“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

9/6/12

De monocultivos y motines de indios en Guatemala

Víctor Vásquez [Guatemala] Corte de café
Carlos Maldonado

Especial para La Página
Guatemala sigue teniendo una estructura agraria de corto monocultivista. Y, para respaldar lo dicho, hace pocos días se acaba de elegir la nueva junta directiva de la Cámara del Agro así: José Santiago Molina, representante del sector de la palma africana; Ricardo Villanueva del sector cafetalero y Francis Bruderer del sector bananero, como vicepresidentes; Rodolfo García del sector ganadero y Álvaro Ruiz del sector de la azúcar como secretario y tesorero, respectivamente.

Los sectores representados, son los que absorben el mayor porcentaje de las mejores tierras cultivables para convertirse en latifundios sin que esto resulte en mayor valor agregado que, no solo sigue generando una masa laboral sin mayor tecnificación, sino tampoco aportan a la economía una cantidad sustancial de empleo. Eso sin contar el peor salario de la sociedad. 

Además, tras esa concentración histórica de tierra en pocas manos se cuecen muchos relatos dramáticos de usurpación violenta y leguleya contra comunidades enteras que fueron desplazadas y expulsadas de ellas, cuyos miembros se convirtieron de la noche a la mañana en proletarios agrícolas luego de ser propietarios cuya nueva relación se caracteriza por la sobreexplotación y la miseria. Condiciones que en su real concepto son las que prevalecen en su esencia en el campo guatemalteco desde la llegada de los españoles a estas tierras hasta hoy. Las mismas que han y aún provocan los conflictos agrarios pues después de la firma de una paz virtual no hubo más que una pantomima de repartición de tierras en relación al tema agrario donde la oligarquía se reservó para sí las mayores y mejores mientras algunas tenidas por ella como de menor calidad por su improductividad y mayor trabajo para convertirlas en laborales, fueron dadas a las comunidades. Ahora éstas, no solo soportan la incapacidad de poder competir en el mercado productivo por su carencia de capital sino también deben sobrellevar una deuda bancaria que este sector vampírico les impuso por ellas. Negocio redondo para los traficantes de esta región del mundo que a la par consiguieron una imagen de “generosos”.

El campo sigue sufriendo las más férreas contradicciones de la sociedad guatemalteca. En él se ubican las mayores carencias de los ciudadanos que habitan en él. Sus pobladores resisten bajo las inclemencias climáticas que los pueden despojar de todo en un momento; también, de enfermedades que en las urbes son más fácilmente manejadas, aún en las áreas más abandonadas de éstas. Y, aunado a ello, sus tribulaciones se ven sumadas por un trabajo duro y mal pagado. En el campo es donde se pagan los peores salarios del país. Tanto, que los trabajadores se ven compelidos a llevar a sus familias enteras para que los ayuden en las labores campestres y así poder sumar unos cuantos pesos que ajusten su precario presupuesto diario de sobrevivencia.

Obvio, la magnate Junta Directiva de la Cámara del Agro tratará de sumar más capital a sus miembros a través de la superexplotación de los jornaleros; tratará de darle una lavada de cara a su primaria actividad por medio de la ubicación de unas cuantas clínicas y escuelitas para los sempiternos enfermos e hijos de los fantasmas que dejan su vida en sus plantaciones, mientras  revisan los catálogos sin decidirse por el yate más lujoso y cómodo que los haga gozar de sus próximas vacaciones por el Caribe.

Mientras se sirven otro trago de whisky para soportar esa tediosa selección, el campo hierve de rebeldía. Pero bueno, para eso se están armando de nuevo los destacamentos militares. Para sofocar cualquier motín de indios. Para eso financiaron al general ex insurgente que les garantiza su estabilidad como clase y rémora social.

Lo que no captan en su justa dimensión estos magnates, es que las épocas son distintas. Ahí está la diferencia. Y, que el campo y la ciudad se han despertado.