“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación” — Bertrand Russell

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7/8/17

Las mismas disyuntivas que en 1917

Claudio Katz

La revolución rusa fue el principal acontecimiento del siglo XX. Generó enormes transformaciones sociales y suscitó una inédita expectativa de emancipación entre millones de oprimidos. Ese impacto se verificó en el pánico que invadió a las clases dominantes. Algunos temieron la pérdida de sus privilegios, otros creyeron que se extinguía su control de la sociedad y muchos se prepararon para el ocaso final de la supremacía burguesa.

Ese miedo explica las enormes concesiones de posguerra. El estado de bienestar, la gratuidad de ciertos servicios básicos, el objetivo del pleno empleo y el aumento del consumo popular eran mejoras impensables antes del bolchevismo. Los capitalistas aceptaron esas conquistas por temor al comunismo.

De ese pavor surgió el concepto de justicia social, como un conjunto de derechos de los desamparados y el registro de la desigualdad como una adversidad. La revolución impuso la mayor incorporación de derechos colectivos de la historia.

Los capitalistas copiaron normas establecidas por el régimen soviético para disuadir la imitación de ese modelo. Aceptaron la universalización de las pensiones y la seguridad laboral.

El propio esquema keynesiano de consumo masivo irrumpió por temor al socialismo. La dinámica espontánea de la acumulación privilegiaba las ganancias y no contemplaba mejoras estables de los ingresos populares.

La revolución rusa, el derecho de los pueblos a la autodeterminación y el repudio de la deuda

Eric Toussaint
Los tratados con las repúblicas bálticas, Polonia, Persia, Turquía…
El tratado de Versalles finalmente fue firmado el 28 de junio de 1919 sin que la Rusia soviética formara parte. No obstante, el Tratado de Versalles anulaba el Tratado de Brest-Litovsk. En virtud del artículo 116 del Tratado de Versalles, Rusia podía demandar reparaciones de guerra a Alemania. Lo que no hizo, puesto que quería ser coherente con su posición a favor de una paz sin anexiones y sin demandas de indemnizaciones. En cierta forma, lo que le importaba es que el Tratado de Brest-Litovsk fuera abolido y que los territorios anexados por Alemania en marzo de 1918 fueran devueltos a los pueblos que habían sido expoliados (pueblos bálticos, polaco, ucraniano, ruso…), de acuerdo con el principio de autodeterminación defendido por el nuevo Gobierno soviético.

Ese derecho estaba invocado en los primeros artículos de cada uno de los tratados de paz firmados entre la Rusia soviética y los nuevos Estados bálticos en 1920: Estonia el 2 de febrero, Lituania el 12 de julio y Letonia el 11 de agosto. Esos tratados de paz son similares y la independencia de esos Estados —integrados por la fuerza en el Imperio zarista— era sistemáticamente afirmada en el primero o en el segundo artículo. Por medio de esos tratados, Rusia reafirmaba su oposición a la dominación del capital financiero y su decisión de repudiar la deuda zarista. Efectivamente, el tratado firmado el 2 de febrero con Estonia enunciaba: «Estonia no tendrá ninguna parte de responsabilidad en las deudas y en cualquier otra obligación de Rusia (…). Todas las reclamaciones de los acreedores de Rusia con respecto a deudas que conciernan a Estonia deben ser dirigidas únicamente contra Rusia.» Hubo disposiciones similares con respecto de Lituania y de Letonia en los tratados firmados con esos Estados. Además de reafirmar que los pueblos no deberían tener que pagar las deudas ilegítimas contraídas en su nombre pero no en su interés, la Rusia soviética reconocía también el papel de opresor que había tenido la Rusia zarista en relación a las naciones minoritarias que formaban el Imperio.

10/7/17

Crónica de la llegada de Lenin a Rusia

Lenin en Petrogrado ✆ F. Liubimova
Gregory Zinoviev

El autor de estas líneas escuchó la noticia del estallido de la revolución de febrero en Berna. En ese momento, Vladimir Ilich vivía en Zurich. Recuerdo que me fui a casa desde la biblioteca sin sospechar nada. De repente me di cuenta de un gran malestar en la calle. Una edición especial de un periódico se vendía a toda prisa con el titular: ‘Revolución en Rusia’. La cabeza me daba vueltas en el sol de primavera. Corrí a casa con el periódico, impreso en tinta que todavía no estaba seca. Tan pronto como llegué a casa me encontré con un telegrama de Vladimir Ilich, que me pidió que fuera a Zurich “inmediatamente”.

