“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

22/6/16

Maquiavelo: la pasión realista

Maquiavelo ✆ Carreño
El 21 de junio de 1527 moría Nicolás Maquiavelo, protagonista de una vida intensa, dura y apasionante, autor de destacadas obras que lo transformaron en el padre de la teoría política moderna.
Juan Dal Maso
Nacido en 1469 en el seno de una familia empobrecida pero con tradición en Florencia, Nicolás Maquiavelo se transformó en secretario de la república florentina el 15 de junio de 1498. La república contaba con el liderazgo de Pedro Soderini, quien ocupaba el cargo de “confaloniero vitalicio”. Este cargo había sido instituido por presión de los nobles florentinos (“optimates”), no obstante lo cual realizarían una sorda resistencia contra Soderini hasta su caída. Maquiavelo ocuparía la Segunda Cancillería, que tenía como funciones las cuestiones internas y los asuntos militares. Desde ese lugar, realizó una serie de experiencias que le permitieron reflexionar sobre los problemas del poder, la política y la guerra.

En sus misiones pudo observar de cerca el accionar de personajes como Luis XII de Francia, César Borgia (el duque Valentino) y su padre el papa Clemente VI y el posterior papa León X. Italia estaba dividida en ciudades-Estado, en las que tenían peso el ducado de Milán, la república florentina, los venecianos y el Papa, todos ellos, en especial los primeros tres, a merced de potencias mayores, cuyo accionar, más allá de las cuestiones inmediatas, para Maquiavelo implicaba de fondo la esclavitud de Italia.

21/6/16

La ‘city’ londinense, preocupada por el fantasma del Brexit

El jueves 23 se votará la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea. Como expone un estudio reciente sobre el poder imperialista de Londres, la plaza financiera londinense tiene mucho que perder de imponerse el no.

Esteban Mercatante

En las últimas semanas la alarma por la posibilidad de que se imponga el Brexit el próximo jueves 23 fue creciendo en los círculos de poder londinenses, como lo refleja la prensa internacional. No es para menos, ya que de imponerse esta alternativa –que se viene desinflando después del asesinato de la diputada Jo Cox cuando participaba de un acto contra el Brexit– significaría un duro golpe para las bases del poder imperialista de la corona, estrechamente asociadas al rol de mediador en las finanzas globales. Rol que depende en una medida no menor de la peculiar posición que tiene Gran Bretaña dentro de la UE.

 En Ideas de Izquierda de mayo discutimos el libro The City. Londres y el poder global de las finanzas, que estudia el rol de la plaza financiera londinense en el capitalismo global. Este trabajo muestra cómo la Corona británica logró sacar provecho de las fortalezas relativas (históricas, geográficas y geopolíticas) de la plaza financiera londinense para convertirla, desde los años ‘80, en la base de una renovación del poderío británico. El reférendum que va a celebrarse el próximo 23 de junio, podría asestar un duro golpe a las condiciones que le han permitido jugar ese papel. De ahí se explica la creciente alarma en los círculos dominantes británicos ante el crecimiento que venía mostrando la intención de voto contra la permanencia durante las últimas semanas.

19/6/16

Petróleo, deuda, Brexit y productividad: el tráiler y la película

Paula Bach

La Reserva Federal norteamericana volvió a dejar sin cambios la tasa de interés de referencia. Con caídas bursátiles considerables, los “mercados” bailaron durante los dos días que se desarrolló la reunión de la Fed. Pero a diferencia de lo que podría pensarse, esos movimientos de coyuntura no estuvieron vinculados a la “incertidumbre” sobre las resoluciones del organismo que ya estaban cantadas. El origen de las perturbaciones hay que buscarlo en la cercanía de un eventual Brexit, es decir en la posibilidad de que el Reino Unido abandone la Unión Europea tras el plebiscito del 23 de junio.

Mientras la probabilidad de este suceso resultó baja durante la primer parte de la campaña, los sondeos –es cierto que muy cuestionados- en su mayoría muestran ahora ganador al Brexit aunque el 17% de los electores se mantiene aún en el terreno de la indecisión. Si bien gran parte de los analistas considera que llegado el momento es probable que el resultado se revierta o que una victoria por la salida obtenga una diferencia tan mínima que obligue al Reino Unido a renegociar con la Unión Europea, en el caso de que el Brexit se hiciera realidad, se calcula que la respuesta tan solo inmediata de la libra esterlina y del mercado de valores británico se traduciría en caídas superiores al 10%.

