“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

6/2/12

Proemio de mis ‘49 cartas al (aún) idioma español’

Con énfasis en la didáctica y en la defensa de su lectoescritura

Sergio Román Armendáriz   

Especial para La Página de Omar Montilla
“Mi libro no se produce en antesalas sino entre barriales y montaña”. Max Jiménez Huete, (San José, C.R., 1900 – Buenos Aires, Arg., 1947). EL JAÚL (novela). Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1937. (Pág. 8, de 162). [1]

No soy un cruzado ni un iluso. La asociación de usuarias y usuarios del castellano, a conformar, sólo servirá de lejano y mínimo contrapeso a la Academia de Madrid. Desde ahora, lo sé.

Menciono Madrid porque continúa, en cuestiones gramaticales, siendo la Real capital del antiguo imperio. Y menciono la academia porque allí se cocinan las decisiones lingüísticas. (Ya, en esa capital, sus miembros decapitaron la ‘ch’. Siguiendo tal ‘lógica’, en algún momento más o menos inmediato, lanzarán la ‘ñ’ y las tildes al despeñadero, para ir borrando –aun sin quererlo–, una a una, las singularidades de nuestra lengua materna. Cuando desaparezcan esas singularidades, ya no tendremos idioma, sino un amasijo blandito dedicado a los nuevos conquistadores. Pero tal imposición, no es inocua. Es ‘política’ porque el Poder atraviesa los distintos paisajes de la [in]comunicación verbal y verbo-icónica.)

Averiguar las razones o sinrazones de la academia, no es mi tarea.

Lo que se conoce, remite al acoso de catalanes, gallegos y vascos -de cerca-, y, -a lo lejos-, de yanquis y británicos y japoneses, beligerantes amos de la tecnología. Y, ahora, incluso, nos remite al acoso de los autoclasificados 'hispanounidenses' cuyos titiriteros mediáticos anhelan y, tácitamente, proclaman que el castellano se (mal) hable y se (mal) escriba al estilo gringoide,  (esto es, pretenden asesinar nuestra lengua despojándola de sus singularidades ortográficas, morfosintácticas y fonéticas), presión que conspira contra nuestra identidad. Pero, si seguimos la lógica de este laberinto (disculpen el oxímoron), lo peor aún no ha llegado pero llegará cuando la academia hispanounidense reclame, dizque amparada en el uso, que Madrid  acepte como legítimo ese atropello. Y, Madrid, lavándose las manos como siempre, dictaminará que los que quieran hablar y usar el castellano descuartizando sus sonidos y sus grafías naturales, pues, que lo hagan. Y los que no quieran seguir ese camino, que no lo hagan. 

Con razón se dice que la torre de Babel nunca fue derribada.

De allí, verbigracia, el subterfugio de apellidar ‘español’ al castellano y de pregonar, desde los ministerios de educación de la metrópoli y de algunas repúblicas amerindias, un bilingüismo sometido a la expansión ánglica que algunas veces es una máscara del bimudismo, porque nadie puede ser, a la vez, un idiota ‘en español’ y un talento ‘en inglés’, y viceversa, porque se trata de la actividad o pasividad del mismo cerebro [2], aunque se asuma que el bilingüismo es doblemente expresivo, pero nunca se acepte que sobre los escombros de la lengua materna se pueda generar su antípoda, el bimudismo.

Mientras tanto, el Instituto Cervantes con sus millones a lo Marco Polo, anda de turista por la China para enseñar español como segunda lengua... ¿a cuántos?, en vez de invertir aunque fuere un porcentaje de un solo dígito en el rescate y en la orientación de la enseñanza de nuestra lengua, ¡la de Cervantes!, que aún es oficial y materna en muchos países de Hispanoamérica. Aún es 'materna y oficial', pero... ¿hasta cuándo?

¿Qué nos une a esta bronca? ¡Nada!

Romper con Madrid es una urgencia, no sólo por cumplir románticamente con nuestro libertador espiritual, Andrés Bello (Venezuela, 1781 - Chile, 1865), sino por cuestiones pragmáticas pues, sabiendo ya que el cataclismo globalizador no sólo ahogará en un osado porcentaje cualquier lengua (en beneficio del dólar o del euro o del yen), nuestro deber es organizarnos para salvar del naufragio de cuatrocientos millones de hispano hablantes, por lo menos, un porcentaje diminuto, aunque ubérrimo, de un dos por ciento [3], señal que representa, en este instante del año dos mil doce, alrededor de ocho millones de personas.

De este modo, cabalgando sobre las múltiples opciones del espacio virtual y, cuando se pueda, del presencial (talleres, ferias, encuentros, etc.) debemos tratar de convertir esos ocho millones de castellanohablantes dispersos, por el mundo, en un mercado único y solidario, un nicho del emprendimiento y de la economía social, donde circulen en calidad de compraventa o de permuta, desde una canción y un libro hasta una representación escénica o un filme, pequeña muestra de la amplia gama de bienes y servicios que genera la constante creatividad y criticidad del pueblo. La fundación de cooperativas y organismos de mutua ayuda, verbigracia, sujetos a la legislación local, coronarán, con carácter federativo, este esfuerzo plural.

