“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

30/5/17

La palabra y el síntoma: Una reflexión sobre el uso del término “populismo”

Jorge Luis Acanda González

Las palabras nombran. Las utilizamos para designar algo que está ahí, un objeto o cosa que nos enfrenta. Y al nombrarlo, establecemos lo que consideramos son sus características esenciales. Esenciales para fijar nuestra conducta con respecto a esa cosa que está ahí, que nos enfrenta. La palabra que utilizamos para nombrar al fenómeno en cuestión dice sobre la cosa a la cual se la aplicamos, pero también dice sobre nosotros. Sobre nuestra capacidad para entender al mundo y para captar la esencia de los fenómenos.

En esa medida, podemos decir que el nombre crea a la cosa. Y también podemos afirmar que el nombre expresa las características del nombrador. Ilustro estas dos afirmaciones con un ejemplo. Si en una noche oscura avanzamos por un camino rural y vemos unas luces que se mueven, el término que utilicemos para designar esa visión marcará nuestra interpretación y nuestra conducta posterior. Si nombramos a esas luces como “espectros” o “fantasmas”, sólo nos quedará el terror y la huida. Si lo nombramos como “fuegos fatuos” continuaremos nuestro camino con tranquilidad, asumiendo que esas luces sólo denotan la existencia de partículas de fosfato que se desprenden de restos orgánicos en descomposición. Quien nombra a esas luces como “fantasmas” denota que su capacidad de nombrar no traspasa la mera experiencia sensorial. Quien las denomina como “fuegos fatuos” demuestra su capacidad para ir más allá de lo meramente fenoménico para captar las determinaciones esenciales del objeto.

20/5/17

Las contradicciones del programa nacionalista de Donald Trump

Una realidad preñada de dualismos. El optimismo del FMI. Trump, la única esperanza y el mayor flagelo. La crisis de los muchos rostros. Nacionalismo y globalización, la madre de todas las paradojas.

Paula Bach

La incertidumbre manda pero al menos una certeza se impone: Donald Trump es un buen actor y no pasa la prueba de análisis unilaterales. Si durante gran parte de los primeros cien días de gobierno, el temor a un nacionalismo vehemente borroneó las letras de los teclados de la prensa financiera anglosajona, los giros de Mr. Trump –incluyendo los reportajes que junto al Secretario del Tesoro concedieron a un Financial Times en el lugar de “el otro”- serenaron los ánimos, abrieron una suerte de compás de espera y dieron lugar a una crítica menos histriónica. El desplazamiento del ultranacionalista Bannon –antecedido por la salida escandalosa de Flynn del Consejo de Seguridad Nacional y el manto de dudas sobre el Secretario de Justicia, Sessions- esbozó una purga de los miembros más recalcitrantes del equipo y encumbró a un sector de “insiders” del establishment con cierta cercanía, en algunos casos, al Partido Demócrata. 

19/5/17

John Berger: la mirada, el exilio, la diferencia. La mirada intersubjetiva

John Berger ✆ Shirley Nette Williams
J.M. Romero Barea

En noviembre de 1619 el filósofo francés René Descartes se retiró a fin de reflexionar sobre los fundamentos del conocimiento de nosotros mismos y del mundo. Desde la reflexión que produce la certeza incruenta del cogito sostuvo: “Pienso, luego existo”. Años antes, en 1571, el pensador Michel de Montaigne, aquejado cada vez más de melancolía, se había retirado a la torre de la biblioteca en su finca en el Périgord, donde comenzó a escribir sus Ensayos. Tenía 38 años. Desde las ventanas se podían ver sus fincas y el filósofo podía comprobar así si sus hombres estaban o no eludiendo su trabajo. Inscritas en las paredes y las vigas de su cámara en la torre, unas 60 máximas en griego y latín.

Al igual que Descartes y Montaigne, el crítico de arte, escritor, pintor y poeta, John Berger (Hackney, Londres, 5 de noviembre de 1926 – París, 2 de enero de 2017) ha influido de forma decisiva en la historia universal de las ideas. Uno de los intelectuales británicos más influyentes de los últimos 50 años, su obra ha conformado el pensamiento de al menos dos generaciones de artistas y estudiantes. Desde una fecha tan lejana como 1958, cuando escribió su primera novela, Un pintor de nuestro tiempo, sus libros tratan del exilio y la diferencia, que, desde entonces, se han convertido en cuestiones políticas y sociales de primer orden.