¿Esperaba Vladimir Ilich una solución tan rápida? Los que hojeen nuestros escritos de ese período (impresos en Contra la corriente) verán la pasión con la que Vladimir Ilich llamaba a la Revolución Rusa y la forma en que la esperaba. Pero nadie había contado con una solución tan rápida. La noticia fue inesperada.

¡El zarismo había caído! El hielo se había roto. La masacre imperialista había recibido el primer golpe. Se había despejado uno de los obstáculos más importantes en el camino de la revolución socialista. Los sueños de generaciones enteras de revolucionarios rusos, finalmente, se habían convertido en realidad.

6/7/17

Octubre rojo: Un siglo después del triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia

Higinio Polo

Un siglo después de su triunfo, la revolución bolchevique sigue suscitando furiosos ataques de la derecha política y de sus terminales ideológicos en la prensa y en las televisiones, en la investigación universitaria dirigida y subvencionada, y en los centros de elaboración ideológica liberal, que, sin embargo, apenas se interrogan sobre el infierno capitalista del que surgió la revolución: el barro y la muerte en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y la oprobiosa autocracia zarista que ahogaba al pueblo ruso y lo condenaba a la miseria y la explotación. Para los beneficiarios del capitalismo realmente existente y para los vendedores de mentiras, el socialismo soviético se resume en error y represión, en furia y crueldad, mientras que el horror causado por el capitalismo, en las dos guerras mundiales y en la esclavitud colonial, en las guerras imperiales y matanzas lanzadas desde entonces en cuatro continentes, en Vietnam y en Corea, en Indonesia y en Afganistán, en Yugoslavia y en Ucrania, en Brasil y en Argentina, en Angola y en Libia, en Siria y en Iraq, por citar sólo algunos ejemplos de la infamia, ese horror, se diluye en lejanas causas y décadas perdidas de las que, como por ensalmo, el capitalismo no es responsable.

18/6/17

Breve historia de la Revolución Rusa


Isaac Deutscher

La revolución de 1917 estalló en plena guerra mundial en la que Rusia, aunque perteneciendo de hecho a la coalición victoriosa, sufrió severas derrotas. En cierto sentido algunos consideran que la revolución se vio propiciada por el fracaso del ejér­cito zarista. Pero la realidad es que la guerra no hizo más que acelerar un proceso que desde hacía varias décadas estaba erosionando el viejo orden establecido; aceleración que ya se había visto más de una vez intensificada por otras derrotas militares. El zar intentó evitar las consecuencias de su fracaso en la guerra de la concediendo la emancipación de los siervos en 1861. La derrota en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 se vio inmediatamente seguida por un annus mirabilis de revoluciones. Tras el desastre militar de 1915-1916 el movimiento empezó de nuevo desde el punto muerto al que había llegado en 1905, con la diferencia que en 1905 la insurrección de diciembre de los obreros de Moscú, había significado la palabra fin de la solución, mientras que en 1917 la revuelta armada Petrogrado fue la primera chispa. La organización más importante creada por la revolución de 1905 1/ fue el llamado "consejo de representantes obreros" o soviet de San Petersburgo 2/. Tras un intervalo de doce años, los primeros días del nuevo alzamiento, aquella organización volvió de nuevo a vitalizarse para convertirse en el foco principal del gran acontecimiento que avecinaba.

22/3/16

Golpe maestro de Vladimir Putin en tres lecciones

Bruno Guigue   /   Sus innumerables detractores reprochaban a Vladimir Putin haberse lanzado a una aventura bélica devastadora, criminal y perdida de antemano. Profetizaron a Rusia, desde el otoño pasado, un hundimiento letal en el barrizal sirio. Esos pájaros de mal agüero tendrán que morderse la lengua, porque el presidente ruso acaba de administrarles una ducha fría en tres lecciones.