Crisis del capitalismo periférico y la bancarrota del extractivismo

Daniel Libreros, Camila Galindo & John Gómez

Es un hecho constatable la caída en los precios internacionales de las materias primas y alimentos (comodities) en los mercados internacionales de capitales a partir del 2012. El caso del petróleo es ilustrativo; sus precios presentaron oscilaciones recurrentes en las últimas décadas. Así, en el lapso 1988-2001 mantuvieron una relativa estabilidad moviéndose en la franja que va de 15 a 40 dólares barril siendo el punto más alto el año 1990 debido a la invasión norteamericana en el golfo pérsico, mientras que el punto más bajo quedó evidenciado en 1998 a causa de la crisis económica internacional que en ese momento focalizada en los llamados tigres asiáticos y en Rusia. Durante el lapso 2002-2008, lo precios del crudo llegaron al tope máximo alcanzando los 146 dólares barril. La crisis general del neoliberalismo en 2007-2008/1 hizo que los precios se descolgaran a 36 dólares barril y a la salida de la misma volvieron a superar los 100 dólares para caer nuevamente en el lapso 2012-2014 a los niveles actuales en donde fluctúan entre los 36 y los 50 dólares barril. (ver Gráfica 1).

18/6/16

Francia: ¡bienvenida la lucha de clases!

Maciek Wisniewski
En Las luchas de clases en Francia (1850) –una serie de artículos publicados luego como panfleto separado (1895)–, Carlos Marx, analizando las grandes transformaciones políticas por las que a mitad del siglo XIX pasa este país, describe la lucha de clases como “política ejercida en ‘terreno ideológico’ y en ‘disfraces ideológicos’”. Hoy, desde luego, seguimos en el terreno ideológico e incluso –por la contraofensiva del neoliberalismo– quizás más que nunca. Seguimos, también, en el teatro de los disfraces. En la escena política francesa destacan las patéticas figuras de François Hollande y Manuel Valls, que sólo andan de socialistas para representar mejor los intereses clasistas de la patronal y del gran capital. Pero después de varios años de aburrimiento y tras oscuros meses de desmovilización por las amenazas del terror y miedo inducido desde el Estado, finalmente se caen las máscaras.

Las intensas movilizaciones sindicales –huelgas, piquetes, bloqueos, hasta luchas en las barricadas– y el surgimiento del movimiento Nuit debout en respuesta a la neoliberal reforma laboral que aumenta horas de trabajo, facilita despidos, anula la negociación colectiva y contratos por rama gremial, arrastrando a los trabajadores de vuelta al siglo XIX y tiempos de Marx, constituyen un nuevo capítulo en las luchas de clases en Francia.

Francia es el centro de la crisis europea

Rafael Poch
El ambiente en París, ciudad en la que palpita el corazón de Francia, se está haciendo más rebelde. Desde que el 19 de febrero se colgara en la red la llamada contra la ley laboral que fue inmediatamente firmada por más de un millón de personas, se han sucedido nueve jornadas de protesta y huelga sindical, y multitud de manifestaciones. En ese caldo nació la ocupación de las plazas, el 31 de marzo, y se alzaron los estudiantes. Desde entonces cada día ocurre algo, algún desafío, alguna protesta. Qué lejos queda el ambiente del pasado otoño, cuando era el Frente Nacional quien determinaba los temas del debate público y las políticas xenófobas, identitarias y de seguridad ante el terrorismo. Hoy es lo social lo que prima. Y como telón de fondo, cada vez más presente, el descrédito de la Unión Europea.

El epicentro del problema no es el Brexit. Una eventual salida del Reino Unido de la UE es económicamente irrelevante (hay mucha exageración ahí), pero políticamente debilitaría la influencia de Estados Unidos, del que el Reino Unido ha sido el más solicito servidor, en el continente. Solo por eso harán cualquier cosa por evitarla, pero el verdadero problema está en Francia. Fue Francia, no Inglaterra, la fundadora de lo que se está desmoronando desde 2007. Y es aquí donde se decidirá la verdadera partida.

