“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

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30/12/12

De cara al Mercosur

Gustavo Márquez Marín

Especial para La Página
En la IV República,  el Plan de la Nación funcionaba como un instrumento de la élite dominante, para lograr que la asignación de los recursos se hiciese conforme a sus intereses. Detrás de la retórica modernizadora y  tecnocrática que lo moldeaba, subyacía la intención de reproducir un sistema  que en su esencia, le otorga  prioridad a los planes de negocios de  las corporaciones privadas por encima del interés  colectivo.

En su tránsito por el neoliberalismo, los gobiernos cuartorepublicano, propugnaron sin eufemismos la pulverización del Estado y demonizaron  la planificación centralizada supuestamente por “estar  plagada de ineficiencias” e interferir la sacrosanta “mano invisible del mercado”,  gestora de  un “progreso” globalitario empobrecedor.