“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

20/4/12

La poesía, la política y la polémica / Günter Grass vs. el Estado de Israel

Gunter Grass
@ Jorge Fuentes
 
Demian Paredes

El escritor Günter Grass, de 84 años y autor de numerosos libros que retratan el sufrido siglo XX europeo (El tambor de hojalata –novela llevada al cine–, El gato y el ratón, Malos presagios, Mi siglo, entre otros trabajos) publicó hace algunos días un poema, que se difundió en varios idiomas en diarios y revistas de todo el mundo[1]. En Lo que debe ser dicho, Grass se pregunta: “¿[…] por qué me prohíbo nombrar por su nombre a aquel otro país donde hace ya años –aunque en secreto– hay disponible un creciente potencial nuclear si bien fuera de control, puesto que es inaccesible a cualquier inspección?” Y luego: “¿Por qué digo recién ahora, envejecido y con la última tinta, que la potencia nuclear Israel pone en peligro la ya quebradiza paz mundial? Porque debe ser dicho lo que ya mañana podría ser demasiado tarde”.

“Aquel otro país” es Irán, acusado por los países imperialistas (Estados Unidos, y el mismo Estado de Israel) de estar en busca de una bomba atómica propia. Grass denunció así el peligro de una conflagración nuclear en Medio Oriente, y la polémica se desató de inmediato.

El gobierno israelí condenó al escritor: el ministro del interior Eli Yisha (del partido ultra nacionalista Shas) lo declaró “persona non grata”, al mismo tiempo que el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo: “no sorprende que Grass declare que el único Estado judío del mundo es el mayor peligro para la paz mundial y que le niegue los medios para defenderse. Pero las personas decentes de todo el mundo juzgarán esas declaraciones ignorantes y rehusables”. Y el ministro de Exterior, Avigdor Lieberman, dijo que las afirmaciones del autor alemán son una “expresión de cinismo”.

En su país, Alemania, también hubo detractores: Dieter Graumann, presidente del Consejo Central de Judíos en Alemania calificó el poema de “panfleto agresivo”. “Sus apariciones para apoyar al SPD (Partido Socialdemócrata) quedan excluidas”, dijo Christian Lange, responsable del grupo en el Bundestag (cámara baja del parlamento), y los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) dijeron que es un “gran escritor”, pero que “siempre que se refiere a temas políticos tiene dificultades y casi nunca da en el clavo”. Y el diario Die Welt directamente publicó en portada una foto de Grass con el titular “El eterno antisemita”.

De conjunto, el sionismo utiliza, para defenderse de las denuncias del poema, el escándalo desatado en 2006/07, cuando en su libro autobiográfico, Pelando la cebolla, Grass confesó –tras tenerlo guardado 60 años– que había sido reclutado cuando tenía 17 años en la Waffen-SS de Hitler. Aunque Grass aclaró que el reclutamiento fue forzado, que él no tenía conciencia política, y que además no disparó un solo tiro, esta tardía confesión le significó una mancha –probablemente indeleble– a su reconocida carrera (premio Nobel de literatura 1999 incluido) de “memoria y conciencia crítica” de gran parte de Europa.

De ahí los ataques a Grass, quien por el momento no retrocedió: en un par de entrevistas dijo: “Si Israel ataca instalaciones atómicas de Irán, supuestamente con las llamadas bombas normales, convencionales, podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial”. Respecto a Irán, calificado en el polémico poema como un país con un pueblo “subyugado por un fanfarrón”, dijo que “hasta ahora no se ha probado que Irán posea la bomba atómica o un sistema de misiles de largo alcance”. Por ello el pedido de que ambos países se sometan a inspecciones de organismos internacionales. E incluso denunció que su propio país, con el tristemente célebre pasado de haber prohijado al nazismo, sea en la actualidad el tercer exportador de armas del mundo. “Es una vergüenza”, dijo.

También hubo varias defensas del escritor. El ministro del Salud del gobierno alemán, Daniel Bahr, calificó de “absolutamente exagerada” la prohibición de que Grass entre a Israel. Jan van Aken, de Die Linke (La izquierda), llamó “medieval” la decisión. Y Renate Knast, del bloque Verde en el parlamento alemán dijo: “Es una pena que Israel reaccione así y que no se discuta lo que dice Grass”[2]. Y por su parte, el historiador israelí Tom Segev dijo: “Israel se aproxima a regímenes fanáticos como Irán”. De conjunto hubo alineamientos a derecha y a “izquierda”, aunque lamentablemente este último sector no se pronunció claramente contra el Estado socio del imperialismo yanqui, gendarme imperialista de Medio Oriente; ni en la defensa de los palestinos expulsados de sus tierras, reprimidos y acribillados por el ejército de ocupación. Sí por la defensa “políticamente correcta” de que no se censure al escritor y se lo deje expresar.

Cabe recordar que Israel utilizó varias veces el anatema y prohibición de ingreso a “sus” territorios: en 2010 Noam Chomsky quedó varado en la frontera con Jordania sin poder entrar, y la Nobel de la Paz irlandesa Mairad Maguire, que había viajado al país para reunirse con activistas pacifistas, luego de una semana de detención, fue expulsada. Y en 2011 cientos de activistas propalestinos tampoco pudieron acceder a Cisjordania. Hasta el director de orquesta argentino Daniel Barenboim sufrió represalias del Estado de Israel, cuando tocó en aquel país, en 2001, a Richard Wagner, rechazado por sus ideas antisemitas. Hubo entonces pedidos para declararlo “persona non grata”, pero al final no se concretó. Con esa misma prepotencia, el Estado de Israel pidió a la academia sueca que se le retirara a Grass el Premio Nobel, cosa que fue rechazada.

Ahora bien, ¿alcanzarán la denuncia y el pedido de Grass, en una situación de crisis económica internacional, con países imperialistas sumidos en crisis políticas y militares (tanto Estados Unidos como Israel fuertemente cuestionados en Medio Oriente, sin poder “asentarse” como gendarmes del mundo), para detener el guerrerismo y la destrucción? Segura y lamentablemente no. Pero los “alertas” de los artistas, su intervención en la arena pública tienen valor propio, como aporte a las “causas justas” por más que, muchas veces, o en muchos aspectos, propongan soluciones utópicas (es decir, irrealizables, pasibles de ser trampeadas por diversas políticas burguesas). Con todo, bienvenido sea el poema de Grass, que (re)abre el debate acerca de la situación en esa convulsiva zona del planeta, y del rol imperialista del Estado de Israel.

Notas

[1] Por ejemplo The New York Times (Estados Unidos), Süddeutsche Zeitung (Alemania), El País (España) y La Repubblica (Italia). Yo utilizo en esta nota la traducción del escritor Ariel Magnus publicada el 8/4 en el suplemento Radar Libros del diario Página/12.

[2] En un sentido similar, Der Spiegel llamó la medida “un intento de censura”: “El efecto podría ser que en el futuro los intelectuales extranjeros reflexionen sobre si deben ser críticos cuando expresen su opinión sobre los temas relacionados con Israel”.
http://www.ips.org.ar/?p=5033