16/6/16

Friedrich Hölderlin y el asalto de los cielos

Friedrich Holderlin
✆ Fabrizio Cassetta
Helena Cortés Gabaudan
No hace mucho que el conocido líder de uno de los partidos políticos surgidos recientemente en España usaba como eslogan de éxito la metáfora ‘asaltar el cielo’, haciéndola sinónima de un acto de rebeldía consistente en tomar por la fuerza, sin aguardar ‘consenso’, ese lugar donde normalmente sólo pueden habitar los dioses y que los mortales contemplan cohibidos desde abajo, consumando de esa guisa una suerte de revolución o inversión. Esta expresión tan de moda en la reciente actualidad española[1] era ya de uso bien conocido en Alemania desde hace tiempo, habiendo pasado por bocas y plumas germánicas tan célebres como la de Carlos Marx –hablando en una carta a Ludwig Kugelmann del ejemplo dado por los insurrectos parisinos de La Comuna– como también de Hitler, quien hacía gala con ella de la eficacia de su sexto ejército de élite, con el que –según él– podría “asaltar el cielo”. A su vez, este giro tenía ya antecedentes en el ámbito romántico-alemán, cuyos pensadores no hacían sino utilizar una metáfora procedente del mundo griego basada en el célebre mito de los gigantes hijos de Poseidón que trataron de saltar el Olimpo para derrocar a los dioses.

Pues bien, aprovechando la fortuna mediática de que goza en estos momentos dicha frase, vamos a pararnos a analizar aquí –al margen de cualquier conexión con la actualidad política– cuál era realmente el sentido y alcance de la misma cuando fue usada y acuñada con fortuna por el poeta alemán Friedrich Hölderlin en las postrimerías del siglo XVIII. El alcance de dicha expresión en su obra no es para nada baladí, ya que también el contexto en que usa Hölderlin la frase es netamente político y ayuda a esclarecer cuál fue su idea respecto a los métodos y posibilidades de implantación de la democracia en su contexto histórico particular.

11/6/16

La relación locura-literatura según Michel Foucault

Patricia Zamudio

En el presente trabajo  trataremos de abordar la relación entre locura y literatura que ha establecido Michel Foucault, necesitando para ello hacer una revisión de su pensamiento, por ello, en la primera parte se hace un breve recorrido por las ideas más sobresalientes al respecto. La segunda parte presenta una exposición del texto “La locura, la ausencia de obra”, para finalmente recoger en la última parte las conclusiones del trabajo.

Foucault (1926-1984)  se ha configurado como un pensador de suma importancia no solamente en el ámbito filosófico, también es un referente en otros campos del conocimiento: psicología, historia, política, por mencionar algunos. De sus datos biográficos Minello Martini (1999) menciona que nació en el seno de una familia burguesa en Francia en el año de 1926. Entre los movimientos socio-políticos entre los que se desenvuelve su vida se encuentran: la coalición de partidos políticos de izquierda, la Guerra Civil Española, los conflictos de su país con Alemania por los territorios fronterizos de Alsacia y Lorena, así como la Segunda Guerra Mundial. También hace notar que predominan en el ambiente filosófico en los años que van del 45 al 60  las fenomenologías y el hegelianismo y a partir del 60 hay un predominio del estructuralismo, además permeaba en el ambiente el legado de Kant, así como el de Descartes.

9/6/16

Jackson Pollock: una crítica de su éxito

Jackson Pollock  ✆ Nº 1, 1950
Jonathan Goodman

Seguimos rezando periódicamente a Jackson Pollock, no solo porque es un gran artista profundamente estadounidense, sino porque su mitología fluctúa en un mercado que solo podemos calificar de saturado para su arte. Hubo una época en que Pollock y sus demás colegas –Gorky y De Kooning– eran terriblemente pobres, pero su tenacidad y creatividad se tradujeron en enormes cantidades de dinero contante y sonante. Aún hoy existen artistas que quieren hacer carrera manteniendo estilos que hacen referencia activa a un movimiento que tuvo su momento de esplendor… ¡a mediados del siglo pasado! Después de todo el tiempo que ha pasado, los neoyorquinos siguen empeñados en la relevancia del arte expresionista, creado en su mayor parte sin un sujeto reconocible. Parece como si el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) organizara una exposición de Pollock cada dos años, más o menos. Tal vez esto sea una exageración, pero lo cierto es que no somos capaces de dejar que el tipo se disuelva pacíficamente en la historia del arte. Esto guarda relación con un determinado momento de Estados Unidos: el breve periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando habíamos salvado al mundo del fascismo y nuestras ocultas tácticas imperialistas no habían salido a la luz.

