“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

14/6/12

Guatemala / La Educación jamás puede ser cosa de oligarcas

A cuenta del editorial del diario Prensa Libre sobre el rechazo de los estudiantes y maestros a la propuesta de Reforma Educativa del Magisterio por parte del Ministerio de Educación en Guatemala

Carlos Maldonado

Especial para La Página
El editorial del 7 de junio de 2012, de Prensa Libre, el matutino de mayor circulación en Guatemala se tituló “Penoso rechazo a mejora educativa”, en el marco de las protestas estudiantiles de Escuelas Normales por la proposición de que los nuevos egresados del magisterio solo estudien dos años para obtener un título de bachiller como pase para obtener el de Profesor por cuyo título debían estudiar otros tres años en la Universidad. Rechazo no por la propuesta en sí, sino porque los estudiantes adujeron desconocerla pues, sencillamente, no fueron invitados a su discusión.

"Canto a mi Guatemala"
de José Ernesto Monzón
El editorial comienza atribuyendo a “la baja calidad educativa el mayor obstáculo para que Guatemala pueda dar los pasos necesarios que le permitan salir de su prolongado subdesarrollo”. Si bien es cierto que la educación posee una influencia directa sobre el rezago o no en el desarrollo, ésta no es más que una consecuencia de las orientaciones políticas que un gobierno le dé a un país. Y, los sucesivos gobiernos que el país ha tenido, a excepción ampliamente comprobada de los de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz Guzmán en la década de los 50’s del siglo pasado, a los demás les ha importado un bledo la educación de los habitantes de las clases bajas del país dejándolas a la deriva en cuanto a maestros, material y equipo e infraestructura. Abandono que sigue siendo latente. Una pequeña verificación ocular podrá dar cuenta de ello.

Y, esto que tiene que ver con independencia y soberanía, ha sido reducido a la mínima expresión pues la oligarquía nacional ha apostado por un modelo capitalista de plantación y extractivo que por su misma naturaleza monocultivista y primaria es dependiente y rudimentario. Ha entregado, ante el papel histórico que le ha señalado el imperialismo aunada a la falta de un emprendimiento capitalista propio, los recursos naturales y energéticos en bruto a las transnacionales, lo que ha derivado en que la fuerza de trabajo no tenga mayores rangos de conocimiento ya que la simpleza y rusticidad del trabajo no lo requiere así. No es necesaria una fuerza de trabajo tecnificada para sembrar la tierra, para cortar caña, para tapiscar café, para recoger los frutos de la palma, para trabajar en las minas. Además, está ampliamente comprobado que la nación que entrega sus recursos en bruto pierde enorme riqueza pues la empresa o nación que se los lleva y explota es la que se queda con la parte del león por el valor que le agrega en su transformación, la cual, en el mercado de futuros adquiere a un precio mucho mayor por ese valor agregado.

Ese diferencial es lo que marca la desigualdad entre países desarrollados y subdesarrollados. Barrera que, precisamente, siguen fomentando y no les interesa cambiar a las naciones desarrolladas para seguir explotando de esa manera a los países tecnológicamente atrasados a partir de adquirir a un precio ínfimo sus materias primas, negarles la técnica más avanzada y, como corolario, seguir atrayendo a sus mejores cerebros, cuya formación pagaron sus conciudadanos, para que sus conocimientos se pongan al servicio de sus procesos y estrategias de producción y prevalencia de este sistema injusto.

En Guatemala, la concentración de la propiedad en pocas manos le da el cariz clasista a la estructura económica del país; pero ésta, arraigada en la producción primaria le concede el carácter  limitado a la fuerza de trabajo de lo que se deriva que su andamiaje educativo no sea más que un apéndice de la ideología dominante la cual está fincada en lo simple y natural; en la supersticioso y autoritario. Pocas son las industrias transformativas y éstas no van más allá de la producción intermedia como el hacer clavos, lañas, láminas, muebles, blocks, por ejemplo. O, que en los últimos años el capital, como relación, le ha proporcionado el papel de ensambladores a nuestros países. Actividades y procedimientos que no requieren mayor valor agregado ni una tecnificación elevada de la fuerza de trabajo. Entre el espanto y la mentira.
Para la oligarquía guatemalteca el estudio, la tecnificación hacia los trabajadores es un derroche de recursos, es un factor peligroso que le puede traer muchos dolores de cabeza. Además, no necesitan gente de esas categorías pues su ganancia se basa en la explotación intensiva de mano de obra ignorante y fanática que por lo mismo, es dócil y fácilmente dominable, manipulable y reprimida.

Grandes latifundios privados señorean el campo guatemalteco donde los monocultivos prevalecen, mientras la pequeña propiedad, mayoritariamente explotada por productores de ascendencia indígena, ha sido arrinconada a las laderas, no aptas para la agricultura sino para lo forestal, pero que ante la concentración de las mejores tierras en las manos oligarcas no queda otra alternativa.