Hablo, pues, de la conformación de una asociación de usuarias y usuarios del castellano, con carácter federal, una célula o más por país, faena que debe incluir, las diez repúblicas de la América del Sur, las seis de la América Central, México en la América del Norte, Cuba y Puerto Rico en el Caribe, el segmento hispanizante del Brasil, el  saldo rescatable de la llamada migración hispanounidense, el rescoldo saharahui y guineoecuatorial en el África, y el filipino en el Asia, cada geo-unidad con sus pastores y pastoras libres en cuanto a iniciativas y a planes de acción pero férreamente confederadas alrededor de tres ejes distintos pero complementarios y un solo objetivo verdadero:

1.- La progresiva independencia lingüística de Madrid.
2.- El retorno provisional al diccionario de 1992.
3.- El énfasis en la enseñanza de nuestro idioma sobre todo en la escuela primaria.

Propongo, al margen, el estudio de la ‘Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos', 1847, (entiéndase, hoy, 'destinada al uso de los castellanohablantes en cualquier sitio del globo), estudio que constituye una especie de tratado y evangelio que firmó en Santiago de Chile, en 1847, don Andrés Bello. Y propongo, asimismo, el estudio comparado de aimara, castellano, guaraní, náhuatl y quechua.

Esta lid aparentemente es académica. En el fondo es: 1° POLÍTICA, en cuanto negociación de cuotas de poder, 2° NEURONAL en cuanto activación del lenguaje oral o escrito, y 3° ECONÓMICA en cuanto asegure la justa retribución financiera a los esfuerzos intelectuales y materiales que integran la base de una industria cultural en expansión.

La denominación dispuesta para el debate podría ser ‘indocastellano’ o ‘amerindio’ u otra que el consenso indique. La primera goza de mayor precisión pero aún proclama el sometimiento a Madrid. La segunda, es imprecisa en cuanto a la correspondencia entre texto y contexto, pero no deja lugar a dudas acerca de la ruptura definitiva con la actual capital de ese conglomerado de naciones que todavía se llama 'España'. 

¡Así, salvaguardando nuestra herencia de comunicación y ampliando su partitura con las lenguas ancestrales y, a la par, modulando las finanzas autónomas, completaremos la independencia que la ausencia de libertad económica y de equidad social, nos marcó con puntos suspensivos desde los comienzos del occidental siglo diecinueve!

He aquí el sentido y la tarea de este libro.

Notas

[1] Max Jiménez Huete (San José, 16 de abril de 1900 / 3 de mayo de 1947, Buenos Aires).  /  MJ explica que el jaúl es (¿o era?) un árbol típico, caracterizado por su madera inferior que, dada esta condición, resultaba barata y, por eso, con ella se fabricaba el ataúd de los campesinos y demás ciudadanos pobres. / Estos datos pueden constituir una metáfora de lo que, al comenzar esta centuria, le está ocurriendo al léxico, a la morfosintaxis, a la ortografía y a la prosodia que -aún- compartimos a pesar de los gobiernos criollos y de Madrid que, a dúo, por indiferencia o por errados cálculos o por hipnosis, ceden nuestra primogenitura lingüística a cambio de un plato de lentejas (en alusión al pasaje bíblico que ilustra la disposición de entrega, en este caso, -del castellano- a catalanes, gallegos y vascos, y al cancerbero del Poder universal: Washington, Tokio y Bruselas).  
[2] Es explorable la posibilidad de una educación que, guiada por un pragmático sentido de unidad cultural y económica indocastellana o amerindia, desemboque en un bilingüismo (no, en un bimudismo) a establecerse gracias a nuestras raíces vernáculas (aimara, guaraní, náhuatl, quechua, etc.)en sus respectivos ámbitos de influencia, de lo cual, Paraguay es un excelente ejemplo. / Se recomienda la lectura de: Sagan, Carl. Los dragones del edén (la evolución de la inteligencia humana). México, Grijalbo, 1984.
[3] Este dos por ciento fue raptado de un canal televisivo que, al azar, presentó la declaración de un joven venezolano, quien apuntaba que dicho porcentaje correspondía a un número equis de sus compañeros que sí se preocupaban por mantener la grafía y la pronunciación convencionales sin los apuros de eliminar o cambiar sílabas o sonidos (víctimas, la mayoría, del hechizo de la neotaquigrafía de los teléfonos celulares y de los ritmos onomatopéyicos), estudiantes extraviados en ociosidades dictadas por la moda y, además, apenas sostenidos en el borde de un paupérrimo vocabulario casi exclusivamente de procedencia coloquial e, incluso, de origen lumpen (situación que, en general, ignoran, pues no son culpables de haber nacido en esta época babélica.) /  Y si, por ausencia de la fuente ciberbibliográfica, la presente cifra no fuere confiable, se trata de una meta prudente. SR

Ubicación virtual de las ‘49 cartas...’
Las '49 cartas al (aún) idioma español' constan en www.sergioroman.com, página principal, franja superior, debajo de una imagen de Marilyn Monroe que sirve de señal: 
Cartas al idioma castellano
(con énfasis en la didáctica y en la defensa de su lectoescritura)

Asterisco final

No se trata de crear una iglesia, lo cual significa que luchando por los tres puntos señalados, los miembros (de la Asociación) pueden expresarse y actuar con libertad y con naturalidad, en todas las instancias de sus vidas, de la manera que crean conveniente. (2 de febrero, 2012).