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Immanuel Wallerstein | Son
casi siempre malas noticias que los ejércitos estén en el poder. En Egipto, el
ejército ha sido la fuerza que decide desde 1952. La reciente destitución del
presidente Mohamed Mursi por el ejército egipcio no fue un golpe de Estado. No
se puede cometer un golpe de Estado contra uno mismo. Lo que ocurrió fue,
simplemente, que el ejército cambió el modo en que gobernaba Egipto. Por un
corto periodo, el ejército había permitido que la Hermandad Musulmana tomara
algunas decisiones de Estado limitadas. Cuando comenzaron a sentir que las
acciones del gobierno de Mursi podrían conducir a un incremento significativo
del poder de la Hermandad Musulmana a expensas del ejército egipcio, el general
Abdel Fattah el-Sisi decidió que ya era suficiente y actuó implacablemente para
incrementar el poder cotidiano del ejército.