Abandonados a su suerte sin la cobertura de políticas de asistencia técnica, mucho menos crediticia y que, a pesar de esas precarias condiciones, estos pequeños agricultores demuestra su aplomo y creatividad al ofrecer la mayor diversidad en granos, legumbres y vegetales que los que en su mayoría se pueden adquirir en los mercados internos y que son la dieta básica de los habitantes del país. Empero, precisamente por ese arrinconamiento paulatino pero creciente, a raíz de la incursión de otros monocultivos de plantación como la palma africana y el cardamomo como fruto de las políticas de libre comercio propias de los tratados de esta naturaleza con países altamente desarrollados como Estados Unidos, la atomización de su propiedad al dividirse entre varios de sus herederos, la poca productividad de la tierra, los pequeños agricultores se van desprendiendo de sus parcelas, por la escasa capacidad técnica y financiera que impide sufragar sus altos costos de mantenimiento frente a una competencia capitalista hondamente tecnificada y con costos, por lo mismo, mucho menores que se evidencian en el mercado internacional de bienes y servicios. Esto, los convierte automáticamente en proletarios agrícolas al servicio de las grandes plantaciones.

Por si esto fuera poco, el país no es gratificado con la inversión de las ganancias de los plantadores pues estos prefieren ubicarlas en la banca extranjera y no en la nacional lo cual indica una grave contradicción dentro del mismo planteamiento capitalista al no trocarse esos dividendos en capital que pudiera destinarse a desarrollar la economía local sino en la especulación mundial a través de las bolsas de valores y en el consumo de productos suntuarios importados. También se ha notado últimamente que muchos de esos capitales se destinan a inversiones de tipo comercial que por la rotación de las mercancías de escaso valor agregado, su tasa de retorno es mucho más rápida. Esto, sin incluir el capital proveniente de negocios “ilícitos” como el narcotráfico.

De ahí que en ciudad Guatemala, donde se ubica el epicentro de desarrollo del país, el contraste entre la cada vez mayor proliferación de emigrados del campo que se convierten rápidamente en mendigos y vendedores de chinerías en los cruces de calles y paradas de semáforos y de buses, por la pobre oferta de puestos de trabajo, y los enormes autos lujosos de tipo agrícola, que se importan no para esas actividades, sino porque ofrecen mayor confort, seguridad y lujo a sus dueños pagando menos impuestos por esa condición de agrícola, sea grotesca. Que, la proliferación de cinturones de miseria y asentamientos humanos sin control territorial sea una contradicción aberrante con los nuevos edificios y centros comerciales fastuosos que han brotado como hongos después de la lluvia. Realidad que ahora se ha extendido a otros centros urbanos del país donde los campesinos expulsados por esta economía monocultivista y extractiva conforman las modernas plebes de las ciudades con sus consabidas cuotas de hacinamiento, escasez de servicios, criminalidad, vicios y degeneración humana.

Otro elemento negativo en esta decadencia del modelo agrícola en Guatemala que no se puede dejar de mencionar, es la que como consecuencia inmediata de la entrada en vigencia del TLC con el norte, la transgenización de las semillas por parte de la Monsanto, la transnacional más importante de este tipo a nivel mundial, ha provocando la dependencia de los pequeños productores con respecto a este tipo de semillas. Por tanto, Guatemala después de ser un gran productor milenario de granos como frijol, maíz, maicillo y otros ha tenido que importar dichos productos reflejando así una variante negativa en su soberanía alimentaria lo que también se refleja en el déficit de su balanza productiva y comercial; el trabajo y la propiedad en el campo y, por supuesto, la proliferación de contradicciones en un país agrícola por antonomasia como son la desnutrición crónica y el hambre, lo cual no se había visto con anterioridad pero que en pleno siglo XXI, es una realidad.

Por estas minucias, el mencionado editorial es muy pobre en su análisis, pues trata de examinar un tema tan importante como la educación sin relacionarlo con otros factores cruciales como la base de la producción y la estructura de la propiedad. Carente de esa facultad educativa que debiera tener cualquier opinión de un medio, no obstante, la perorata del editorial establece sin mucha profundidad que “luego de muchos intentos se logra consensuar un modelo educativo”. Falso el dictamen, ya que no es un modelo educativo, sino solamente la propuesta de una Mesa Técnica (¿?) que no tuvo ni siquiera el consenso de los estudiantes cuya presencia debe ser obligada por ser actores infaltables en este tema, lo cual hubiera evitado su rechazo y resistencia al simplemente incluirlos en la propuesta. Más pareciera que fuera la imposición una costumbre arraigada en los gobernantes que se llenan la boca de democracia pero a la hora de la resistencia no escatiman en la represión.