18/5/17

Una crisis sistémica que hunde sus raíces en las relaciones de producción capitalistas

Henri Wilno

Una salida capitalista de la crisis sólo puede ser socialmente regresiva. El sistema no tiene nada que ofrecer para legitimarse. La cuestión de la automatización puede ayudar a denunciar la irracionalidad del capitalismo. La llamada crisis de gobernanza internacional se refleja, con rasgos particulares, en diversos países. Y ¿cuáles son los mecanismos de las políticas de Angela Merkel, Paolo Gentilloni o el Eurogrupo y el BCE? Henri Wilno entrevistó al economista francés Michel Husson para la revista suiza A l’encontre.
El mundo se recompone. Los economistas han analizado la crisis actual también (además de otros factores) como una crisis de la gobernanza capitalista. ¿Habría llegado la hora del declive de la hegemonía estadounidense sin que ninguna potencia sea capaz de sustituirla, ni siquiera China? ¿Qué podemos decir de estas tesis?
Français
La geopolítica, es decir las relaciones entre los Estados, y la estructuración de la economía mundial por las empresas multinacionales. Ambas facetas, la del capital y la de los poderes nacionales coinciden cada vez menos. La brecha se ha visto acentuada por una globalización que va más allá del comercio entre los países. Hoy en día es la producción de mercancías y su comercialización a caballo entre varias zonas del mundo, las llamadas “cadenas globales de valor”. Esta brecha entre los dos mapas del mundo hace que los intereses capitalistas no sean uniformes y no definan una política homogénea dentro de cada país.

¿Qué está sucediendo en la Guayana (francesa)?

Adrien Guilleau 

Aun cuando se hable poco en los media, el bloqueo en este territorio histórico ha sido permanente desde hace 3 semanas en lo que es sin duda el mayor movimiento popular jamás visto en la historia de la Guayana francesa. El 13 de abril, el colectivo “Para que la Guaya despeque” ha decidido que algunos bloqueos (no el que afecta al Centro Espacial) se abran a fin de que las divergencias entre quienes apoyan y quienes están en contra del mismo no se agrave.
Guayana, una colonia francesa
     1. Una economía colonial
Desde su colonización en el siglo XVII, la estructura económica colonial de la Guayana francesa no ha cambiado. Se caracteriza todavía hoy por el acaparamiento de las riquezas del territorio y un monopolio comercial. El recurso guayanés más explotado por Francia es el Centro Espacial Guayanés (CSG), construido en estas tierras por su posición geográfica, la ausencia de riesgos sísmicos o volcánicos y la estabilidad política de la colonia. Para el año 2017, el CNES (grupo estatal que explota el CSG) ha anunciado una cartera de pedidos de 5 300 millones de euros, lo que representa nada menos que el 140 % del PIB guayanés. 

Keynes, la civilización y el largo plazo

John Maynard Keynes
✆ Pablo Garcia
Michael Roberts

La teoría económica keynesiana es dominante en la izquierda del movimiento obrero. Keynes es el héroe económica de los que quieren cambiar el mundo; para poner fin a la pobreza, la desigualdad y las continuas pérdidas de ingresos y puestos de trabajo en las crisis recurrentes. Y sin embargo, cualquiera que haya leído las notas de mi blog sabe que el análisis económico keynesiano es erróneo, empíricamente dudoso y sus prescripciones políticas para corregir los errores del capitalismo han demostrado ser un fracaso.

En los EEUU, los grandes gurús de la oposición a las teorías neoliberales de la escuela de economía de Chicago y a las políticas de los republicanos son keynesianos Paul Krugman , Larry Summers y Joseph Stiglitz o, ligeramente más radicales, Dean Baker o James Galbraith. En el Reino Unido, los líderes de la izquierda del Partido Laborista en torno a Jeremy Corbyn y John McDonnell, socialistas confesos, se inspiran en economistas keynesianos como Martin Wolf, Ann Pettifor o Simon Wren Lewis para sus propuestas políticas y análisis. Los invitan a sus consejos de asesores y seminarios. En Europa, los Thomas Piketty mandan.

