“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

10/10/12

Democracia en América Latina / La transparencia del proceso electoral venezolano

Álvaro Cuadra

Especial para La Página
El reciente triunfo de Hugo Chávez en Venezuela ha suscitado una retahíla de comentarios alrededor del mundo, sea para manifestar molestia o alegría ante el amplio resultado obtenido. Lo primero que llama la atención es la transparencia del proceso electoral venezolano, pues aunque muchos se resisten a reconocerlo, lo cierto es que ha sido la amplia mayoría de un pueblo la que ha respaldado la llamada “revolución bolivariana” y como han señalado muchos analistas, hay razones claras y objetivas para ello.

Un segundo aspecto que es bueno recalcar, aunque muchos se niegan a aceptarlo, es que el proceso venezolano se ha desenvuelto por más de una década en un contexto democrático. En este sentido, la singular transformación bolivariana está mostrando que en América Latina lo más profundamente revolucionario, en el presente siglo, es realizar los más genuinos valores democráticos proclamados por nuestros próceres. El ideario democrático ha sido históricamente la mejor herramienta para resistir y transformar las estructuras oligárquicas que caracterizan nuestro continente.

Los grandes logros democráticos y populares se han dado entre nosotros cuando el concepto mismo de “democracia” se ha entendido como “transformación social”, así fue  con don Pedro Aguirre Cerda a la cabeza del Frente Popular en 1938, así fue en 1970 con Salvador Allende y la experiencia de la Unidad Popular. Por el contrario, las oligarquías se han sostenido en el poder manipulando un “déficit democrático”, sea aboliendo, condicionando o limitando la expresión popular, como ocurre hoy en Chile mediante la imposición de una constitución de facto.

El triunfo en las urnas de Hugo Chávez no puede ser leído tan solo como el triunfo de una figura carismática, se trata, en rigor, de la voluntad soberana de millones de venezolanos que se han pronunciado por un país más equitativo, soberano y justo. América Latina ha sido, y sigue siendo, el escenario de una pugna histórica y política que enfrenta una tradición oligárquica que hoy se viste de ropajes neoliberales para desplegar una modernización capitalista que perpetúe su hegemonía y una forma inédita de sociedad en que los pobres tengan derecho a la educación, a la salud, a la previsión, a su propia dignidad como seres humanos en una nación libre, democrática y soberana.

Nuestra América está dando muestras de madurez histórica y política, instituyendo procesos democráticos en diversos países, es el caso de la “revolución ciudadana” en Ecuador encabezada por el presidente Rafael Correa  y los esfuerzos de la presidenta Cristina Fernández por salvaguardar la soberanía argentina, solo por mencionar algunos. Cada nación da cuenta de sus peculiaridades, de su propia historia, sin embargo la frustración de generaciones es la misma, el anhelo es el mismo. La lección es clara, a nosotros latinoamericanos nos asiste el derecho y el deber de construir nuestra democracia para dejar de ser la región más desigual del planeta y ocupar el lugar de dignidad que nos corresponde en el mundo actual.