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Es importante situar a Pollock en su contexto, sin el cual podríamos sucumbir al mito de su incuestionada grandeza. Sus depresiones, su debilidad por las mujeres y su alcoholismo construyeron una fama que le precedía y rodeaba como persona, pero que no explicaba necesariamente el éxito de su creatividad. Pollock, más o menos un chico malo –recordemos al pintor orinando en la chimenea de la famosa coleccionista Peggy Guggenheim en Nueva York–, superó con bastante tenacidad sus vulnerabilidades y cambios de humor para producir, durante poco menos de diez años, un conjunto de obras que siguen siendo sobresalientes, luminosamente inspiradas, y que conservan una frescura técnica y estilística.

6/6/16

La conspiración de los robots

Paula Bach
Las páginas de la prensa en general y la británica en particular están desde hace un tiempo plagadas de información sobre las habilidades de los robots, los vehículos “driverless” y la “inteligencia artificial”. Autos sin conductor diseñados por Google,barcos autónomos ideados por el Pentágono, humanoides que podrían operarcon escasa colaboración de médicos de carne y hueso, robots pensados por Airbus para trabajar junto a humanos en la línea de montaje o la plataforma de inteligencia artificial Amelia que, según dicen, maneja treinta idiomas y puede aprender a interactuar con humanos.

Pero la información -que se ocupa de destacar particularmente imágenes humanoides- no viene sola ni es gratis. Su correlato lo constituyen insistentes preguntas aviesas del tipo: “Robots: ¿amigos o enemigos del hombre?”, “¿más o menos eficaces que los humanos?” “¿los robots son buenos o malos para la humanidad? o, más directamente, afirmaciones tales como: “millones de trabajadores perderán sus empleos”.

30/5/16

Hace 100 años Lenin publicó “El imperialismo. Fase superior del capitalismo”

Eduardo Lucita

Hace cien años un simple folleto daba cuenta de las profundas modificaciones que estaban ocurriendo en el sistema capitalista mundial y que se manifestarían a lo largo de todo el siglo pasado. Hoy las evidencias indican que se estaría en una nueva fase dentro de lo que desde entonces se conocería como fase superior.

En 1916 editado como un folleto –1ra. Edición como libro en 1917- apareció “El imperialismo. Fase superior del capitalismo” del líder de la revolución bolchevique V. I. Lenin. En cierta forma el texto siguió el mismo derrotero que El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, editados para la coyuntura terminaron siendo libros de lectura imprescindible para comprender la evolución del capitalismo contemporáneo y para la formación de generaciones y generaciones de jóvenes que soñaron –muchos lo hacen aún- con cambiar el mundo de raíz.

25/5/16

Lenin y el Bolchevismo

Lenin ✆ Andreev
Lars T. Lih
En un reciente debate en la red, ha salido con frecuencia la cuestión de las ideas de Lenin sobre la relación entre el bolchevismo y el partido en su conjunto. Me gustaría arrojar algo de luz a este problema examinando sus puntos de vista en tres momentos: 1912, 1917 y 1920. En este primer artículo, examinaré el material de 1912.

Las ideas de Lenin sobre este asunto en los años previos a la I Guerra Mundial pueden ser resumidas sucintamente: el bolchevismo es una fracción (fraktsiia), una parte de un todo mayor, es decir, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). El bolchevismo era un partido dentro de un partido: igual que el POSDR representaba una plataforma dentro de la sociedad en general, el bolchevismo defendía un conjunto específico de ideas tácticas dentro del más amplio Partido Social Demócrata. Como un partido político frente a la sociedad, la fracción bolchevique tenía ideas particulares sobre el funcionamiento del partido: propagaba esas ideas y trató de hacer que las instituciones centrales del partido se inspiraran en ellas. Pero incluso cuando el bolchevismo tuvo el control del Comité Central, no se convirtió en el partido. Uno podía aún ser miembro del partido y no ser bolchevique; de hecho esto era visto como la situación normal. «Fraktsiia ne est’ partiia»: Una fracción no es un partido.