Sin embargo los dirigentes rusos lo dijeron: la intervención militar en Siria se calibraría rígidamente. En primer lugar sería corta. Ahora lo sabemos exactamente, cinco meses y medio. Muy poco para un conflicto de semejante magnitud. Por otra parte la intervención dispondría de medios drásticamente limitados, apenas tropas sobre el terreno y unos 60 aviones, es decir, menos del 5 % de la aviación militar rusa. Esta es la primera lección de Vladimir Putin, que obviamente es una lección de eficacia militar: Ustedes juzgarán mi actuación, ciertamente, pero lo harán apreciando el resultado obtenido con respecto a la economía de medios. Compárenlo con los efectos de 10 años de presencia militar occidental en Afganistán.

27/11/15

Rusia y China rediseñado la nueva “Ruta de la Seda”

“El modelo unipolar no sólo es inadmisible para el mundo contemporáneo sino que es imposible… porque se trata de un modelo que no puede funcionar por estar carente de la base moral propia de nuestra civilización.” — Vladimir Putin
Víctor Wilches   /  Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, surgieron cinco nuevas repúblicas independientes en Asia Central[1]. En medio de este caos y desconcierto, la recién establecida Federación de Rusia, como heredera del desaparecido campo soviético, se enfrenta a una serie de graves problemas que comprometen su estabilidad (profunda crisis social, económica y política) y seguridad  nacional (problemas de fronteras con la mayor parte de sus países vecinos e incluso con los países recién desmembrados de la URSS; unas fuerzas armadas descompuestas que ponían en duda la defensa del nuevo estado y la seguridad del arsenal nuclear; y un aumento de la criminalidad y el surgimiento de mafias).

En ese momento los gobiernos de las recién creadas repúblicas independientes son demasiado débiles para enfrentar los serios desafíos de gobernabilidad, economía y seguridad que afloraron en el interior de sus fronteras. Carecían de la experiencia de gobernabilidad como estados independientes y de los recursos económicos necesarios para afrontar las nuevas circunstancias tras la disolución de la URSS. A esto, se agrega la irrupción desestabilizadora en la región de poderes extranjeros que buscan imponer su influencia para hacerse con el control de esta rica y geoestratégica región. Los nuevos gobernantes, ante esta difícil situación, se ven abocados a buscar apoyo y unir esfuerzos para enfrentar la nueva realidad.

4/9/15

Antón Chéjov en la isla de Sajalín

Sajalín es una larga isla rusa de mil kilómetros situada al norte del Japón, mayor que Bélgica y Holanda juntas, con más de tres mil kilómetros de costas

Higinio Polo   |   Antón Pávlovich Chejov sólo vivió cuarenta y cuatro años, por una tuberculosis que lo llevó a la tumba, pero nos ha dejado delicadas estampas de la Rusia de su tiempo, desgarradores relatos sobre la ferocidad de su siglo, piezas teatrales conmovedoras y una comprensiva mirada sobre la gente que intentaba vivir bajo un imperio extenuado y unas décadas sin apelación, intentando capturar la vida que, según él, autores como Ibsen desconocían. Su abuelo fue un mujik que había comprado su propia libertad, y Chéjov nació y creció en Taganrog, en el mar de Azov, como Sedov, el explorador ruso del Ártico. A Antón Pávlovich le gustaba caminar por las praderas que habían recorrido los escitas, tierras llenas de hierbas olorosas, ruda, ajenjo y vendaval; descansar en los trigales, soñar el mundo subido a alguno de los carros de bueyes que utilizaban los campesinos, y navegar por las aguas perdidas del Azov. Era un hombre paciente, aunque poco inclinado a la veneración acrítica del pueblo ruso, a las austeras ideas tolstoianas; por eso, escribió: “algo me dice que hay más amor a la humanidad en la energía eléctrica y la máquina de vapor que en la castidad y la negativa a comer carne”. Hasta 1879 no se trasladó a Moscú. Era un joven de diecinueve años que empezaba a estudiar medicina, y que, después, comenzó a escribir relatos para ganar algunos rublos.  

26/9/14

Rusia puede destruir a Estados Unidos en 30 minutos…

…pero al resto del planeta también!

Ricardo Segura Ballar
El 12 de marzo de este año, se celebró en Nueva York un debate favorecido por Intelligence2 [1], moderado por John Donovan, cuya tesis fue "Rusia es un poder marginal". En el debate participaron cuatro expositores: dos defendieron la premisa de que Rusia es un poder marginal, y dos defendieron lo contrario. Uno de los que defendió la posición contraria, es decir, Rusia no es un poder marginal, fue Robert D. Blackwill [2], quien, en una parte de su intervención, manifestó que efectivamente, Rusia es hoy el único país del mundo que puede destruir Estados Unidos en 30 minutos.

