El gobierno italiano tecnócrata [y neoliberal] presidido por
Mario Monti, además de intentar solucionar la crisis (no parece que le vaya muy
bien pues la prima de riesgo está en 374, muy por encima de la española, que no
es precisamente el ejemplo a comparar), parece tener otro cometido: Insultar y
vilipendiar a los jóvenes italianos.
El paro en Italia, como en casi toda Europa, ataca
fundamentalmente a los jóvenes. Y naturalmente lo más fácil no es crear
empleos, sino precarizar los mismos y establecer condiciones leoninas para los
que quieran entrar en el mercado laboral. Condiciones miserables: trabajo
precario, sueldo bajo y movilidad funcional y geográfica, a discreción (de la
empresa, naturalmente). Con estas condiciones que está imponiendo este gobierno (el
primer gobierno desde hace sesenta años que no ha salido de las urnas y ha sido
impuesto) pretenden además que los jóvenes italianos estén contentos, que estén
domesticados y que rindan pleitesía a quienes les ofrecen tamaña bicoca.



















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