“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

28/12/12

Sartre y Spinoza explicados con Sor Juana, ¿o al revés?

Sor Juana Inés de la Cruz
✆ Joseph de la Torre
Eduardo Zeind Palafox

Especial para La Página
El siguiente escrito es únicamente un humilde esbozo que me servirá para comprender mejor dos libros que actualmente estoy memorizando en su totalidad, a saber: ‘El ser y la nada’ de Sartre y la ‘Ética’ de Spinoza. Estoy en calzoncillos, fumo y medito. Espero que mis lectores gocen la siguiente diatriba contra la cordura.

Estudio estos dos libros por las sencillas razones siguientes: el primero explica la existencia funesta que vivo día a día, mientras que el segundo me ayuda a desanudar los problemas que llevo en la cabeza, llamados mitos. Advertido el lector, sea quien sea, empiezo.

El soneto 165 de Sor Juana empieza así: "Detente, sombra de mi bien esquivo". La poetisa habla de una "opacidad", de algo que se ve como nublado o difuminado y que se mueve. ¿Para qué sirve que nuestros ojos perciban sombras? ¿Servirá acaso para crear sistemas de coordenadas que nos permitan identificar nuestros objetivos? ¿Cómo le hago para pasar entre dos automóviles sin chocar? ¿Confían las aseguradoras automotrices en nuestro entendimiento y en nuestra percepción? ¿Hay expertos en racionalismo en GNP?

Quiero conocer cómo razonamos. Cito la Definición I de la ‘Ética’ de Spinoza: "Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o, lo que es lo mismo, aquello cuya naturaleza sólo puede concebirse como existente". Spinoza habla de una esencia que lleva en sí misma la existencia, es decir, habla de una masa que tiene o hace su forma propia. Una piedra con forma de hombre, o mejor dicho, una piedra que es pétrea por dentro y por fuera sin perder su forma es, aparentemente, "causa de sí". Pero, ¿quién le ha dado esa forma?

Sigamos y citemos algo de ‘El ser y la nada’ de Sartre (Introducción: ‘En busca del ser’): "El pensamiento moderno ha realizado un progreso considerable al reducir lo existente a la serie de las apariciones que lo manifiestan". Resulta que la "sombra" es una de las tantas formas (apariciones) que tiene el "bien", según el soneto de Sor Juana, para aparecer-se-r.

El "bien" aparece en forma de sombra, la cual implica la luz, según el concepto aceptado de "sombra". ¿Hasta dónde llega la existencia de la "sombra"? ¿Por qué la "sombra" puede mantenerse "sombreada"? ¿No quería Da Vinci un taller con paredes movibles para que la "sombra" no fuese esquiva? Sor Juana sabía que la sombra seguiría siendo lo que era sólo si se detenía, y escribió: "Detente". Pero una sombra detenida deja de ser asombrosa, y al dejar de serlo se hace finita.

Citaré a Spinoza (Definición II): "Se llama finita en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de su misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que es finito un cuerpo porque concebimos siempre otro mayor". Y luego sigue: "un cuerpo no es limitado por un pensamiento, ni un pensamiento por un cuerpo".  ¿Cómo es posible que la "sombra" sea limitada por la luz, siendo la "luz" un fenómeno esencialmente distinto o apartado de la "sombra"? ¿O será que la "sombra" no tiene "ser" y es únicamente un remanente de la "luz"?

Sor Juana dice: "Detente, sombra de mi bien". Veamos bien. Dice: "de mi bien". Sor Juana, creo, dice que "su" bien tiene "su" propia sombra, es decir, dice que el bien es algo "ensombrecido". Pero, ¿quién lo ensombrece? El movimiento, o mejor dicho, su aparición (aparecer, parecer, ser, perecer, toda una dinámica de la percepción).

Pero vamos a Sartre, que dice: "Las apariciones que manifiestan lo existente no son ni interiores ni exteriores: son equivalentes entre sí". Bien, tenemos entonces que el "bien" del que habla Sor Juana vale tanto como su "sombra". Si la "sombra" y el "bien" son equivalentes, como quiere Sartre, ¿qué hace que un ente encubra a otro?, ¿qué hace que un ente emboce o se trague a otro? Nuestro defectuoso entendimiento, que siempre toma seres o pareceres prestados para explicar lo "contingente".

Cuando vemos "luces" pensamos en electricidad, y no en la luz. Cuando vemos sombras pensamos en materias que impiden el paso de la luz, pero no en las sombras. ¿Por qué siempre pensamos en un "ser prestado"?, ¿por qué siempre queremos entender las cosas rebotando conceptos unos con otros? Porque nos creemos jugadores de billar. Sor Juana, para parar el juego y no confundirse, dice: "Detente".

Lo que perdura en la movilidad es substancial, es esencial. Dice Spinoza en su Definición III: "Por substancia entiendo aquello que es en sí y se concibe en sí, esto es, aquello cuyo concepto, para formarse, no precisa del concepto de otra cosa". ¿Necesita la "sombra" un poco de luz para crear el concepto de sí misma? Sí.  Aclaremos: ¿podemos pensar en la "sombra" sin pensar en la "luz", y viceversa? Podemos pensar en la "luz" sin pensar en la sombra, pero no al revés.

Podemos decir que "aparece" la "luz" (hasta la Biblia lo dice, y eso que la Biblia dice muchos disparates), pero no podemos decir que "aparece" la "sombra". Creo que lo correcto sería decir que la "luz" hace que la "sombra" desaparezca, pero no decir que la "sombra" se ha tragado la "luz". Decir lo último es hablar como poetas.

"Pues el ser de un existente es, precisamente, lo que parece", dice Sartre. Sor Juana quiere que la "sombra", que es un residuo, se detenga, pues quiere cribar la "sombra" para encontrar el "bien", quiere asimilar la totalidad de las cosas, totalidad que incluye lo adecuado y lo inadecuado, como diría Spinoza y como diría después Marx (Descartes ha dicho que el error también es parte del saber).

Tal vez Sor Juana pensaba como Spinoza, quien creía que las substancias sólo podían ser conocidas a través de sus atributos (el "bien", en el soneto de Sor Juana, es abordable sólo gracias a la "sombra" que genera). Dice Spinoza (Definición IV): "Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de una substancia como constitutivo de la esencia de la misma". Sor Juana percibe con su entendimiento que el "bien" se mueve dejando "sombra" detrás de él. Pero la sombra no es fácilmente "aprehensible". ¿Cómo le hizo Sor Juana para detener "la sombra" de su "bien esquivo"? Pues recreando "la imagen del hechizo" de la "sombra" en su cabeza.