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Los estudiantes graduados y profesores que participan en Rethinking Economics , un movimiento internacional para cambiar la enseñanza y las ideas económicas en ruptura con la teoría neoclásica, son dirigidas por autores keynesianos como James Kwak o post-keynesianos como Steve Keen, o Victoria Chick o Frances Coppola. Kwak, por ejemplo, ha publicado un nuevo libro titulado Economism, que sostiene que la línea de falla económica en el capitalismo es el aumento de la desigualdad y que el fracaso de la economía convencional consiste en no reconocerlo. 

Abril 1917. Y entonces llegó Lenin

Lenin ✆ Arkady Alexandrovich Rylov
"¡Tomad en vuestras manos vuestro propio destino!" (Octavilla repartida en Leipzig en abril de 1917) 

Miguel Salas

El mes de abril se inició en Petrogrado (*) con una protesta de 40.000 personas que exigen igualdad de derechos para las mujeres. Si en febrero ellas habían encendido la mecha de la revolución, no se iban a quedar sin derechos. El gobierno provisional no había acordado nada al respecto, lo dejaba para un futuro indeterminado. No se empieza una revolución para ir aplazando derechos, hay que conquistarlos y ejercerlos. Las mujeres ocuparon el centro de la ciudad y con grandes pancartas exigiendo “Derecho de voto”, “Si una mujer es esclava, no hay libertad”, “¡Viva la igualdad para las mujeres!”, se presentaron ante la residencia del gobierno y allí permanecieron hasta que lograron el compromiso de legalizar el derecho de voto para las mujeres. Al gobierno no le quedó otro remedio. ¡Es lo que tiene un proceso revolucionario! En la primavera de 1917, las mujeres rusas conquistaron un derecho que no tenía ningún otro país europeo. Dos días después, el 3 de abril, según el viejo calendario ruso; el 16 de abril, según el nuestro, Lenin llegará a Rusia y dará un vuelco a los contenidos políticos de la revolución.

17/5/17

Filosofía de la sospecha: pensamiento crítico y retorno a los orígenes

Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo
 
 Patricia Terino Aguilar

Fue en 1845 cuando Marx escribió esta famosa Tesis XI sobre Feuerbach, abriendo así una nueva y decisiva etapa para la filosofía, su enseñanza, su transmisión y su puesta en práctica, actividades reservadas hasta ese momento a una reducida elite de pensadores que podía disfrutar de los conocimientos adquiridos a través de esta disciplina, con el consabido poder que ello conlleva, no solo en el ámbito intelectual, sino también en los diversos campos que conforman a la persona.

El modo en que Marx entendió la filosofía hizo que esta cambiara de rumbo, concibiéndola como una herramienta imprescindible para la transformación de la sociedad que habitaba. Con Marx, la filosofía amplía su horizonte y ya no queda reducida exclusivamente al ámbito académico, sino que sale de las aulas, de la universidad y de los círculos privilegiados para incorporarse a la ciudadanía en forma de conocimiento, de toma de conciencia y de crítica hacia el modelo de sociedad imperante.

11/4/17

Inmigrantes y refugiados en la época de la geoeconomía política

Gonzalo Díaz Letelier
El economista egipcio Samir Amin, en su libro de 1973 «El capitalismo periférico»,[1] advertía que la “globalización” –moderna expansión o mundialización del capitalismo– implica, en el ámbito de las relaciones sociales, políticas y económicas internacionales, una lógica de producción de desigualdad entre las partes (centrales, semiperiféricas y periféricas) integrantes del sistema-mundo.[2] El sociólogo e historiador estadounidense Immanuel Wallerstein, por su parte, propone una matriz de análisis historiográfica de la transformación de los sistemas sociales político-económicos que va de los mini-sistemas hasta los sistemas-mundo. De acuerdo a esta matriz tenemos primero los mini-sistemas (únicos sistemas hasta el 8000 a.C.) –cuya definición antropológica se ha hecho en términos de “bandas” y “tribus”–, que implican en cada caso una sola estructura política, una economía con una división del trabajo a pequeña escala y una sola cultura; y luego tenemos dos tipos de sistemas-mundo (desde el 8000 a.C. hasta hoy), “imperios-mundo” y “economías-mundo”, que respectivamente implican mundialización política y mundialización económica. El “imperio-mundo”, bajo una estructura política y una estructura económica, integra múltiples culturas y es un sistema donde la economía está dominada e integrada por una sola clase política; la “economía-mundo”, bajo una estructura económica, integra múltiples estructuras políticas y múltiples culturas, es un sistema donde las clases políticas están integradas dentro de una sola economía.[3]