Estados Unidos y Rusia concentran el 95% de las armas nucleares del planeta. Rusia posee 10.000 cabezas nucleares, de las cuales 1.500 apuntan a ciudades estadounidenses. En pocas palabras, Rusia no es un perro muerto.

25/9/14

Una tercera guerra mundial para redibujar el mapa de Rusia

Mahdi Darius Nazemroaya
El objetivo último de Estados Unidos y la OTAN es dividir (balcanizar) y pacificar (finlandizar) el país más grande del mundo, le Federación Rusa, e incluso establecer un clima de eterno desorden (somalización) en ese vasto territorio o, al menos, en una porción de Rusia y el espacio postsoviético, tal como se viene haciendo en Oriente Medio y el norte de África. La futura Rusia –o las varias futuras Rusias–, una pluralidad de estados debilitados y divididos, a la (o las) que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ve (o ven) en declinación demográfica, desindustrializa- ción, pobreza, sin ninguna capacidad de defenderse y con unos recursos que están ahí para ser explotados.

El imperio y su plan de caos en Rusia 

English
Hacer pedazos la Unión Soviética no ha sido suficiente para Washington y la OTAN. El fin último de EEUU es prevenir el surgimiento en Europa y Eurasia de cualquier alternativa capaz de desafiar la integración Euroatlántica. Por esta razón, la destrucción de Rusia es uno de sus objetivos estratégicos. Los objetivos de Washington estaban vigentes y funcionando durante el conflicto de Chechenia. 

1/4/14

Por qué satanizan a Vladimir Putin | How Vladimir Putin Became Evil

Vladimir Putin  ✆ Hossein Safish
Tarik Ali  |  EE.UU. y el Reino Unido condenan a Putin por Crimea pero lo apoyaron en la guerra en Chechenia. ¿Por qué? Porque ahora se niega a colaborar. Una vez más, parece que Rusia y EE.UU. encuentran que es difícil ponerse de acuerdo sobre cómo encarar sus respectivas ambiciones. Este choque de intereses se destaca en la crisis ucrania. La provocación en este caso en particular, como sugiere la grabación filtrada de una diplomática estadounidense, Victoria Nuland, diciendo “Que se joda la UE”, llegó de Washington. Hace varias décadas, en un punto álgido de la Guerra Fría, George Kennan, destacado estratega de la política exterior de EE.UU. invitado a dar las Conferencias Reith, informó a su audiencia: "... convierte en la encarnación de todo mal. Su propio lado es el centro de toda virtud”.

Y así sigue siendo. Washington sabe que Ucrania ha sido siempre un tema delicado para Moscú. Los ultranacionalistas que combatieron junto al Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial mataron a 30.000 soldados y comunistas rusos. Todavía

26/4/13

Mijaíl Osorguin y la Librería de los Escritores de Moscú

Biblioteca libre
✆ François Schuiten
Juan Forn

A Mijail Osorguin le encantaban los futuristas rusos porque creía que hablaban metafóricamente cuando decían que había que destruir todo lo viejo. El también estaba en contra del zar y de la censura, incluso había padecido unos años de exilio en Florencia y Venecia pero, como todos los rusos, no soportó mucho viviendo lejos de su patria y volvió. Osorguin fue el que llevó a su país los Manifiestos Futuristas del italiano Marinetti, los tradujo y los puso a circular y fue testigo privilegiado del famoso cisma cuando el padre del futurismo llegó triunfal a Moscú en 1914 y los futuristas rusos se le aparecieron con las narices pintadas de amarillo para decirle en la cara que era un pelmazo, que atrasaba sin remedio, que la verdadera vanguardia del arte eran ellos. Osorguin sintió un escalofrío de orgullo ante aquellos jóvenes revoltosos: él también creía que la creatividad liberada asomaría en las paredes callejeras y en las plazas y en los techos de los vehículos e incluso en el aire de las ciudades, pero seguía creyendo que la destrucción de todo lo viejo era una metáfora. Cuando tres años después los bolcheviques tomaron el poder y suprimieron toda censura en libros y revistas, sintió vahídos: descubrió que no sabía escribir sin enmascarar en filigranas lo que quería decir, descubrió que la realidad iba más rápido que él y que no era el único al que le pasaba.

