“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

18/3/12

El evangelio, según Fidel Castro

El líder cubano plasmó su 'ideario religioso' en un libro del dominico Frei Betto. La madre de Fidel y Raúl Castro rezaba a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba muy venerada, para que triunfara su revolución.

Pedro Ontoso

Fidel Castro considera que Benedicto XVI es «una buena persona, que tiene cara de ángel», sin entrar a valorar su magisterio o su pontificado. Así se lo confesó a Tarcisio Bertone, cuando el secretario de Estado del Vaticano visitó la isla caribeña hace varios años. Es previsible que el papa se entreviste con el comandante y es probable que éste asista a la misa que se oficiará en la Plaza de la Revolución. El pontífice aterriza el próximo lunes 26 en la Cuba de Fidel, abanderado en su día de la Teología de la Liberación, un movimiento perseguido por Ratzinger cuando se encontraba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Pero el Vaticano y Cuba viven tiempos nuevos, pese a que la Santa Sede mantenga la excomunión de Fidel Castro, de la que ahora se han cumplido cincuenta años. El papa Juan XXIII aplicó esta pena el 3 de enero de 1962, después de que el máximo líder cubano se declarara marxista-leninista y anunciara que conduciría a Cuba al comunismo en su histórico discurso del 2 de diciembre de 1961. Juan XXIII no era un enemigo de Cuba y, de hecho, realizó un potente llamamiento a la paz en plena crisis de los misiles para mediar entre J.F. Kennedy y Nikita Kruchev. La pena de excomunión había sido establecida por Pío XII a través de un decreto de 1949 para quien difunda el comunismo. Además, 'el papa bueno' tenía que hacer frente al régimen de Castro por el cierre de escuelas religiosas y la expulsión de más de un centenar de sacerdotes.

Teología de la Liberación

Benedicto XVI realizará una visita a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba desde que fue coronada por Juan Pablo II ante 200.000 personas en 1998, y muy venerada por una parte importante de la población. La madre de Fidel y Raúl Castro era gran devota de esta virgen y le ofreció una medalla para que protegiera a sus hijos durante los años de la revolución, en la que participaron muchos católicos.

En efecto, la revolución liderada por Castro se había proclamado socialista y más tarde el Estado se calificó de ateo, hasta que en 1992 esa definición fue sustituida en la Constitución por la de laico. Pero los Castro habían bebido en fuentes cristianas -Fidel se educó con los jesuítas- y el poso ha permanecido. En una América Latina muy pegada a la religión -y a las sectas- y con idearios cristianos muy progresistas como se visualizaron en cumbres episcopales como las de Puebla o Medellín -la opción preferencial por los pobres-, Fidel Castro apostó por una estrategia común entre cristianos y comunistas.

El 'evangelio' de Castro se plasma en el libro 'Fidel y la Religión' (1985), que recoge 23 horas de conversación con Frei Betto, fraile dominico y uno de los padres de la Teología de la Liberación, que luego asesoró a Lula en el programa 'Pobreza Cero' en favor de las clases más desfavorecidas de Brasil. Del libro de Betto, que bautizó la revolución como «una obra evangélica» se vendieron más de un millón de copias en todo el mundo.

En su diagnóstico, Fidel Castro se desmarca del mensaje de que la religión es el opio del pueblo, y sostiene que «se puede ser marxista sin dejar de ser cristiano». El líder cubano se apunta a una moral de ética cristiana, basada en aspectos como el respeto a la familia, la honradez, la caridad o el amor al prójimo, y destaca que en asilos y hospitales «trabajan, hombro con hombro, las monjas y los comunistas».

Pero, sobre todo, Fidel Castro defiende a los teólogos de la liberación, como «abanderados de ese acercamiento de la Iglesia a los pobres, al pueblo» y proclama que «lo mejor de la historia del cristianismo está en absoluta contradicción con los intereses del imperialismo». Insiste, de manera repetida, en la oportunidad de una visita del Papa, que califica de «paso valiente».

En las reflexiones no se habla del respeto a los derechos humanos o de los presos de conciencia. El Vaticano y la Iglesia cubana -el exministro Moratinos también ha jugado un papel importante- han impulsado una apertura progresiva de Cuba, facilitando espacios inéditos de diálogo, que han propiciado, por ejemplo, la excarcelación de presos políticos del Grupo de los 75.
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