te prodigaron afectos y cuidados, y que tú recompensabas ayudándolos en las requisas a los otros prisioneros; a tus hijos, Melanie y Lorenzo, a quienes pusiste a derramar mocos por todo el planeta; a tu madre, doña Yolanda Pulecio, que gemía como una magdalena, tanto así que llegó a conmover a nuestro Presidente, que como buen hijo que es, creía que estaba frente a un drama que no deseaba para doña Elena Frías.

Fue tal el engaño que fabricaste, que nuestro presidente descuidó la campaña electoral para lograr la aprobación de la Reforma Constitucional del año 2007, la que perdimos, por un pelo, pero la perdimos. Íngrid, tú nos enchabaste [2] la Reforma que tanto anhelábamos. Mientras la Oposición recorría calles y barrios con su mensaje miserable e inundaba los medios de comunicación con las consabidas mentiras, Chávez tenía que estar, ora en Francia hablando con Sarkozy, para unir esfuerzos y luchar juntos para librarte del cautiverio; ora con Piedad Córdova, orquestando los detalles de una eventual liberación; ora con los enviados de las FARC, etc.. Fueron días preciosos que se perdieron, fundamentalmente por ti, que resultaste a la postre, como dicen en México, una perfecta “hija de la chingada”.

Pero mucho me…., molesta…, el hecho de que yo también fui engañado por ti, mujer perjura, que me pusiste a escribir artículos de prensa que eran reproducidos por otros medios en Internet, hasta por la Agencia Bolivariana de Prensa (ABP, la agencia de las FARC), con lo que inevitablemente, me rayaste con el DAS, y ahora tengo el temor hasta de ir a Maicao o a Cúcuta, sino que me hiciste quedar como un pendejo. Bastante me lo decía mi madre, que no debía confiar en ciertas mujeres, cuya descripción me dejó con lujo de detalles, ¡pero no!, como siempre, no le hice caso. Yo creía que tú podrías haberte convertido en la Juana de Arco de Colombia, alababa tu conducta, etc., y ahora te desplazas con total desparpajo por playas tan apetecidas en todo el mundo, hasta en las islas Seychelles, exhibiendo tu cuerpo, que ahora vemos finamente torneado… Mejor no sigo porque podría sobrevenirme un síncope cardíaco.

Nota:      [1] Chinvergüenchona es una palabrilla que en Venezuela se emplea para designar a las mujeres que asumen cierta conducta, que sin llegar a convertirse en comerciantes de su cuerpo, sí se valen de mañas o artificios para seducir al macho. Se usa tambien en género masculino, pero su significado es más benevolente y se transforma en simple picardía.

                [2] Enchabar: Perjudicar, molestar, hacer daño,

Para sacarme el guayabo que me dejó Íngrid, les dejo la canción “Vocé abusou”, de Vinicius de Moraes, interpretada por Toquinho en la guitarra y en la voz de una de mis favoritas: María Creuza