“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

9/3/12

Lenguaje sexista y RAE (el árbol que no permite ver el bosque)

Pedro Reyes

No es habitual que un medio de comunicación escrita dedique un espacio tan relevante a un artículo de opinión como el que dedicaba en su cuadernillo “Domingo” el periódico El País (04/03/2011), al encabezado por el académico Ignacio Bosque y suscrito por un buen numero de académicos de la RAE, que doy por reproducidos y que figuran como firmantes. Tampoco lo es, que las opiniones vertidas en el mismo vengan avaladas por el estudio previo de distintas guías para la utilización no sexista del lenguaje publicadas por otras tantas instituciones. Sin duda ese trabajo previo confiere un rigor a lo manifestado, aunque bien es verdad que tiempo han tenido.

El informe está llamado a crear polémica, por el tema que aborda, que trasciende las formas y por la declaración de intenciones que formula ya en el encabezado al manifestar, que las guías estudiadas “proponen que se difundan usos lingüísticos ajenos a las prácticas de los hispanohablantes, con la intención de dar mayor visibilidad a la mujer en el idioma”.

La formulación misma lleva implícitas las preguntas que el diario El País ha formulado a continuación en aras a extender el debate. ¿Se confunde el sexo y el género en el idioma? ¿Es necesario o vale la pena alterar la gramática?

A mi juicio, las respuestas están claras. Probablemente. Rotundamente sí.

Se está convirtiendo en habitual en el debate público en España la enorme polvareda que levantan las distintas Academias con sus actuaciones, tanto en su competencia profesional como en las opiniones que de forma más o menos colegiada emiten sobre temas con una clara proyección social. La Academia de la Historia, la de las Ciencias Audiovisuales, ahora la RAE. Es probable que su empeño en tratar corporativamente problemas que tienen una clara raíz política esté en el origen de todas las controversias.

En el caso que nos ocupa es meridianamente claro, el debate no es lingüístico y lo más sorprendente es que los académicos confundan lengua con lenguaje.

La lengua identifica la realidad, el lenguaje la construye y, si la construye tiene el poder de perpetuarla o modificarla, una distinción que modestamente interesa al debate. De haber hecho esta distinción, posiblemente los firmantes no hubieran cometido el error de analizar el todo por la parte, es decir en vez de sesgar su posición hacia la descalificación global de las guías por su uso no siempre correcto del desdoblamiento de los géneros, o por su excesivo celo, a veces imposible, por la corrección del genérico masculino en aras a una mayor visibilización de la mujer, si hubieran seguido el camino inverso de analizar la parte por el todo, probablemente hubieran contribuido con su sabiduría a mejorar el conjunto de las guías analizadas, cuya intención era, contrariamente a la opinión de los académicos, dar mayor visibilidad a la mujer en la realidad, no en el idioma.

Pero elegir el camino de la parte por el todo, hubiera exigido que la Academia de la lengua se preguntara cual es su parte de responsabilidad en la primera de las premisas que formula brillantemente el profesor Bosque, donde habla con alarma de discriminación de las mujeres, de violencia domestica , de acoso sexual, de diferencias de trato salarial, de desigualdad en la distribución de las tareas domesticas, problemas de los que no parece sentirse concernido, al menos como miembro de la institución que representa, permitiéndose el lujo de endosar alguno de ellos a la “autoridad competente”.

¿Es que la Academia no tiene nada que decir de la utilización del lenguaje como instrumento de poder y de dominación, común a cualquiera de las culturas conocidas? ¿Es que el lenguaje no asigna espacios centrales o periféricos, posición, status y prevalencia social? ¿Dónde están los documentos que, fieles a la pureza de la lengua, contribuyan a erradicar la discriminación a la que el lenguaje somete a las mujeres en España?

Precisamente porque el debate no es lingüístico, lo que empieza siendo un artículo de enorme interés, se convierte en algo tedioso, en el que a partir del punto 7 el profesor Bosque insiste una y otra vez en elevar la anécdota a categoría, desde que “Juan y María viven juntos” hasta que Margarita Salas se sienta orgullosa de pertenecer a la nómina de los “cientificos”.

Al mismo tiempo, algo se ha señalado en el encabezamiento de este articulo, volver sobre la polémica a estas alturas resulta a todas luces extemporáneo, la controversia ya se produjo y con cierta intensidad, con motivo de la publicación de las guías, ahora objeto de estudio por parte de la Academia, hace aproximadamente diez años.

El retraso solo puede deberse a la pereza con que la RAE suele reaccionar a la hora de incorporar a sus debates y a sus resoluciones, aspectos que en la calle hace mucho tiempo adquirieron notoriedad. Lo realmente útil hubiera sido dirigir la investigación a analizar si las guías para la utilización no sexista del lenguaje, excesos incluidos, han contribuido en alguna medida y como lo han hecho, a una mayor visibilización de la mujer en el espacio público relacional, un objetivo irrenunciable de las mujeres españolas en su justa lucha por la igualdad.

Lo cierto es que hoy a resultas de esa polémica de hace diez años, se han producido tímidos avances en ese esfuerzo de la visibilización y su relación con el lenguaje.

Cuesta menos trabajo hablar de juezas porque lo son, o de científicas porque también lo son, o de investigadoras y de trabajadoras. Algunos medios de comunicación, se han ocupado del tema, seguro que de manera insuficiente y todavía sesgada, pero con algún signo de intentar al menos, un tratamiento más respetuoso hacia las mujeres en sus informaciones. Y todo ello sin menoscabo de la calidad literaria, como ha podido constatar el señor Bosque en el repaso que ha hecho de los textos de escritoras, periodistas y científicas españolas de reconocido prestigio.

Un informe de esa naturaleza hubiera sido el pertinente en marzo de 2012, en vísperas de la celebración del día internacional de la mujer trabajadora.

Pero no se le pueden pedir peras al olmo. Los académicos siguen a lo suyo afectados por el mal del SQUM (sensibilidad química múltiple), una especie de alergia a multitud de agentes, que la OMS todavía no reconoce como patología, pero que impide a quienes la padecen tomar contacto con el exterior.

Eso siendo muy generosos, si fuéramos malintencionados pensaríamos que el momento elegido por la RAE para publicar este informe no es casual y viene a coincidir con una corriente reaccionaria de puesta en cuestión de las conquistas de las mujeres en España durante los últimos 40 años. Los ministerios de Justicia y Sanidad han corrido para abanderarla, ¿Por qué razón Cultura iba quedar a la zaga?, la veda está abierta.

Señores de la Academia, para muchos de ustedes puede ser traumático no tratar el articulo como realmente se merece, pero desgraciadamente no estamos en esas, la cosa es un poco mas apremiante y decisiva, la visibilización real de las mujeres todavía cuesta vidas en España, demasiadas, la pureza del lenguaje que ustedes defienden, en estas circunstancias, se convierte es una coartada más en la que se refugian quienes se resisten a aceptar una realidad de plena igualdad entre hombres y mujeres.
http://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-reyes