“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

11/2/12

Datos sobre los Museos del Vaticano

Durante el Renacimiento, los Papas fueron los primeros soberanos en hacer públicas sus colecciones de obras de arte. Producto de ello, hoy día el Vaticano presenta una maravilla de casi siete kilómetros de galerías de exposición donde pueden apreciarse las más exquisitas obras de arte del mundo.

Fundado por el Papa Julio II al principio del siglo XVI, agrandado y enriquecido posteriormente por los siguientes pontífices, el complejo de museos vaticanos presenta una cantidad tal de obras que cubre cinco hectáreas, las cuales es imposible de apreciar en una sola visita.

9/2/12

El Caballo de Turín y Melancolía: Dos miradas del fin

La catástrofe, una vez más. Es un año propicio para la circulación del término: en él coinciden la profundización de la crisis sistémica y el momento indicado por las profecías mayas. Todo está en riesgo, pero sólo los bancos son rescatados. El cine de entretenimiento, útil para medir la temperatura ideológica, anticipó esta circunstancia en 2012 (2009), último ejemplar de un género practicado con asiduidad desde los setenta. Fredric Jameson ha escrito: «hoy día nos resulta más fácil imaginar el total deterioro de la tierra y de la naturaleza que el derrumbe del capitalismo». En esa línea, Slavoj Žižek ha analizado el cine catastrofista como un síntoma: sólo podemos concebir la transformación del orden social a partir de un desastre que impida la continuidad del sistema imperante. La clausura de la imaginación utópica.
Vea escenas de ambas películas

En el cine de catástrofes el renacimiento de la comunidad –o de la familia, en la evidente sintomatología edípica del género– ocurre después de la debacle. El fundamento narrativo: a pesar de todo, la vida humana continua. ¿Cómo leer, entonces, un filme cuyo final coincide con la extinción de la humanidad? La pregunta surge de dos admirables películas del año pasado, ajenas a las pulsiones del cine industrial: El caballo de Turín (A Torinói ló), de Béla Tarr, y Melancolía (Melancholia), de Lars von Trier.