Por otro lado, pareciera que el campo siempre sigue quedando fuera de estas iniciativas nacionales pues no existen, generalmente, centros de enseñanza media en la mayoría de las aldeas lo cual pudiera acercar dicha educación a los hijos de los campesinos, no digamos los de tipo superior que hagan factible la moción por la especialización en el magisterio para estos jóvenes. Esto obviamente, los alejará de esta disciplina que es lo que en el fondo se pretende.

En lo que si se está de acuerdo con el editorialista es que “…la educación nacional está enclaustrada en un círculo vicioso de incompetencias que se inicia en la preprimaria y desemboca en el ciclo diversificado con el egreso de profesionales deficientes, entre quienes se cuentan los maestros. Por eso es plausible la exigencia de los mentores se gradúen en el nivel universitario, porque ese es el único camino para resolver las graves deficiencias formativas en todos los niveles.”

Ese razonamiento es indiscutible al afirmar que desde la infancia la educación a todos niveles está mal, en lo público pero también en lo privado. Con el agravante que éste último no tiene la misma supervisión que el primero, primando el “negocio” de la educación sobre el interés colectivo y del país. Y, así Guatemala sigue estando rezagada en todos los ámbitos de desarrollo humano, empezando con la ciencia, la investigación y el conocimiento. En ello, el Estado oligárquico no incurre en mayores gastos. El esfuerzo por cimentar una era de luces no es culpa de los estudiantes ni siquiera de los profesores. Es culpa de una clase parásita miope que solo le ha interesado acumular mayores ganancias sin invertir en el capital humano que, incluso, pudiera “colaborar” con ella en acrecentarlas por medio de la técnica a cambio de una mejoría en su nivel de vida. En el incremento de sus oportunidades. Pero no, parece que esa clase parasitaria, obviamente por ignorante e inculta, tampoco ha visto a tiempo las oportunidades que le han podido abrir las circunstancias al cultivar a todo un pueblo. ¿O, ha visto el peligro que eso representa? Contradicciones que, sin embargo, tarde o temprano tenían que salir a flote y que ahora quieren endilgárseles a los estudiantes. ¡Qué pifia!

Al contrario, esa clase sigue fraccionando al país entre el campo y la ciudad. Fijando el futuro en una economía monocultivista, extractiva y primitiva cuyos réditos para el país son bochornosos e insultantes por las míseras regalías que el Estado “acuerda” con las transnacionales por la explotación de los recursos naturales y energéticos que son de todos, pero que ellos, se abrogan el derecho de otorgar sin mayores beneficios. Recursos que se encuentran en el suelo y el subsuelo de territorios donde se asientan las comunidades irrespetando así su propiedad, su forma de vida, su cosmovisión, su riqueza natural y energética, su endeble existencia y su salud por un ríspido arreglo neoliberal cuyas recetas han caducado por su inviabilidad y deterioro del ambiente y de las especies de seres vivos incluyendo la humana.

Guatemala, por todo lo anotado, para la oligarquía anodina, sigue siendo su feudo. La patria del criollo, el cual no quiere perder su paraíso en cuya casona puede seguir adosando su hamaca para, desde allí, poder tranquilamente contemplar cómo trabajan para él sus siervos. Más temprano que tarde el vendaval arrebatará sus necrófilas ideas que por caducas pronto serán barridas.

Y, aunque envíen a miles de hordas represivas de las “fuerzas del orden”, las contradicciones que se han creado son irreversibles. Los estudiantes, a pesar de toda la basura a que han sido expuestos, han demostrado que la conciencia no se forja solo leyendo, sino viviendo las experiencias más absurdas de la desigualdad y la marginación. La lectura sirve, siempre y cuando, ayude a entender de dónde vienen esas discordancias.

Hasta el momento, los estudiantes han educado a sus represores que la fuerza es sinónimo de debilidad. Que los agresores siempre han sido las huestes de la oligarquía como lo fueron también en el pasado. Que han sido y siguen siendo, los asesinos quienes detestan la verdad y no los jóvenes que lo que único que quieren es una vida mejor. Por lo menos, mejor que la que vivieron y viven sus padres. Que el futuro es del que sepa forjar una sociedad más justa y equitativa.

Que una reforma educativa es urgente e ineludible es una verdad tan grande como el sol, pero no será a la medida que la oligarquía la quiere implementar. Si en verdad se desea un consenso, es imprescindible que los estudiantes y los maestros opinen sobre ella porque los tecnócratas que hoy trabajan para los oligarcas no conocen de las reales necesidades y aspiraciones de la población. Y, cómo nos lo recordara el movimiento estudiantil mexicano, al oponerse a las estulticias de sus gobernantes y demostrar al mundo que los terroristas son estos, repetimos sus consignas que ahora son de todos los estudiantes de Latinoamérica y el mundo: Nada con la fuerza, todo con la razón, Libros sí, bayonetas no, No somos uno, no somos cien; prensa vendida, cuéntanos bien.