25/2/13

Datos sobre la batalla de Stalingrado

[Ampliar]

  • “El patriotismo únicamente tendría cabida en un alma receptiva a lo sagrado y que en su propia experiencia haya apreciado su valor objetivo e incondicional, identificándolo en las reliquias de su pueblo”
Armén Oganesián

Hay momentos de la historia que, por su trascendencia y simbolismo, casi no dejan a la razón ni a la conciencia libertad para interpretar. Uno de ellos fue la batalla de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial. Alexander Chubarián, director del Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Rusia y creador de un manual histórico ruso-alemán, explica que las versiones de las partes sobre el gran choque a orillas del Volga difieren mucho. Pero peor sería si sus enfoques hubieran coincidido por completo.

17/8/12

El ferrocarril transmongoliano / Dos mil kilómetros y varios siglos en el tiempo: Hasta hace poco se pensaba que China era un dragón dormido

El ferrocarril transmongoliano forma parte de una red en la que
participan el ferrocarril transiberiano y el ferrocarril transmanchuriano
Zigor Aldama

La puntualidad ya no es marca británica. Ahora es china. Las gigantescas pantallas de la estación norte de Pekín anuncian la salida del K-23, con destino a Ulán Bator, a las 07:40. Y no se retrasará ni un minuto. En la cómoda sala de espera se dan cita mongoles que vuelven a su hogar después de probar fortuna en el país vecino, hombres de negocios chinos a la conquista de nuevos mercados para sus productos y en busca de recursos mineros, y decenas de turistas ataviados como si fueran a algún safari, en busca de experiencias nuevas en el único país en el que el concepto de barrera no se ha extendido más allá de las ciudades. Pero, ¿por qué se empeñan en vestir pantalón corto color caqui, chaleco de reportero de guerra, y sombrero tejano, para viajar en primera clase? A alguno sólo le falta el rifle para cazar rinocerontes.

Recorrido desde Moscú hasta Beijing, pasando por Mongolia
Es imposible contener la excitación. Mongolia es uno de esos pocos países que todavía evocan formas de vida ancestrales en libertad. O sea, fuera de zoológicos humanos preparados para turistas que visitan cinco países en una semana y regresan a casa con impactantes fotografías de remotos lugares en los que, aseguran siempre, pervive la Edad Media. No, Mongolia es un país duro, y no tenemos ninguna intención de adentrarnos en él a bordo de un 4x4 con aire climatizado, ni de buscar los campamentos para turistas en los que se puede disfrutar en rebaño de las danzas tradicionales mongolas. Los rebaños con los que queremos convivir balan. Queremos descubrir cómo viven los nómadas de este vasto país en la era de la globalización del siglo XXI. Claro que, como buenos occidentales, lo hacemos en la estación más favorable, el verano. Ya habrá ocasión más adelante para entumecerse en las interminables llanuras mongolas.

5/6/12

San Petersburgo / Petrogrado / Leningrado = Datos de interés sobre la cuna de la inteligencia rusa

Antonio Rondón

Aunque muchos la conocieron en la época soviética como la emblemática Leningrado, por su gesta ante el bloqueo fascista, San Petersburgo muestra hoy todos los colores de la cuna de la intelectualidad rusa. Muchos ven a San Petersburgo desde los inicios del siglo XXI como la capital norteña de la Federación Rusa, el lugar de donde salió casi todo el equipo que acompañó a Vladimir Putin en el Kremlin o como el ya superado cliché de ser la ciudad criminal de la nación.

 Lo cierto es que la última década resultó para esa ciudad, fundada oficialmente en 1703 por el entonces zar ruso Pedro I, un paso a la modernización y remozamiento de sus principales perlas. Claro que cuando se dice San Petersburgo, también todos recuerdan al Petrogrado de la Revolución de Octubre, cuna de la transformación socialista soviética, una obra que inició en su tiempo Vladimir Ilich Lenin. Sería difícil recorrer sus calles sin palpar los momentos cruciales de una revolución que dio un vuelco total a la visión y construcción del mundo, una revolución de obreros, campesinos y soldados.