13/3/17

Juan Rulfo: 100 años de un precursor

A pesar de haber publicado solo tres libros, Juan Rulfo es uno de los escritores más importantes de las letras hispanoamericanas. Ejerció una influencia innegable en García Márquez
Juan Rulfo y sus libros ✆  Foto: Rogelio Cuellar

Gabriel García Márquez solía contar que cuando leyó Pedro Páramo, la primera novela completa del mexicano Juan Rulfo, sufrió una conmoción que solo había vivido con La metamorfosis, de Franz Kafka. Llevaba pocos meses en México y aunque ya había escrito cinco novelas (algunas de ellas aún eran inéditas) se sentía atascado en su oficio. “¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!”, le había dicho su amigo el escritor Álvaro Mutis, quien le regaló el libro.

Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura –escribió Gabo en 1986 en la revista Araucaria de Chile–. AI día siguiente leí ‘El llano en llamas’, y el asombro permaneció intacto. El resto de aquel año no pude leer a ningún otro autor, porque todos me parecían menores”. Gracias a ese encuentro afortunado, el colombiano encontró el tono para seguir contando historias y años más tarde escribió sus obras maestras.

El problema de la macroeconomía

Portada de la revista Time
dedicada a Karl Marx, febrero 1948
Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis de identidad increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes

Paul Romer

-- Desde hace más de tres décadas, la macroeconomía está yendo marcha atrás. Su actual tratamiento no es más creíble que el que existía en la década de los setenta, aunque nadie lo pone en duda porque es más opaco. Los teóricos de la macroeconomía rechazan hechos probados fingiendo una ignorancia obtusa sobre afirmaciones tan simples como "las políticas monetarias estrictas pueden provocar una recesión". Sus modelos atribuyen las fluctuaciones de los valores a fuerzas causales imaginarias sobre las que no influye la acción de ninguna persona.

-- Lee Smolin comienza en  Las dudas de la física en el siglo XXI señalando que su carrera abarcó el último cuarto de siglo en la historia de la física, periodo en el que este campo no realizó ningún progreso en cuanto a la resolución de sus problemas fundamentales. El problema de la macroeconomía es todavía peor, puesto que yo he sido testigo de más de tres décadas de regresión intelectual.

12/3/17

El eterno debate en torno a György Lukács

György Lukács
El pasado 25 de enero, el ayuntamiento de Budapest decidió retirar la estatura de Georg Lukács de un parque del distrito 13 de la ciudad. El filósofo G. M. Tamás comenta el significado de esta decisión

Gáspár Miklós Tamás

Antes de 1914, las obras tempranas de Lukács fueron recibidas con gran antipatía por el mundillo literario húngaro; las consideraban “demasiado alemanas”, es decir, excesivamente filosóficas, no suficientemente impresionistas y positivistas. Esto no fue más que el comienzo, por supuesto; a partir de entonces, Lukács sería atacado sin cesar desde la derecha, durante toda su vida. Lukács tampoco recibió una acogida mucho mejor en círculos de izquierda. Cuando se publicó su libro más importante, Historia y conciencia de clase (1923), fue atacado con fiereza tanto por la Segunda como por la Tercera Internacional. El libro no volvió a publicarse hasta la década de 1960. A Lukács le dieron un ultimátum: si quería seguir siendo miembro del Partido, tenía que repudiar el libro y someterse a autocrítica, que es lo que finalmente hizo.

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En la Unión Soviética fue duramente criticado en la década de 1930. Poco después de trasladarse de Viena a Moscú, Lukács fue deportado a Tashkent y reducido al silencio. Sin embargo, en 1945 el Partido lo necesitaba –o mejor dicho, su fama– en Hungría. Aceptó volver allí a regañadientes; Alemania Oriental también era una posibilidad. Una vez establecida y consolidada la dictadura en Hungría en 1947-1948, el “debate en torno a Lukács” se relanzó con toda crudeza: lo tacharon de “desviacionista”, de “burgués”, dijeron que era un hombre que no estimaba el “realismo socialista” soviético (dicha sea la verdad: era efectivamente todo eso). De nuevo lo condenaron al silencio, le prohibieron enseñar o publicar en húngaro, aunque parte de su obra pudo cruzar la frontera clandestinamente para ser publicada en Alemania Occidental.