 La ciudad, tras los sucesos de octubre de 1917, dejó de ser la capital de lo que fuera en su tiempo el Imperio Zarista para retornar como centro del arte y la intelectualidad y fue conocida como Petrogrado hasta 1924, cuando se denominó Leningrado en honor a Lenin. El 6 de septiembre de 1991, la urbe retomó su original nombre de San Petersburgo en medio de los apabullantes cambios que trajo aparejada la desaparición de la Unión Soviética y el inicio del escabroso camino de la economía de mercado. Claro está, las joyas como el afamado museo Hermitage, con más de tres millones de piezas de arte, la plástica y la historia universal, el teatro Mariinski o lugares como la Fortaleza de Petropavlovsk y la Catedral de Isaac, conservaron y aumentaron su esplendor.

4/4/12

Homosexuales y "troskos"

Foto: Serguéi Eisenstein 
[Upton Sinclair y la mano de Stalin manipulando a Serguéi Mijáilovich Eisenstein]

Demian Paredes & Omar Genovese

Especial para La Página
Hace algunas semanas, el escritor Juan Forn publicó en el diario Página/12 (Ver: La Página de Omar Montilla) una de sus habituales notas que combinan el género del cuento (o relato) con la historia. En el caso al que nos referimos, el personaje es el gran cineasta, dramaturgo y teórico soviético Serguéi Mijáilovich Eisenstein (SME, siglas con las que lo identificaremos en más de una vez). Forn siempre utiliza conocidos personajes políticos, del arte y la cultura, develando “conexiones”, relaciones y encuentros poco conocidos, y anécdotas varias. Sin embargo, en este caso, hay mucho más para contar (y aclarar). Comencemos con nuestro “cuento”.

28/3/12

Rusia presenta / Tres aviones en uno: el Sujoi-34

Víktor Litovkin

El ministro de Defensa de Rusia, Anatoli Serdiukov, y el director general de la empresa Sujói, Ígor Ozar, firmaron a finales de febrero un contrato para el suministro de 92 bombarderos de combate Su-34 al Ejército del Aire. Se trata de un acontecimiento especial, no sólo por su envergadura (según datos no oficiales, el contrato alcanzó los 100.000 millones de rublos, alrededor de 2.500 millones de euros), sino también por el alto nivel tecnológico que adquiere el sector aéreo ruso.

Características del Su-34
Vea volar a esta joya
de la aviación
“Los primeros suministros de estos aviones”, comunicó el comandante en jefe del Ejército del Aire de Rusia y coronel general Alexánder Zelin, “comenzarán en 2015, y si tenemos en cuenta el contrato anterior relativo al abastecimiento de otros 32 aparatos de este tipo para 2020, en nuestro ejército habrá 124 bombarderos de combate Su-34, y más tarde esta cifra alcanzará los 140 aviones”. En el Centro de Formación y Reciclaje de Pilotos del Ejército del Aire ya existen diez Su-34, y hacia finales de 2012 está previsto recibir otros diez. La construcción de estos aviones, igual que en ocasiones anteriores, corresponderá al Grupo Industrial de Aviación de Novosibirsk Chkálov.

18/3/12

Rusia tras las elecciones / Un mapa

Nikolai Roerich (Rusia) 
Padma Sambhava y la doma del gigante
Antonio Airapétov & Ángel Ferrero 

Con lágrimas en los ojos –que un asesor rápidamente achacó al “viento del Este” con el fin de no perjudicar su calculada imagen mediática de Macho Alfa–,[1] Vladímir Putin celebró su triunfo en las elecciones presidenciales rusas el pasado 4 marzo en un multitudinario acto cerca de la Plaza Roja de Moscú. Lejos de prometer conciliar un país crecientemente dividido, aprovechó el momento para arengar a los asistentes: «hemos ganado en una batalla abierta y honesta.» Las elecciones no fueron limpias y las denuncias de manipulación no se hicieron esperar: los observadores internacionales de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) consideraron que el proceso electoral había sido «claramente distorsionado» en favor del candidato de Rusia Unida, quien «recibió un trato de favor en términos de presencia en los medios con respecto a sus competidores.
Además, recursos gubernamentales fueron utilizados en su favor. El coordinador de los observadores europeos, Tonino Picula, declaró que «el resultado de todas elecciones es incierto. No fue éste el caso. No hubo una competición real y el abuso de recursos del gobierno garantizó que nunca estuviera en duda quién sería el vencedor.» 

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